
El panorama digital global experimenta una transformación acelerada con el avance de los bots de inteligencia artificial. Herramientas como OpenClaw, anteriormente conocidas como Moltbot y Clawdbot, encabezan una tendencia que redefine el funcionamiento de la web. El protagonismo de estos asistentes automáticos señala el inicio de una era en la que el tráfico generado por bots podría superar al de los usuarios humanos en muchos sitios.
Un informe reciente elaborado por la empresa de infraestructura Akamai y compartido con WIRED, junto con datos de la firma TollBit, revela que los bots de IA ya representan una porción significativa de la actividad en línea. El estudio refleja una carrera tecnológica en la que los bots perfeccionan sus técnicas para sortear las defensas implementadas por los administradores de sitios web, diseñadas para limitar su acceso.
Auge del scraping y sofisticación de los bots
En el último trimestre de 2025, TollBit registró que una de cada 50 visitas a los sitios web de sus clientes correspondía a un bot de IA enfocado en el scraping de contenidos, una cifra que en los primeros meses del año era de una de cada 200.
Asimismo, la proporción de bots que ignoraban las restricciones impuestas por los archivos robots.txt aumentó un 400% en ese mismo periodo. Esta tendencia se acompaña de un incremento del 336% en el número de sitios que intentaron bloquear el acceso de estos agentes automatizados.

Los bots actuales desarrollan estrategias que les permiten camuflar su actividad, simulando el comportamiento humano o modificando sus solicitudes para evadir los mecanismos de detección. Algunos agentes son capaces de que su tráfico pase inadvertido, lo que dificulta la identificación y regulación de su presencia.
El informe advierte que el comportamiento de estos bots, en muchos casos, resulta casi indistinguible del tráfico generado por personas reales.
Las empresas responsables del mantenimiento de sitios web recurren a herramientas especializadas para controlar el acceso de los bots y, en algunos casos, buscan monetizar la actividad de scraping mediante el cobro de tarifas a los agentes de IA. Este nuevo modelo de intercambio de valor programático entre máquinas podría modificar la economía digital y afectar a todos los actores que dependen del tráfico humano, desde editores hasta comercios electrónicos.

Empresas de scraping y sus modelos de negocio
Algunas de las principales empresas dedicadas al scraping de datos defienden la legitimidad de sus operaciones. Bright Data sostiene que sus bots no acceden a información privada o protegida por autenticación. ScrapingBee argumenta que el acceso automatizado a páginas públicas es un principio inherente a la estructura abierta de internet. Por su parte, Oxylabs subraya que exige a sus clientes respetar los límites de acceso y que existen usos legítimos de estas prácticas, como la ciberseguridad o el periodismo de investigación.
No obstante, las compañías reconocen que las medidas anti-bot aplicadas por muchos sitios web no siempre distinguen entre tráfico malicioso y accesos automatizados con fines lícitos. Esta falta de diferenciación puede afectar a iniciativas con objetivos legítimos y plantea desafíos adicionales para la gestión de la web.
El aumento de la competencia en el sector ha propiciado la aparición de más de 40 empresas que ofrecen servicios de scraping para entrenamiento de sistemas de IA u otros propósitos. Muchas compañías exploran ahora estrategias como la optimización generativa de motores (GEO), que consiste en adaptar contenidos para facilitar su acceso y visibilidad en los motores de búsqueda y herramientas de IA, en lugar de obstaculizarlos.

Un nuevo escenario para la web en 2026
El avance de los bots de IA y la sofisticación de sus técnicas de acceso sugieren que el tráfico automatizado continuará en aumento durante 2026.
La web podría experimentar un cambio estructural, en el que la interacción entre máquinas y la gestión programática de contenidos se conviertan en elementos centrales. Para los responsables de sitios web, el reto consistirá en equilibrar la protección de sus activos digitales con la adaptación a un entorno en el que los bots autónomos juegan un papel cada vez más relevante.
La evolución de esta dinámica, impulsada por herramientas como OpenClaw y por la creciente demanda de datos para sistemas inteligentes, perfila un escenario en el que la colaboración y el conflicto entre humanos y bots definirán la funcionalidad y el modelo de negocio de la web del futuro.
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