
Cuando le tocó quitarse la remera tras su arresto, Franco Emanuel Torrez mostró las marcas de una vida. Había tatuajes tumberos, como el de una daga en su brazo derecho, envuelta por una víbora, pero deforme, como si se lo hubiese hecho un chico. Un poco más arriba, el número 13 en números romanos, sobre una calavera con ojos rojos. En el pecho, el nombre de una mujer, que tachó groseramente, junto a un clásico que popularizó Pablo Lescano: “100% negro cumbiero”.
Después, estaban las cicatrices: diez tajos de diez centímetros de largo o más en el pecho, veinte en el brazo izquierdo, marcas de facas. Torrez, apodado “El Tumba Pilluelo”, jujeño, de 28 años, con domicilio registrado en una casa de frente sin revoque en Palpalá, que había trabajado hasta julio del año pasado en una empresa de limpieza urbana de su provincia, tenía un prontuario con causas previas por violación y robo a mano armada. Había pasado varios años encerrado en penales, con una condena en su contra.
Esta vez, la División Homicidios de la Policía Federal detuvo a Torrez por tentativa de homicidio, cuando intentó matar a un vecino en junio de este año en Palpalá. Matón, pendenciero, que se jactaba de las causas en su contra, atacó a punta de cuchillo a su víctima con un facón de gran tamaño. Lo apuñaló en el abdomen, la espalda, el brazo izquierdo, el cuero cabelludo. Torrez escapó, creyendo tal vez su tarea terminada. Pero la víctima, asistido por otros vecinos, no murió.
Así, “El Tumba Pilluelo” cruzó media Argentina para escapar.

Lo capturaron la semana pasada en la esquina de Cochabamba y Sáenz Peña, Constitución, luego de un pedido de la Justicia jujeña enviado al Comando Unificado Federal de Recaptura de Evadidos del Ministerio de Seguridad de la Nación. La historia de su fuga es notable: los investigadores del caso descubrieron que “El Tumba” había escapado a caballo por el monte jujeño. Luego, pasó por Tucumán y Mendoza, donde consiguió trabajo, en negro, en una carnicería.
Finalmente, llegó a Buenos Aires, donde se hospedó en casa de un familiar. que le consiguió empleo en otra carnicería en Parque Patricios. ubicada sobre la avenida Caseros. Los detectives de la División Homicidios -que pertenece a la Superintendencia de Investigaciones Federales- le habían seguido el rastro hasta Parque Patricios. Sin embargo, la semana pasada dejó de ir a trabajar, sin aviso previo. Entonces, le siguieron el rastro en Constitución, donde finalmente lo capturaron.
La División viene de una historia reciente de arrestos resonantes en casos de alto perfil. A mediados del mes padado, sus detectives capturaron en la villa Zavaleta de Barracas a Sebastián Ezequiel Leiva, de 19 años, alias “El Chipo”, buscado por el crimen del informático ucraniano Eugenio Sipatov.
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