
Mauro Javier Gerez, de 28 años, fue imputado este jueves como el presunto jefe de sicarios de una organización que opera para Los Monos en la zona Noroeste de Rosario. Había sido detenido el 26 de abril pasado en la casa de su novia después de varios días de tarea de inteligencia a cargo de la Policía provincial. Se sospecha que participó en 40 extorsiones y balaceras. La historia es particularmente miserable: también se cree que reclutaba “soldaditos” en un club de su barrio a cambio de “botines, guantes o zapatillas ”.
Gerez fue acusado junto a ocho cómplices por el fiscal de Balaceras, Pablo Socca, en el Centro de Justicia Penal. Todos, de acuerdo a la causa, forman parte de una banda que funciona en los barrios Ludueña y Empalme Graneros –de los territorios más violentos de Rosario, según el Observatorio de Seguridad Pública–, con un negocio de venta de droga que comenzó al menos en julio pasado.
De acuerdo a investigaciones radicadas en distintas unidades fiscales, la banda de Gerez está enfrentada a otra cuyo líder es un preso: Francisco Riquelme, que investigadores policiales ligan con Esteban Alvarado –enemigo de Los Monos– y que está imputado por mandar a matar a Mariana Ortigala, una testigo de la causa contra Alvarado.
Lo curioso de la imputación fue que dos reclusos de bajo perfil de la cárcel de Piñero resultaron ser, para el fiscal, los jefes de la presunta asociación ilícita: Andrés Benítez y Julián Aguirre, quienes están detenidos por los delitos de robo, robo calificado y portación de arma de fuego.
Mauro Gerez fue ubicado un escalón más abajo. Según el fiscal Socca “es el jefe de los sicarios de la organización y uno de los integrantes más importantes dentro de la estructura criminal, donde también se encarga de reclutar soldaditos y dar órdenes”. Y agregó que, en algunas oportunidades, también se encargó de disparar contra personas o casas.

Dentro de la investigación figura una declaración de un testigo de identidad reservada de abril pasado que fue víctima de una usurpación a manos de la presunta asociación ilícita. En esa presentación, esa persona cuenta que Gerez buscaba como “mano de obra” a adolescentes que jugaban al fútbol en el barrio, en el Club Padre Edgardo Montaldo, nombre de un sacerdote que murió en 2016 y contenía justamente a los chicos que atravesaban una situación económica vulnerable.
“Jugaba en un equipo y empezó a ofrecer botines, guantes. Es la forma que tiene de convencer a los pibitos. Les regala zapatillas, cosas, para que después terminen ‘soldadeando’ para él. Tiene más de quince pibitos”, dijo el testigo.
A mediados de mayo llegó un “dato de calle” a la fiscalía del caso. Indicaba que Mauro Gerez había estado demorado en la Comisaría 12ª de barrio Ludueña, pero que lo habían liberado sin haberle dado aviso al Ministerio Público de la Acusación. Por ese motivo, el fiscal Socca ordenó una inspección a esa seccional, donde secuestró el libro de guardia y nómina de personal policial.
El apellido Gerez, el presunto referente de Los Monos, también sonó con fuerza en otras investigaciones, como la balacera contra la propia Comisaría 12ª cometida el 19 de febrero pasado y un feroz tiroteo en abril pasado contra un auto en el que estaban tres agentes encubiertos haciendo tareas de inteligencia en el barrio Ludueña.
SEGUIR LEYENDO:
Últimas Noticias
Ataque en la Escuela 40 de San Cristóbal, Santa Fe: identificaron a la víctima y confirmaron que el tirador no tenía antecedentes
Un chico de 15 años mató a tiros a Ian Cabrera, de 13. Además, hirió a otros ocho adolescentes. El atacante fue reducido por un asistente escolar. En esta nota en vivo, todas las novedades del caso

Hincha de River y con una pelota en sus pies desde bebé: quién era Ian Cabrera, el chico asesinado en San Cristóbal
Hijo de una docente y un trabajador municipal, el adolescente de 13 años fallecido era arquero en las inferiores del Club Independiente de su ciudad

“¿Dónde está el baño?”: la pregunta que descolocó a los amigos del tirador antes del ataque en la escuela de San Cristóbal
Los adolescentes dieron detalles de los instantes previos a la balacera. Además, aseguraron que no sufría ningún tipo de bullying, abuso o exclusión de parte del grupo

“No hay registro de bullying entre la víctima y el tirador”, según los investigadores
Fuentes del caso pudieron reconstruir que el menor disparó sin reparar a quién le estaba tirando

Ataque en la Escuela N°40 de San Cristóbal: así escaparon los alumnos tras escuchar los primeros disparos
Una cámara de seguridad ubicada en la entrada del establecimiento mostró cómo, entre corridas y gritos, los adolescentes buscaron refugio y los vecinos los ayudaron



