Los ladrones que cavaron un túnel de 150 metros bajo la calle Chacabuco en San Isidro para robar la bóveda de un banco en la zona dejaron atrás sus herramientas, que fueron halladas en la jornada de hoy por la Policía Bonaerense.
La clave para excavar la tierra y los escombros fue una serie de barrenas de casi un metro de largo, con una amoladora y una soldadora, además de varias palas y motores.
La prolijidad de con la que el túnel fue realizado, similar a la de una obra de ingeniería civil, sorprendió a los investigadores, con un expediente a cargo de los fiscales Carolina Asprella y Patricio Ferrari. En el túnel se encontraron paredes encofradas para evitar derrumbes, un tendido eléctrico y un altillo con colchones y un sistema de ventilación. En un momento, el túnel se bifurca: el camino hacia la bóveda del banco fue marcada con el siglo de pesos en tiza sobre las planchas de madera en la pared.

Mientras tanto, Asprella y Ferrari ya ordenaron el relevo de cámaras así como otras medidas para lograr un dato clave: quién es el dueño del galpón ubicado en la calle Chacabuco al 500 desde donde comenzaron a cavar los boqueteros para horadar un camino tres metros bajo tierra.
Esa pregunta fue respondida esta mañana. Según confirmaron fuentes del caso, el dueño del galpón, que vive en la zona y también regentea otras propiedades como un supermercado chino, fue identificado e interrogado. En sus primeras conversaciones con la Policía Bonaerense, afirmó que quienes alquilaron el lugar le aseguraron que allí operaría “un negocio de placas antihumedad.
El local, según las mismas fuentes, se alquiló con una garantía. Se halló la identidad de la garante, una mujer.
Hasta hoy, el lugar era un taller mecánico en desuso. Desde su planta baja, se cavó un foso, se colocó una escalera de madera y comenzó la obra. Así, los delincuentes cavaron “entre seis y nueve meses”, asegura una fuente del caso. En el lugar, además de las herramientas, se encontró gran cantidad de tierra removida, suelta y en bolsas de escombros.

La noticia impactó con cierta fuerza en el mundo del hampa. Presos veteranos, con experiencia en robos de alto nivel de planificación, se sorprendieron ante la maniobra, insólita para el estilo actual de la delincuencia argentina. “Hay que poner mucha plata para una jugada así, además de que se invierte mucho tiempo, todo con el riesgo de no ver un peso”, dice un detenido en un penal federal con tres condenas por robos a víctimas VIP.
Peritos que también investigaron el túnel realizado para robar el banco Río -el llamado “robo del siglo” de 2006- trabajaron en las últimas horas en la nueva estructura. Estos peritos le afirmaron a la Justicia: “El nuevo es mucho mejor”, aseguraron.
“Esto no lo hace cualquiera, es de una nivel de organización nunca visto, el hampa actual no se mueve de esta forma, con este nivel de constancia y planeamiento, es mucho más rústica”, coincide otra fuente principal en la causa.
El perfil de los posibles ladrones ingenieros se vuelve más claro: este no es un trabajo de chicos. En los tribunales de San Isidro, se piensa en hampones de larga data, veteranos con conocimientos técnicos. Básicamente, un Banco Río II, solo que esta vez, nadie robó nada, o no lograron hacerlo.
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