
Este crimen cambió las reglas del hampa. El asesinato de Ricardo Ariel González, inspector de la PFA, destinado a la delegación de Mercedes, es distinto a todo. Sea por el motivo que fuera, un policía federal fue asesinado de ocho tiros y su cadáver fue dejado en la vía pública como un mensaje. El crimen organizado mata a los policías en el fuego cruzado, nunca de esta forma. Por qué ocurrió, todavía no se sabe. Pero hay una idea.
El cadáver de González fue encontrado el jueves pasado en Loma Hermosa, dentro de su Peugeot Partner estacionada en la calle Congreso, sentado en el asiento de conductor. Los vecinos del barrio que declararon en la causa investigada por la fiscal Gabriela Disnan aseguraron que la camioneta estaba ahí hacía por lo menos dos días y que escucharon disparos en la noche del martes anterior.
Los plomos y vainas producto de los disparos seguían dentro del vehículo, encontrados casi en su totalidad por personal de Policía Científica de la Bonaerense: las pericias balísticas a la camioneta demostraron que el tirador, indefectiblemente, disparó desde el asiento de pasajero, lo que implica que González lo conocería, que habría un grado de familiaridad. Se encontró la Bersa reglamentaria de González, luego su celular Motorola, algo muy llamativo; un asesino profesional no dejaría ese teléfono a propósito. Si fue un descuido, entonces fue uno grosero. Si fue intencional, entonces es un mensaje tan claro como el cadáver mismo.

También se encontró un mensaje manuscrito junto al cuerpo, mafia pura a simple vista. La nota decía, en tinta roja: “RENGO PACHECO 10 MILLONES POR MÍ, ACÁ TENÉS TUS 10 MILLONES, ATENTAMENTE, SAN MARTIN”. “El Rengo” es Javier Alejandro Pacheco, uno de los narcos históricos de San Martín, regente de la cocaína de la villa 9 de Julio en el municipio, allanado y detenido semanas atrás junto con todo su clan. González tenía otra nota escrita, un dato que confirma una alta fuente del caso. Se la encontraron en el bolsillo de su campera. Decía: “BLAS ADRIÁN GÓMEZ M=1 - P 2 GORDO BLAS AVICHO”.
Blas Gómez también tiene su historia de sangre y coca: fue buscado por la Federal en 2017 por el asesinato a tiros de Alan Dolz, el agente encubierto de la Superintendencia de Drogas Peligrosas que fue baleado en el interior de la Villa Loyola.

En la escena también se presentó Ricardo, el padre del policía asesinado, un efectivo retirado, ex policía. Dijo que su hijo “trabajaba para un abogado”, con una declaración en la DDI local. Luego, los puntos comenzaron a conectarse. Una versión que hombres del hampa así como de las fuerzas de seguridad compartieron con Infobae es que “el abogado” supuestamente había citado a González en Loma Hermosa, pero que al llegar se encontró con sus asesinos, una trampa tendida.
“El abogado”, confirman fuentes con acceso a la causa, fue encontrado en los últimos días. Resultó ser un penalista del Conurbano que también trabaja en el fuero civil. Disnan lo citó como testigo, no como imputado. Así, declaró. Negó ser parte del crimen, también negó ser un abogado de traficantes pesados, aunque admitió que sí tiene clientes involucrados en narcomenudeo, pero ningún capo en su cartera. Afirmó que conocía a González desde enero al menos, que eran amigos y que se juntaban a comer. El abogado y el policía se habían vinculado a través de su fe en un templo umbanda de zona oeste, encabezado por un pai, que también declaró. Sobre el crimen, nada, ninguna explicación.
Así, el padre de González se convierte en un testigo clave, al conocer los movimientos de la vida de su hijo. La fiscal planea citarlo nuevamente en los próximos días. También pidió el legajo de conducta del inspector en la Federal.
En los próximos días, Disnan presenciará otra pericia clave que también hará la PFA: el nuevo intento de apertura del Motorola de la víctima. Los primeros trabajos fracasaron. La tecnología del modelo, de vieja data, no permitió el ingreso. Lo que diga ese teléfono será esencial. La fiscal piensa seriamente en citar a declarar a Pacheco o a Blas Gómez, pero los contenidos de las comunicaciones en el aparato definirán si son llamados como testigos o como imputados. Lo que arrojen los análisis servirá, por otra parte, para confirmar los dichos del abogado ante la Justicia o para saber si miente.
Y en medio de todo este suspenso, durante el fin de semana, “El Rengo” Pacheco salió al aire en Crónica desde la cárcel, un reportaje insólito.
Aseguró, entre otras cosas, ser un empresario exitoso y que no tenía nada que ver con el crimen. Pero hoy, la hipótesis más firme con la que trabaja la fiscal Disnan lo complica. Pacheco, sospechan fuentes del caso, habría ofrecido $10 millones por las cabezas de dos supuestos hombres que lo traicionaron y que llevaron a su caída. Esos dos hombres ya fueron identificados: están presos, encerrados en una cárcel federal.
González, supone la Justicia en una causa que recién comienza, habría intentado cobrar este botín.
Sin embargo, otros que conocen la historia de la caída de Pacheco aseguran: “No lo botonearon dos presos. La batida pasa por otro lado”.
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