
César Szadura, sargento de la Policía Bonaerense, de 31 años de edad, perdió la vida en la madrugada de hoy tras ser baleado por supuestos narcotraficantes en la villa Hidalgo, zona de José León Suárez, jurisdicción de San Martín. Szadura, que cumplía funciones en la Comisaría 5° de la zona, era parte de un operativo de saturación en el lugar, según confirmaron fuentes del caso a Infobae. Allí, los policías se cruzaron con varios dealers, uno de ellos sentado en una silla. Entonces, comenzó un tiroteo.
Szadura recibió una bala en la parte trasera del cráneo. Primero, fue trasladado al Hospital de Boulogne. Luego, fue derivado al Hospital Central de San Isidro, donde finalmente perdió la vida. El parte médico indicó que fue recibido en el shockroom del lugar, donde se realizaron maniobras de reanimación. Luego, fue evaluado por el servicio de neurocirugía; sin embargo, fue pronunciado muerto a las 2:30 del viernes.
Hay un detenido por el hecho, investigado por la UFI N°2 de San Martín. Fue arrestado por una coincidencia: el hombre se presentó en el hospital Thompson de San Martín con dos heridas de bala en una pierna y un golpe en una cabeza. El hombre aseguró que fue baleado en la Villa 18 cuando fue a comprar cocaína. Su versión -y su posible involucramiento en el crimen de Szadura- quedan por verse. Por lo pronto, la fiscalía del caso optó por mantenerlo bajo arresto hasta corroborar sus dichos.
Según fuentes del caso, Szadura y sus compañeros encontraron a tres dealers que corrieron hacia un pasillo, bloqueado por una puerta. Allí, comenzó un forcejeo
“En ese contexto, los policías hacen fuerza y la puerta queda entreabierta. Szadura logró meter medio cuerpo, agachado, como en un scrum de rugby”, asegura una alta fuente oficial en la zona. En ese momento, uno de los hampones le dispara a traición.
Allí, la balacera recrudece. Tras varios segundos de fuego cruzado, los hampones escaparon.

2017: otro policía asesinado en una villa de San Martín
Szadura no fue el único policía en morir a tiros en la jurisdicción en medio de una investigación narco. En abril de 2017, el oficial de la PFA Alan Dolz, oriundo de San Francisco Solano, recibió al menos dos tiros en un pasillo de la villa Loyola en San Martín, no muy lejos del cruce de General Paz y Constituyentes.
Llegó allí como agente encubierto, parte de la división Operaciones Federales de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la PFA. Su misión: investigar en una vigilancia silenciosa, una capacha, a una banda narco fuertemente armada.
No era la primera vez que Dolz entraba a la villa. Su tarea hasta el momento había sido exitosa. El agente había entregado información al juez federal Juan Manuel Culotta sobre la estructura de la banda, compuesta por argentinos, con al menos seis miembros y cinco domicilios usados como kioskos.
Dolz se entrevistaba con vecinos de la Loyola, aprovechaba fuentes, sabía moverse. Sin embargo, algo o alguien lo delató. Al menos dos hombres lo cruzaron en un pasillo y lo palparon: uno de ellos le encontró una credencial policial. Fue fusilado en el acto, a plena luz del día. No tuvo ni siquiera chance de hacer carrera en la fuerza. El agente tenía apenas 21 años. La Superintendencia de Drogas Peligrosas fue su primer destino tras egresar de la escuela policial.
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