
Cuenta la leyenda que seis meses antes de su muerte, ocurrida el 24 de junio de 1935 en Medellín, Carlos Gardel le habría dejado una carta escrita de puño y letra a su madre, doña Bertha Gardés. “Si algo me llegara a pasar, todo lo que tengo es suyo. No tengo descendientes y nadie tiene derecho a reclamarle nada”, decía la misiva. Algunos aseguran que el cantante, que siempre andaba metido en “problemas de polleras”, había sido amenazado y temía por su vida. Lo que él no sabía, ¿o quizás sí?, era que para entonces una de sus amadas, la prestigiosa actriz Mona Maris, ya habría dado a luz a una hija que podría ser suya.
Nueve décadas más tarde, Gerardo Chumsky, supuesto nieto del Zorzal Criollo y la diva del cine, decide sacar a la luz un secreto que su familia guardó a lo largo de tres generaciones. Y es que su madre, Blanca Rosa Pellegrini, nunca quiso hacer nada para confirmar lo que ella ya sabía. La historia era demasiado dolorosa como para abrirle su corazón a extraños. Sin embargo, pese a que había sido criada por otro matrimonio, ella tenía muy en claro que era la hija de Mona. Y que el hombre con el que ella la habría concebido no era otro que Gardel.

“Mi madre nació el 19 de febrero de 1932 en Tacuarembó. Dicen que Mona se habría ido a esconder a Uruguay para que nadie descubriera su embarazo. Y después, por sugerencia de un primo suyo que trabajaba en Ferrocarriles Argentinos, Pablo Thomas, le entregó a su beba al matrimonio del cambista Andrés Pellegrini y Carola Valente para que la criara. No la dio en adopción, la trajo a la Argentina cuando tenía diez días de vida y acá la anotaron como si fuera hija de la pareja oriunda de Pergamino. Con el tiempo, ella la empezó a visitar usando el título de ‘madrina’. Pero a todos les llamó la atención que esa familia, que era muy pobre, de tener un rancho pasara a tener una casa en San Martín y una confitería en Río Ceballos. De hecho, mi mamá terminó estudiando en un colegio privado muy costoso de Devoto que ellos nunca hubieran podido pagar“, dice Chumsky en diálogo exclusivo con Infobae.
La actriz argentina, nacida bajo el nombre de Rosa Emma Mona María Marta Capdevielle, ya tenía una prestigiosa carrera internacional cuando, en mayo de 1934, fue convocada para protagonizar la película Cuesta Abajo junto a Gardel. Fueron solo dos semanas de filmación en los estudios de Paramount en los Estados Unidos, los que desataron los rumores que daban cuenta de un apasionado romance entre ambos. Pero lo cierto es que la relación que nunca se oficializó habría comenzado años antes, allá por el ‘30. Y, tras la muerte del cantante, la actriz que le abrió las puertas de Hollywood se encargó de negarla una y otra vez.

“Se dijo que de no haber mediado esa desgracia, pude haberme convertido en el gran amor de Gardel. Se especuló bastante con esa posibilidad. Lo cierto es que me sentí muy atraída por su personalidad y creo que a él también le impactó la mía”, reconoció Mona en una de las últimas entrevistas que brindó en su vida. Pero deslizó que, por los prejuicios de la época, esto solo hubiera sido posible si ambos hubieran vivido en Nueva York, no en Buenos Aires. Y sembró varios interrogantes al sentenciar: “Fue muy hombre y lo conocí muy bien como para asegurarlo”. ¿Qué pasó realmente entre ellos?
Blanca Rosa siempre supo que los Pellegrini no eran sus verdaderos padres. Y estaba segura de que su madre era Mona, quien cada seis meses la iba a visitar, la colmaba de regalos y la llevaba a merendar a la confitería El Molino. La actriz, sin embargo, nunca se lo confirmó ni quiso revelar quién era el hombre con el que la habría engendrado. Pero, casualmente o no, solía llevarla de visita a la casa de una tal Bertha, una mujer con rasgos muy parecidos a los suyos, quien siempre recordaba a su hijo fallecido en un accidente aéreo.

Entre los íntimos, sin embargo, Mona si llegó a admitir a medias la relación sentimental que la había unido al creador de El día que me quieras. “Pasó lo que tenía que pasar, pero ese no es un asunto que usted deba saber”, le dijo a Chumsky cuando, a los 16 años, su supuesto nieto se animó a preguntarle directamente por ese romance. Lo que nunca le respondió, no obstante, fue quién era ella en relación a su madre.
“Me acuerdo que, ya de grandes, mi mamá y Mona se encontraban para tomar el té. Se citaban a través de telegramas. ‘Jueves, 17 hs., té en el Alvear’, ponían. Y ahí se juntaban a charlar”, cuenta quien junto con su hermano, Gabriel, sería uno de sus herederos. Por entonces, la actriz solía decir que quería comprar una casa en Unquillo, para que todos se fueran a vivir ahí con ella en su vejez.

Sin embargo, a fines de los años ‘70 Chumsky se plantó y le hizo la pregunta que Mona nunca hubiera querido escuchar. “Ella decía que mi papá, Mario, tenía que dejar su trabajo de policía para manejar sus bienes y que nosotros nos teníamos que ir a vivir con ella a Córdoba. Pero yo le remarqué que era demasiada imposición para una ´madrina’. Y le dije: ‘¿Por qué antes no blanquea la situación y nos dice quién es usted?’. Ahí se enojó y se terminó distanciando de todos. Yo nunca más la vi”, recuerda el hombre.
Cuentan los memoriosos que, con motivo del aniversario de la muerte de Gardel, Mona solía ir como invitada a la mesa de Mirtha Legrand. Y que, en cada una de esas oportunidades, Chiquita mencionaba al aire a la supuesta “ahijada” con la que la actriz quería reencontrarse. Es más, recuerdan que la diva se encargaba de remarcar que esta parienta podía encontrarla en el Hotel Crillón de la avenida Santa Fe, donde la estrella que trabajara junto a Humphrey Bogart y Cary Grant, entre muchos otros galanes de fama mundial, tenía una habitación permanente en la que residía alternando sus largas estadías en los Estados Unidos y en Bariloche.

Mona falleció el 23 de marzo de 1991 en Buenos Aires. Años más tarde, apareció en Córdoba una casona abandonada llena de objetos pertenecientes a Gardel, que todos los que la conocían sospechan que era la propiedad que ella soñaba habitar junto a su supuesta hija en sus últimos años de vida. Blanca Rosa, por su parte, murió el 10 de marzo de 2018 sin haber querido nunca confirmar su identidad. Sin embargo, la familia Chumsky cuenta con una carta que tramitó la recordada Lydia Lamaison en Argentores, que autoriza a los hermanos Gerardo y Gabriel a visitar el panteón donde descansan los restos de la actriz, a escasos metros del mausoleo de Gardel.
“Jacinto Heredia había sido representante de Mona y sabía todo, así que nos había estado buscando por todos lados”, cuenta Chumsky, seguro de que muchas personalidades del mundo del espectáculo eran conocedoras de esta historia. El hombre explica que, si bien está dispuesto a pedir un ADN, sabe que es muy difícil lograr resultados por el tipo de muerte que sufrió Gardel y porque los restos de Mona ya fueron reducidos a cenizas. Sin embargo, deja en claro que en caso de que este pudiera realizarse y diera positivo, ni su hermano ni él estarían interesados en pedir nada de lo que terminó heredando primero la madre del cantante, después la familia del compositor José Razzano y lo que, finalmente, el periodista Walter Santoro decidió conservar en la Fundación que lleva el nombre de quien podría ser su abuelo.

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