
Pasaron 26 días desde que el cuerpo Roberto Wolfenson fue encontrado en una de las habitaciones de su casa del barrio La Delfina de Pilar. A pesar del paso de los días, la Justicia todavía no tiene ninguna hipótesis firme sobre quién o quiénes fueron los asesinos que ingresaron a la vivienda y lo ahorcaron hasta matarlo. ¿Fue alguien que está en el barrio? ¿Un intruso que entró sorteando a la seguridad privada? ¿La familia tiene algo que ver? Todas preguntas que se hacen los investigadores, pero que, todavía, no tienen respuesta.
Por eso, ante la falta de datos concretos, puede resultar fundamental el repaso de la declaración de la persona que primero tomó contacto con el cuerpo. Se trata de un guardia de seguridad del country llamado José Omar J.. El hombre contó en la DDI de Pilar que él encontró el cadáver luego de haber ingresado junto a un compañero y un vecino. Además, dio detalles de dos situaciones extrañas sucedidas tras el descubrimiento.
Infobae accedió al testimonio que figura en la causa y que brindó una semana después del crimen.
Juan José comenzó explicando que trabaja como “portero” de la puerta 2 del barrio. Dijo que es “el lugar asignado para el ingreso de los proveedores, empleadas domésticas y jardineros”, entre otros. También detalló que el 23 de febrero pasado estaba en su puesto cuando le informan que debía ir al lote 397, el de Wolfenson, porque no respondía y el profesor de piano estaba en la puerta.
“Tomo mi vehículo y me dirijo al lugar en cuestión. A la altura del lote 142, veo al profesor de piano. Le pregunté si ya se iba o si me podía acompañar, y me dijo que me acompañaba. Cuando llego, estaba mi compañero y un vecino, que me dice que había hablado con la señora Graciela y que le había dado la anuencia para ingresar”, dijo el testigo.
Más adelante en su relato, el guardia de seguridad comentó algo llamativo: “Una vez adentro, comienzo a gritar el nombre de Roberto (Wolfenson). Observo que, sobre la mesada de la cocina, se hallaba un aparato eléctrico. Creo que se trataba de una olla de vapor eléctrica. Recuerdo que tenía verduras en su interior y se encontraba prendida, porque tenía una luz verde encendida”.
Este último dato puede significar que ese viernes, Wolfenson estaba preparando su almuerzo cuando fue sorprendido por el homicida. Es sólo una hipótesis, pero puede llegar a inferirse por lo que contó el guardia. Tampoco es descabellado pensar que esas verduras podrían haber sido su cena y que el ataque se produjo el día anterior. Aunque la data de muerte estimó que murió el mismo día del hallazgo.
Volviendo a la declaración del guardia, el hombre detalló que luego subieron al segundo piso y allí encontró el cadáver. Narró que el cuerpo estaba “rodeado de sangre como así también de un líquido amarillento. Estaba boca arriba y detrás de él, un radiador de calefacción”.
Más adelante en su narración, el testigo detalló que el primer llamado que realizó fue a la intendenta del barrio. “Vuelvo a la plata baja y me comunico rápidamente por teléfono con ella. Le digo: ´Vení urgente que parece que hay una persona sin vida´. A los 2 minutos, aparece la Intendenta e ingresa a la casa. Yo me retiro a mi puesto de trabajo”, declaró.

En este punto, el guardia dijo algo sospechosos y que, para muchos, podría traer una reminiscencia más al crimen de María Marta García Belsunce. Siempre según su testimonio, alguien le pidió que no llame a la Policía. O, mejor dicho, lo retaron por hacerlo.
El testigo lo contó así: “Por orden de mi supervisor, llamo al 911 donde informo lo sucedido. Luego, 20 minutos más tarde, recibo el llamado de la Intendenta que me dice: ´¿Quién llamo a la Policía? Yo hablé con la propietaria y me solicitó que no llamen a la Policía´. A lo que le digo a mi compañero: ‘¿Cómo no vamos a llamar a la Policía si había una persona muerta?´”.
Por última, y para finalizar con su relato, recordó otro hecho particular. “A las 19, me llamó el encargado de la comisión de seguridad del barrio y me pregunta: ´¿Tenés el registro del propietario? ¿Tiene reconocimiento fácil? ¿Lo usaba?´. Esto es debido a que no encontraba ningún registro. Solo el de Graciela Orlandi. Yo me fijé y tampoco encontré ningún registro de Wolfenson”.

Sin embargo, dos días después, aparecieron: “Pasadas 48 horas, aproximadamente, de manera repentina, comenzaron a aparecer los reportes de Wolfenson”, testificó Jara.
Mientras estos testimonios son analizados una y otra vez, por otro lado, los investigadores centran ahora su atención en los movimientos del teléfono celular de la víctima, uno de los pocos objetos que se llevó el asesino. Por eso, además del fiscal original de la causa, Germán Camafreitas, se sumó, para este trabajo específico, el fiscal especializado en ciberdelitos Alejandro Musso.
Musso descubrió que el celular de Wolfenson fue usado por última vez el día anterior al hallazgo del cuerpo, es decir, el jueves a las 14.42. Curiosamente, esa activación no se dio en el barrio privado, sino en la estación de Derqui, que queda a unos 5 kilómetros del country. Por la distancia, está descartado que pueda haber una confusión en cuanto a las celdas del celular. Por lo tanto, cabe a pregunta: ¿por qué impactó allí? ¿Quién lo manipulaba?
Y más misterioso aún. Si el celular registra ese movimiento el 22 de febrero y luego no se usa más ¿cuándo ocurrió el crimen?
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