
Entrenar a la inteligencia artificial para imitar el propio trabajo se ha convertido en una paradoja laboral para miles de profesionales calificados. Empresas tecnológicas como Mercor, OpenAI y Anthropic han acelerado la contratación de abogados, periodistas y consultores especializados, quienes, a cambio de remuneración por hora, aportan su experiencia supervisando modelos que podrían, eventualmente, desplazarles de sus puestos, según información de Financial Times y The Wall Street Journal.
La situación plantea un dilema: los expertos que contribuyen al desarrollo y entrenamiento de inteligencia artificial asumen el riesgo de que estos avances puedan reemplazar funciones que hoy desempeñan, aunque al mismo tiempo participan en la creación de nuevas categorías laborales vinculadas a la supervisión y optimización de la IA.
A pesar de esta inquietud, la demanda de estos perfiles crece rápidamente. Start-ups como Mercor han incorporado a más de 30.000 profesionales independientes en 2025, con pagos que oscilan entre USD 90 y USD 375 la hora, abarcando tareas desde filosofía hasta dermatología, pasando por asesoría legal o generación de contenidos, según ambas publicaciones. Los proyectos suelen tener una duración de pocas semanas y no aseguran empleo permanente.
El sector se expande gracias a plataformas como Mercor, Scale AI —donde Meta posee casi la mitad del capital— y Turing, dedicada a desarrollo de IA en entornos simulados.
De acuerdo con Financial Times, Mercor paga cerca de USD 2 millones diarios entre su red de expertos, y ha alcanzado una valoración de USD 10.000 millones en menos de tres años. El alcance profesional es amplio: desde periodismo y bienes raíces hasta terapia de belleza.

Un informe de Oxford Economics para Scale AI señala que el 41% de quienes entrenan IA poseen máster o doctorado.
La flexibilidad y los ingresos elevados son potentemente atractivos. “El trabajo es interesante y preferible a no hacer nada”, relata Lola, contratista de Mercor, según Financial Times. “Se trata de entrenar al modelo para que haga el trabajo”, resume.
Muchos acceden tras perder su empleo o ante la dificultad de encontrar puestos estables, optando así por continuar activos y conocer de cerca los avances en IA.
Aunque la posibilidad de desplazamiento laboral genera inquietud y temor, algunos contratistas destacan la oportunidad de mantenerse activos y de adquirir experiencia directa en un sector en expansión. Otros valoran la flexibilidad y los ingresos, así como la posición de primera fila frente a los avances tecnológicos.
Otros expertos, como el periodista Peter Valdes-Dapena, conviven con la contradicción: “No inventé la IA y no puedo destruirla”. “Es un puesto bien pagado, flexible y estimulante, pero entrenas a la IA para que haga aquello en lo que eres especialista”, matiza un joven contratista citado por The Wall Street Journal.
Desde Mercor, su director ejecutivo, Brendan Foody, reconoce el riesgo de desplazamiento, pero subraya la aparición de nuevas categorías laborales asociadas al entrenamiento y gestión de sistemas inteligentes: “Habrá desplazamiento de empleos, pero también surgirán nuevas categorías laborales, y queremos ayudar a las personas a adaptarse a esos cambios para que la sociedad logre mucho más”.
Según su visión, la colaboración entre humanos y máquinas permitirá liberar a las personas de tareas repetitivas y enfocarse en funciones de mayor valor añadido.

Los riesgos van más allá de los contratistas. Empresas como Klarna, IBM, Duolingo, Chegg, Microsoft y Spotify impulsaron la automatización de tareas y la reducción de plantilla usando sistemas entrenados por humanos.
Klarna sustituyó al 40% de su atención al cliente con chatbots; Chegg despidió casi una cuarta parte de su personal luego de que los estudiantes eligieran ChatGPT; y Spotify eliminó equipos de curadores, automatizando la creación de listas.
En varios casos, tales estrategias debieron retroceder ante la caída en la calidad del servicio o errores de la IA, y empresas como Klarna reincorporaron agentes humanos bajo esquemas más flexibles.
El debate sobre derechos y condiciones laborales añade complejidad. Contratistas como la abogada Sara Kubik advierten sobre los límites de la IA y las dificultades para reemplazar profesiones altamente complejas: “Me ha mostrado las limitaciones de la IA”. Persisten las dudas por cláusulas sobre derechos de propiedad intelectual y baja protección ante el uso futuro del conocimiento aportado.
El impacto del fenómeno difiere según sector y región. Un análisis de la Reserva Federal de Nueva York indica que la adopción de IA afecta más a los sectores de información, finanzas y servicios profesionales, mientras que áreas como educación, comercio y salud avanzan con mayor lentitud.
Aunque la inteligencia artificial ya reduce la necesidad de contratación para ciertas tareas, la mayoría de empresas opta por recalificar a su personal antes que reemplazarlo. El estudio prevé efectos notorios en el empleo solo si la adopción supera el 25-40% de las empresas.

Frente a este escenario, los expertos coinciden en la importancia de la recalificación profesional, el aprendizaje continuo y el desarrollo de habilidades sociales. Tanto analistas mencionados por Think if we think como economistas citados por Financial Times prevén trayectorias dispares: para algunos, surgirán nuevas formas de colaboración humano-IA; para otros, el riesgo de estancamiento y precarización es tangible.
“Si lo que enseñas al modelo es tu experiencia principal, por definición reduces tu poder laboral”, advierte la economista laboral Zoe Cullen. La adaptación y la gestión ética adquieren centralidad en el futuro del empleo calificado.
Mientras el debate continúa y las plataformas multiplican su escala, el papel de los profesionales que entrenan sistemas inteligentes simboliza una transformación profunda en la estructura del trabajo.
Aunque muchos contratistas reconocen la ironía y la incertidumbre acerca del futuro laboral, otros ven en este trabajo una manera de acceder a mejores ingresos y de posicionarse en la vanguardia de la industria tecnológica.
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