El lunes por la tarde, Sergio Orlando Leiva, alias “El Negro Sombra”, el secuestrador más temido de la historia argentina, fue acribillado a tiros en un pasillo del barrio San José de El Talar, zona de Pacheco. “Iba caminando por la cuadra acompañado de un amigo cuando dos tipos salieron de la nada, le dispararon y se fueron”, asegura un investigador del caso. Tenía 56 años.
Por el crimen, hay dos sospechosos identificados con alias y apellido, en una causa interinamente a cargo del fiscal Sebastián Fitipaldi, vecinos de la zona del hecho. Sus casas fueron allanadas por la Policía Bonaerense; las encontraron vacías. Quiénes son, o mejor dicho, sus perfiles, son lo más llamativo en esta historia.
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La narrativa fría del crimen y la fama de Leiva hacen suponer un hecho de sicariato del más alto orden, tal vez una vieja vendetta. Leiva -el captor del padre de Jorge “Corcho” Rodríguez, del padre de Leonardo Astrada, hechos agónicos y de alta tensión que marcaron una época en el delito argentino tras la crisis de 2001, donde el secuestro extorsivo se volvió una moda criminal- había sido liberado del penal de Senillosa, provincia de Neuquén, bajo libertad condicional, dictada en 2019 por el Tribunal Federal N°1 de San Martín.
Su pena de 34 años de prisión por ocho hechos de secuestro vencía en 2034. Sin embargo, salió por el cómputo de los dos tercios de su condena y su excelente conducta tras las rejas, donde, incluso, trabajó en blanco por el sueldo tumbero.
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Volvió en avión desde el sur a su familia en El Talar; fijó domicilio a ocho cuadras de donde finalmente lo mataron. Tenía una tobillera de rastreo del Servicio Penitenciario Federal en una pierna, con un radio de movimiento de cien kilómetros a la redonda. “Podía ir al Obelisco si quería”, continúa una fuente clave.
Entonces, ¿por qué asesinaron a “Sombra”?

La hipótesis policial inicial indicó un conflicto por drogas. Casi 36 horas después, esa hipótesis se afina aún más con dos testimonios clave en el escritorio de Fitipaldi. La edad de los sospechosos, 25 en promedio, llama aún más la atención. No eran viejos cómplices de Leiva: apenas eran bebés cuando “Sombra” se llevó por 43 días al padre de Rodríguez.
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“El relato, hasta ahora, es que Leiva les robaba la bolsita de cocaína. Se cansaron”, completa un investigador clave: “Entonces, se hicieron respetar. Pibitos del barrio con los que se pasó de pillo”.
Fitipaldi, por lo pronto, busca certificar la historia penal reciente de ambos sospechosos, para saber si tienen causas por narcomenudeo. También, buscará saber si Leiva sumó nuevas imputaciones en su contra en sus últimos años en libertad condicional.
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A raíz de testimonios de personas que presenciaron el crimen y el análisis de cámaras de seguridad y material fílmico, los investigadores lograron identificar a dos sospechosos. Se trata de “Beldes” y “Huevito”, ambos mayores de edad.
Agentes de la subDDI de Tigre realizaron allanamientos de forma inmediata en la Villa San Pablo, a metros de una capilla, pero ninguno de los jóvenes fueron hallados en sus domicilios. Ya habían escapado.
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