Fusilamientos, crímenes y secretos del “Camino de la Muerte”, donde hoy encontraron el cuerpo de la odontóloga desaparecida

El tramo de la ex ruta provincial 19, que une Villa Elisa con Punta Lara, donde hoy fue encontrado el cuerpo de la odóntologa Gissela Solís Calle, desaparecida hace 14 días, tiene una oscura historia de secuestros y fusilamientos cometidos por grupos parapoliciales, y el misterio nunca resuelto de un cadáver que fue confundido con el de Jorge Julio López.

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El Camino Negro, trágicamente bautizado como el Camino de la Muerte
El Camino Negro, trágicamente bautizado como el Camino de la Muerte

En apenas 8 kilómetros, el tramo devastado de la ex Ruta Provincial 19 que separa a Villa Elisa de Punta Lara, donde hoy la policía encontró un cadáver que podría ser el de la odontóloga platense Gissela Solís Calle, encierra una historia casi desconocida de secuestros y fusilamientos cometidos en la década de los '70, y el misterio de un cadáver plantado para confundir la búsqueda de Jorge Julio López.

El Camino de la Muerte

Parece el escenario de una serie distópica pero es real. La autopista Buenos Aires–La Plata, a la altura del kilómetro 42, parte el territorio como una frontera que separa el mundo que conocemos de otro donde ha ocurrido una catástrofe de origen incierto que lo ha vuelto no solo inhabitable sino también intransitable.

Quien viene manejando desde Buenos Aires por la autopista encuentra allí un gran cartel que señala la última salida antes de llegar a La Plata y que dice "Villa Elisa–Punta Lara".

Al recorrerlo se verá un camino agrietado como si un terremoto lo hubiera hecho temblar hasta partirlo en mil pedazos
Al recorrerlo se verá un camino agrietado como si un terremoto lo hubiera hecho temblar hasta partirlo en mil pedazos

Si toma esa salida y se sigue hacia el oeste, el conductor se encuentra con la calle 415, una cinta de asfalto negro donde hay un puesto de control policial y una iluminación decorosa que lo llevará hacia la localidad más norteña del Partido de La Plata, a poco más de un kilómetro.

En cambio, si algún conductor desprevenido gira hacia el este y toma el paso que hace un rulo por encima de la autopista para dirigirse al balneario de Punta Lara, en el Partido de Ensenada, deberá inevitablemente detenerse a menos de trescientos metros. El GPS le señalará que va por el buen camino, que solo le faltan 7,9 kilómetros para llegar a la ribera del Río de La Plata, pero lo que en realidad le está señalando es una misión imposible.

Verá un camino agrietado como si un terremoto lo hubiera hecho temblar hasta partirlo en mil pedazos; verá, hasta donde la vista le alcance, una serie interminable de baches, algunos de ellos de gran profundidad, como si un bombardeo se hubiera ensañado con el asfalto; verá cientos de bolsas plásticas de contenido incierto a uno y otro lado del camino, sobre el cual avanzan unos pastizales altos que amenazan con tragárselo.

Si no pega una vuelta en "U" y se atreve a seguir avanzando, verá otras cosas: esqueletos de autos quemados que llevan años – o quizás décadas – abandonados a la vera del asfalto, y obstáculos de todo tipo (escombros, troncos, alguna estructura metálica oxidada, ruedas sueltas y esqueléticas en las que ya no hay vestigios de neumáticos).

Esqueletos de autos quemados que llevan años – o quizás décadas – abandonados a la vera del asfalto
Esqueletos de autos quemados que llevan años – o quizás décadas – abandonados a la vera del asfalto

El conductor no podrá dejar de sentir cierta inquietud, ganado poco a poco por la siniestra desolación del paisaje. Lo que ignora es que esa inquietud se convertiría vertiginosamente en miedo si alguien le dijera dónde se encuentra.

Porque ese tramo de la ex Ruta Provincial 19, bautizada cuando fue asfaltada a fines de los 60 como el Camino Negro, tiene otro nombre que ha quedado escrito con sangre en la memoria popular de los platenses: "El Camino de la Muerte".

Lo que el conductor no sabe es que, a mediados de los 70 -antes y después del golpe del 24 de marzo de 1976–, ese camino fue zona liberada para que las bandas parapoliciales llevaran y fusilaran a sus víctimas. Y tampoco sabe que, 30 años después de aquellos crímenes, cuando habían pasado dos días de la desaparición de Jorge Julio López, fue utilizado para "plantar" un cadáver calcinado con la intención de sembrar el terror y desorientar a los investigadores.

El caso del infiltrado

La edición del 12 de abril de 1975 del diario El Día, de La Plata, llevó una vez más como título de tapa una muerte. El día anterior había encabezado con el asesinato del médico Mario Gershanik, fusilado por una patota armada en la casa de sus padres, ubicada a poco más de una cuadra de la Jefatura de la Policía bonaerense.

Ahora el titular decía: "Un estudiante fue muerto a balazos por terroristas" y la bajada de tapa explicaba: "Se trata de Enrique Rodríguez Rossi, hijo del ex titular del Banco Popular que también fue asesinado meses atrás por desconocidos. El joven apareció acribillado dentro de un auto entre Villa Elisa y Punta Lara".

El diario El Día con la noticia del crimen del joven de 22 años
El diario El Día con la noticia del crimen del joven de 22 años

Aunque la manera de actuar de los asesinos coincidía con la de la Triple A o del grupo de tareas de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) – comandado por Carlos Ernesto Castillo, El Indio, condenado el año pasado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad -que operaban en la zona amparados por el gobierno bonaerense, la policía y el Ejército-, los platenses más informados hicieron foco en otro lado: Enrique Rodríguez Rossi, de 22 años, provenía de una tradicional familia ligada a la derecha católica, con estrechos vínculos con el arzobispo de La Plata, Antonio Plaza. Su padre, el abogado Ernesto Rodríguez Rossi, había sido una de las cabezas visibles del Banco Popular, cuyo principal accionista en las sombras había sido monseñor.

La entidad financiera quebró en la década de los '60, dejando un tendal de ahorristas estafados, y Rodríguez Rossi padre -quien solía jactarse de su amistad con el dictador Juan Carlos Onganía– había sido asesinado el 22 de agosto de 1974, en confusas circunstancias, en un crimen nunca esclarecido pero que se relacionaba con una serie de negocios turbios conectados con el Hipódromo de La Plata. El asesinato del joven Enrique fue entonces, para muchos, una secuela de aquella otra muerte.

La verdadera historia era muy diferente. Enrique Rodríguez Rossi se movía desde muy joven en los círculos de la derecha platense, donde había conocido a algunos de los que luego serían integrantes de la patota parapolicial de la ultraderecha peronista conocida como Concentración Nacional Universitaria. Pero su ideología -que mantenía oculta– estaba en las antípodas y, poco después de ingresar en la Universidad Nacional de La Plata, se incorporó en secreto a las Fuerzas Argentinas de Liberación "22 de Agosto" (FAL22).

Su tarea en esa organización de izquierda fue utilizar esos antiguos vínculos para infiltrarse en la CNU, con el fin de conocer su estructura interna y anticipar sus acciones. Durante casi dos años, su "cobertura" funcionó a la perfección: participaba de las reuniones de la banda y luego pasaba la información a su propia organización.

Descubierto y asesinado

Sin embargo, pasado un tiempo, algunas de sus actitudes despertaron las sospechas de sus "compañeros" de la banda parapolicial: a pesar de planificar cuidadosamente sus encuentros, fue visto en compañía de un conocido militante de la organización de izquierda. Eso, sumado a que siempre evitaba -con diferentes excusas– participar de los secuestros y asesinatos del grupo de tareas, terminó por ponerlo al descubierto.

A las 3 de la mañana del 11 de abril de 1975, el teléfono sonó ominoso en la casa de la familia Rodríguez Rossi, en la zona norte de La Plata. Atendió la madre de Enrique y una voz que no se identificó preguntó por su hijo. Cuando Enrique llegó al teléfono sí reconoció la voz, aunque no le dijo a su madre de quién se trataba.

Era un integrante de la patota que lo citó con una excusa. Enrique también utilizó una excusa para tranquilizar a su madre y pedirle prestado el auto. 'Tengo un amigo enfermo", le dijo antes de subirse al Dodge 1500 celeste acerado patente B-980375 y partir con rumbo desconocido.

El Indio Castillo
El Indio Castillo

En su edición del 12 de abril, en el desarrollo del título principal de la tapa, un anónimo cronista del diario El Día describió: "Alrededor de las 8.30 de ayer, un automovilista que ocasionalmente se dirigía de Punta Lara a Villa Elisa por el camino que une esas dos poblaciones, detuvo la marcha al observar, detenido a un costado sobre la banquina derecha, un automóvil Dodge 1500. El vehículo presentaba múltiples perforaciones de bala en la carrocería y los vidrios delanteros deshechos por los impactos. Al acercarse, la referida persona comprobó que en el asiento delantero, caído hacia el lado izquierdo, yacía el cuerpo acribillado de una persona joven. Repuesto de la sorprendente y trágica revelación, el hombre regresó a Punta Lara y se apresuró a informar a las autoridades policiales del lugar sobre lo ocurrido".

El muerto fue identificado como Enrique Rodríguez Rossi, fusilado dentro de su propio auto en el Camino de la Muerte.

El caso de las chicas muertas

Corría septiembre de 1975 y los estudiantes del Liceo Víctor Mercante, uno de los colegios dependientes de la Universidad Nacional de La Plata, vivían en un clima de terror. Desde la intervención de la Universidad decretada por el ministro de Educación del gobierno de Isabel Perón, el ultraderechista Oscar Inanissevich, la disciplina del colegio había quedado a cargo de un grupo de integrantes de la Concentración Nacional Universitaria. Los militantes políticos recibían constantes amenazas de muertes y frecuentes golpizas y no pocos, por seguridad, dejaron de cursar las clases.

No era el caso de la alumna de quinto año Susana Aurora Zanandrea, de 17 años. No tenía actividad política de ningún tipo, pero sus compañeros desconfiaban de ella porque había comenzado hacía unos meses un noviazgo con uno de los más conspicuos patoteros de la CNU, conocido como Richi.

El Camino de la Muerte fue escenario de fusilamientos por parte de grupos parapoliciales
El Camino de la Muerte fue escenario de fusilamientos por parte de grupos parapoliciales

A principios de octubre, Susana decidió terminar esa relación, ya que no soportaba el vacío que le hacían sus propios compañeros. A Richi eso no le gustó, pero Susana no atendió a sus reclamos. Se sentía liberada y quería divertirse. El jueves 9 de octubre le dijo a compañera que esa noche iría a bailar con una amiga, Graciela.

El sábado 11 de octubre de 1975, en una de sus páginas interiores, El Día publicada un artículo titulado "Una joven fue hallada asesinada a balazos en la zona de Punta Lara". En el texto se informaba que el cuerpo había sido encontrado por cazadores furtivos en el camino que une Villa Elisa con Punta Lara y que no se conocía la identidad de la víctima. "Se estima, según la rigidez que presentaba el cuerpo, que el asesinato se cometió alrededor del mediodía (del viernes 10), seis horas antes del hallazgo", escribía un anónimo cronista.

El cuerpo de la odontóloga Gisella Solís Calle fue hallado en Villa Elisa
El cuerpo de la odontóloga Gisella Solís Calle fue hallado en Villa Elisa

Recién el lunes 13 se dio a conocer la identidad de la víctima: Graciela René Astorga, de 20 años, alumna de quinto año del Colegio Nacional Mixto de Ensenada. También precisaba que la joven había sido asesinada mediante "disparos en la cabeza", sin precisar el número. La policía no tenía pistas concretas para resolver el crimen.

El miércoles 15, mientras rastrillaba la zona, la policía encontró el cadáver de otra joven, cuya desaparición había sido denunciada por la familia. La víctima fue identificada como Susana Aurora Zanandrea, de 17 años, alumna de quinto año del Liceo Víctor Mercante. "El crimen corresponde al mismo episodio del que fue víctima Graciela René Astorga. Ambas eran amigas", precisaba El Día. El cuerpo también presentaba impactos de bala en la cabeza.

"El Camino de la Muerte" sumaba dos nuevas víctimas. Entre 1974 y 1975, la cuenta superaba las diez.

Una pista falsa sobre la desaparición de López

–Emergencias Policiales 911. ¿Cuál es su emergencia?
–No, yo venía de pescar con unos amigos, por el camino Punta Lara.
–Sí.
–Y… encontramos un cadáver, quemado.
–¿Un cadáver quemado?
–Sí, está ahora ahí, yo acabo de venir recién.
–Ajá, entonces en el camino de Punta Lara.
–Sí, pero es de acá de Villa Elisa.
–Y el cadáver ¿dónde estaría? En Villa Elisa.
–'Ta cruzando el puente de la Autopista, yendo por el camino a Punta Lara. Cruzando la vía muerta.
–A ver…
–El Camino Negro, vendría a ser.

Jorge Julio López
Jorge Julio López

El 20 de septiembre de 2006 había pasado dos días de la desaparición de Jorge Julio López, ex detenido-desaparecido del llamado circuito Camps que hacía poco había brindado un testimonio demoledor que determinó la condena a prisión perpetua del ex comisario de la policía bonaerense Miguel Etchecolatz.

López había desaparecido, el país estaba conmocionado y la policía estaba realizando operativos en toda la zona de influencia de La Plata para tratar de encontrarlo.

Fue entonces cuando el pescador anónimo llamó al 911 para decir que había descubierto un cadáver calcinado en el "Camino de La Muerte".

El tiempo que llevó identificar el cadáver, mediante un examen de ADN comparativo con López, mantuvo en vilo a gran parte de la sociedad argentina. Finalmente se determinó que no coincidía. Se trataba de un hombre de 1,70 metro, rubio, de unos 30 a 50, cuya identidad no pudo establecerse.

El lugar donde había sido plantado el cadáver planteó todo tipo de sospechas. Los investigadores no dudaron que se trataba de una pista falsa destinada a desorientarlo. Para los organismos de Derechos Humanos era, también, un mensaje intimidatorio.

"Es el mismo lugar donde en el '74 aparecían cadáveres de nuestros compañeros", dijo por entonces Nilda Eloy de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.

Casi 13 años después, el cadáver encontrado en el "Camino de la muerte" sigue sin ser identificado y Jorge Julio López continúa desaparecido.

Un reclamo desoído

Desde hace años, los vecinos de Villa Elisa vienen reclamando sin suerte a las sucesivas autoridades provinciales y municipales la reparación del viejo Camino Negro.

Es un pedido entendible. Con el arreglo de apenas 8 kilómetros de asfalto podrían llegar en menos de 5 minutos a las playas de Punta Lara, en lugar de tener que hacer un trayecto de más de 25 kilómetros, primero por la autopista y luego por la extensión de la Diagonal 74 de La Plata, hasta llegar al río.

La reparación de la ex Ruta Provincial 19 no sólo haría más rápido el viaje sino que terminaría con ese territorio de devastación distópica que va desde la autopista hasta el río.

Lo que no podrá borrar es a los fantasmas que habitan la memoria sangrienta del "Camino de la muerte".

Hoy, sin ir más lejos, otro cadáver se sumó a la larga lista.

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