
Facundo González no lloró cuando la puerta se cerró tras él. Su abogado había decidido entregarlo el miércoles por la noche en el Centro de Monitoreo de la Municipalidad de Lanús luego de que la investigación por el crimen de Gonzalo Refi -el comerciante platense de 32 años muerto de un tiro en la cara en medio de una venta de equipos para minar criptomonedas- girara en su contra.
Los detectives de la UFI N°7 de Lanús a cargo de Gastón Fernández y la Policía Bonaerense habían seguido el camino de cámaras de seguridad desde el lugar del hecho y encontraron el Citröen DC3 de Facundo: para la Justicia, era el auto que los delincuentes emplearon para llegar al lugar y luego huir tras matar a Refi a quemarropa. El auto apareció en un estacionamiento y fue incautado. El Citröen estaba literalmente a su nombre. Nuevo, vale más de dos millones de pesos.
En paralelo, la Bonaerense iba por él. Facundo, de 21 años, tenía mucho que perder. Trabajaba hace varios meses en una reconocida empresa multinacional metalúrgica. Y también tenía a su padre: es el hijo de Alejandro González, vocal titular de la comisión directiva de Boca, un histórico del club, muy cercano al presidente Jorge Amor Ameal y con acceso irrestricto al predio del club en Ezeiza.

Su entrega fue dialogada con Diego Kravetz, jefe de Gabinete y responsable del área de seguridad de Lanús. La preocupación de su defensa era que, básicamente, fuese alojado en una celda pacífica, sin que otros detenidos lo extorsionaran o lo golpearan, otros detenidos o la Bonaerense misma.
Así, Kravetz se sentó con Facundo, vestido con una remera Adidas original y un par de Nike Air Force One de cuero blanco. No lo vio temblar, quebrarse en llanto, sollozar. Tuvieron una charla breve, a solas.
Kravetz le preguntó: “¿Cómo estás? ¿Qué pasó?”
Allí, González, con cierta frialdad, le reconoció que había citado a Refi para comprarle los equipos de minería cripto, que lo había citado por Facebook, y que sus amigos, tres de ellos, se enteraron de la transacción. Aseguró -en un monólogo que no tiene validez judicial alguna- que luego del crimen llevó a sus amigos a sus casas, todos ellos vecinos de Valentín Alsina. Su padre, en privado, asegura no conocerlos. Fuentes cercanas al caso aseguran que Alejandro González no levantó un teléfono para pedir por su hijo, al menos, a las autoridades de Lanús, aunque sigue de cerca su defensa.
El día después, ante la UFI N°7, Facundo se negó a declarar. Horas después, dos de sus amigos se entregaban. Lucas Sempe Etchart y Agustín Verderrosa sintieron la presión, al igual que él.

Los investigadores se lanzaron al Facebook de Facundo luego de que lo identificaran, lo que permitió dar con los nombres de Lucas y Agustín. Encontraron fotos recientes con el Citröen de González, con la misma ropa que los asesinos de Refi vestían en los videos de cámaras de seguridad de las inmediaciones.
Entonces, comenzaron a allanar a sus padres. Ambos sospechosos habían huido, se habían refugiado en casas de otros parientes. Al verse acorralados, sus familias les pidieron que den un paso al frente. Así, la DDI local los arrestó.
Todavía queda un prófugo por encontrar. El arma homicida sigue sin ser hallada.
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