“Cuando me dijeron que tenía muerte cerebral, el primer órgano que pedí que donen fue su corazón, porque tenía un corazón tan bueno”.
María José perdió a su hijo Emilio Pressavento de 23 años. Un conductor de una patrulla municipal de Vicente López, durante una persecución, lo atropelló y mató mientras estaba en una esquina de Villa Martelli junto a sus amigos y a su hermano menor, Pedro, quien sobrevivió y se recupera tras haber sido sometido a 35 cirugías -y aún le quedan algunas más- en poco más de un año.
El caso contra Martín Eduardo Molina, el agente municipal que manejaba el vehículo, fue elevado a juicio. Recayó al Tribunal Oral en lo Criminal N°2 de San Isidro, natural de la jueza del escándalo Julieta Makintach, que aún no sorteó a su reemplazante, por lo que no tiene fecha.
El acusado de homicidio simple con dolo eventual y lesiones graves está libre y María José y Pedro, al unísono, reclaman que en el banquillo debería haber más acusados: la sargento que iba junto al imputado y gente del Comando Radioeléctrico que les daba las indicaciones.
El mundo se paró para María José y su familia el 21 de abril de 2024. Esa noche, Emilio fue con Pedro al local de un amigo para ayudarlo. Habían decidido hacer unos choripanes en la vereda, y mientras tanto tomaban mate y charlaban.

A unas cuadras de allí, personal policial del UPPL de Vicente López identificó a los ocupantes de un Toyota Corolla que funcionaba como auto de aplicación. Pablo Alberto Aranda, el conductor, llevaba una pasajera. El auto era buscado y desde la patrulla municipal les dijeron que los escoltaban a la Seccional 4ª de Villa Martelli a los fines identificarlo.
Pero Aranda emprendió la fuga a toda velocidad por la Avenida Mitre y comenzó así una persecución que terminaría en tragedia en la intersección de las calles Franklin y Melo. Molina entró a contramano y perdió el control de la patrulla: impactó contra un Peugeot 208, contra un poste de luz y, finalmente, atropelló a Emilio y Pedro.
Al mayor de los Pressavento lo mató. Pedro sufrió lesiones gravísimas en ambas piernas y en la pelvis, que le demandaron ser sometido a más de 30 operaciones que aún no terminaron.
“Acá estoy, mal. Me acuerdo de casi todo. Estábamos cocinando y, de la nada...”. No hace falta completar la oración del chico que perdió a su hermano. “Qué se hagan responsables todos, a mí me falta una parte”, confiesa en diálogo con este medio.

“La patrulla municipal no tiene poder de perseguir ni detener a nadie. Al lado del conductor había una policía que no fue acusada, había gente que les daba las órdenes desde el Comando Radioeléctrico que tampoco va a juicio. Acá hay más de un responsable”, se enoja María José. Y lanza: “Mi hijo era un dulce de leche, puro corazón y ese día había ido a ayudar a su amigo”.
El fiscal del caso, Gastón Larramendi, de la Unidad Funcional de Investigación y Juicio de Vicente López Oeste, le pidió al Juzgado de Garantías N°1 de San Isidro, a cargo de Ricardo Costa, el 24 de abril de 2025 la elevación a juicio y fue concedida.
El fiscal sostuvo que Molina “se representó la probabilidad del resultado dañoso (matar y/o lesionar a las personas) siéndole indiferente el mismo”.
Molina declaró ante el fiscal al ser indagado: “Quiero decir que tomé todos los recaudos necesarios. Quiero aclarar que en cada esquina tocaba el freno y hacía señales de luces para evitar cualquier tipo de accidente, estaba cumpliendo órdenes de un superior en el seguimiento, solo cumplía las órdenes que me iban impartiendo, jamás me excedí de las funciones que me fueron encomendadas. Lamento lo que sucedió, nunca quise que eso pasara”.
Esa declaración sustenta el pedido de la familia Pressavento, apoyada por el abogado Christian Poletti; de que debería haber en el banquillo más acusado por el crimen de Emilio y las graves consecuencias que sufrió Pedro, que no puede trabajar.
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