
La pesadilla de J. por fin terminó. Desde hace más de un mes, la nena de 12 años era víctima de acoso por parte de un vecino condenado por violación, llamado Gregorio Evaristo Leiva, que se obsesionó con ella al punto de acosarla sistemáticamente todos los días. La situación incluso la llevó a tener que abandonar su hogar y esconderse en la casa de un familiar.
En las últimas horas y tras la difusión del caso, la Justicia de Tucumán decidió revocar el beneficio de prisión domiciliaria que Leiva, de 71 años, había recibido en junio pasado por ser un paciente de riesgo ante la pandemia del coronavirus.
“Después de mucho trabajo y gestión, se consiguió ya el traslado del abusador en el caso de J., luego de 24 horas de emitida la resolución. El cuerpo de abogados, dependiente del Ministerio de Gobierno y Justicia de la provincia, ejercerá el patrocinio, que fue aceptado ayer por la familia”, indicaron a Infobae desde la Secretaría de Derechos Humanos de Tucumán.
Tras enterarse de la resolución judicial, Eliana, la mamá de J., contó a este medio que su hija recibió la noticia con mucha satisfacción y emoción: “Llora de alegría. Me dice que volverá a jugar y a andar en patín”. No es para menos: según había contado la madre, la menor no podía ni siquiera salir al jardín o ir a jugar en su barrio por el pánico que le despertaba poner un pie en la calle.
El drama de la nena y su familia tuvo lugar en la localidad de Alderetes, muy cerca de San Miguel de Tucumán. Leiva cumple una condena desde 2017 por abuso sexual agravado luego de haber violado y embarazado a su propia hija hace algunos años. Cuando le concedieron el arresto domiciliario, se instaló en su casa ubicada a dos cuadras de la de J. y su mamá.

El primer episodio de acoso ocurrió el 27 de junio. Ese día, Leiva hizo una reunión con sus amigos y comenzó a tomar. Al ver a J. jugando en la calle, comenzó a decirle groserías. Eliana increpó a Leiva luego de que su pequeña hija, entre lágrimas, le contara lo que había ocurrido. El hombre no se inmutó y ni siquiera le contestó.
Después, la madre de la nena visitó varias dependencias policiales y judiciales para que atendieran su denuncia, aunque la derivaron de un lado a otro sin darle las respuestas que necesitaba.
Ella pedía custodia policial para evitar que el violador se acercara a su hija. “Al principio no pensamos que fuera a pasar nada. (Leiva) tenía tobillera electrónica y no se podía escapar. Pero comenzamos a verlo todos los días en el barrio. Anda en moto de un lado a otro. Sólo pedíamos un policía en la puerta, nada más”, comentó.
Así, fue hasta la comisaría de Alderetes, al Patronato de Liberados, a la fiscalía de la zona y a la Regional Este, hasta que le dijeron que volviera nuevamente a la comisaría. En el medio pasaron casi dos semanas y, mientras tanto, Leiva seguía acosando a J.
La primera denuncia por acoso quedó radicada el 10 de agosto y casi no tuvo efecto. En la comisaría le dijeron a la madre que no tenía sentido que siguiera con las denuncias porque la causa ya estaba en la Fiscalía de Delitos contra la Integridad Sexual y que ellos debían actuar. Sin embargo, por la pandemia, la sede judicial estaba cerrada. Recién esta semana la convocaron y pudo ampliar la denuncia.

El detonante de todo ocurrió en las últimas semanas. Leiva se acercó a J. y le ofreció comer una fruta. La nena, asustada, salió corriendo. El terror invadió a la familia y llevó a la madre a tomar una medida desesperada. Ante el miedo por la situación, no tuvo más remedio que separarse de ella: la escondió en la casa de un familiar.
Para Eliana era una forma de estar tranquila porque como es el único sostén de la familia –ayuda a cuidar a una señora mayor– se ve obligada a salir a trabajar y dejar a sus hijos solos (además de J., tiene otros tres chicos).
Después de que el caso se difundió, la provincia tomó intervención. El Cuerpo de Abogados para Víctimas de Violencia Contra la Mujer, que depende de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia, ofreció asesoría a la familia.
La Justicia finalmente resolvió que Leiva vuelva a prisión. Ya fue trasladado. A la vez, se dispuso una consigna policial en la puerta de la casa de Eliana. Anoche, J. finalmente pudo volver a su hogar.
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