Del folclore familiar en Santa Fe y “Cantaniño” a los Latin Grammy: la voz argentina que emociona cantándole a Dios

Athenas Vénica fue figura de un reality infantil, giró con éxito en la música popular y desde 2013 desarrolla una carrera internacional en la música católica, marcada por su paso en la Jornada Mundial de la Juventud, cerca del Papa Francisco

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Athenas Vénica
La joven que sintió un llamado divino para usar su voz como un puente de fe y amor

Canta con los ojos cerrados. No es un gesto escénico ni una marca de estilo. Es la forma en la que Athenas Vénica se concentra y reza con el poder de su voz. En esos momentos, dice, la escena que la rodea deja de ser un lugar de exposición en la que ella es el centro para convertirse en otra cosa. “En ese momento yo desaparezco. Y las personas, por medio de mi voz, conectan con Dios. Y cuando eso pasa es hermoso”, dice conmovida.

En esa manera de habitar el escenario condensa buena parte de su historia: una cantante argentina de música católica que fue niña prodigio en la televisión, pero que antes cantó folclore. Luego integró un grupo juvenil que llenó teatros y llenó de giras todo el país; y años más tarde reorientó su vida hacia la música católica. En 2013 vivió uno de los momentos más decisivos y emotivos de su carrera cuando participó de la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, durante la visita del Papa Francisco, frente a millones de personas.

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Desde entonces, su carrera fue atravesada por el deseo de hacer de la música un espacio de encuentro espiritual, donde las personas no solamente se encuentren para escucharla, sino que se encuentren en la fe que comparten, dice. Y en ese camino, plagado de amor, conoció al que desde 2017 es su esposo, el músico y compositor: Tobías Buteler.

Athenas Vénica en las Jornadas Mundial de la Juventud, Río 2013, y la interpretación de la canción "Amén"

Las raíces de su voz

Athenas María Vénica nació el 10 de enero de 1992 en Buenos Aires, pero creció con una fuerte conexión con el norte santafesino, de donde proviene su familia, oriunda de las ciudades Reconquista y Avellaneda. Esa identidad marcó su vínculo con la música y con la cultura popular desde la infancia. “Mi papá es del paraje El Timbó, una zona agropecuaria que quiero mucho. Todavía está mi abuelo con su casa, ahí en el campo”, cuenta orgullosa.

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Y la música era parte de la vida cotidiana en su hogar. Cantar en familia era una costumbre y su madre —a quien define como una cantante extraordinaria— la alentó desde pequeña a explorar distintos géneros. Antes de aprender canciones infantiles, Athenas ya cantaba zambas, chamamés y tangos. “Lo primero que aprendí fue una zamba, El Chúcaro, de Horacio Guarany. La segunda fue un chamamé, Puerto Tirol. Tenía seis años y la música estaba muy presente en mi infancia. Son canciones que aprendés de chico y se te quedan grabadas para toda la vida”, cuenta.

Cinco jóvenes posan para una fotografía con un fondo verde. Hay dos chicas y un chico de pie, y dos chicos sentados. Visten ropa informal.
Athenas, con su pelo rubio, cuando integraba el grupo juvenil KtrasK

Mientras el folclore echaba raíces en su casa, la televisión de comienzos de los 2000 despertaba en ella nuevos sueños. Programas como Popstars y el fenómeno de Bandana y Mambrú ampliaron su universo musical, sin desplazar a sus referentes populares. Entre todos ellos, hubo una figura que la marcó especialmente: Soledad Pastorutti. “Yo tenía ocho años en 2001, así que todo eso me marcó mucho. Me acuerdo que en los libritos de los CD escribía que mi cantante favorita era La Sole”, cuenta. Fue también en esa época cuando hizo una promesa que todavía recuerda, admirada de su propia seguridad: “Le dije a mi mamá: ‘Si hay un concurso así para niños, yo voy a ir, voy a concursar y lo voy a ganar’”.

Con los años, ese vínculo con el folclore permaneció intacto, aunque tomó nuevos caminos. Después de vivir un tiempo fuera del país, regresar a la Argentina significó también reencontrarse con la música que había acompañado su infancia. “Hace mucho tiempo que teníamos ganas de hacer canciones con nuestras raíces. Volver a estar en Argentina, con nuestra gente, con nuestra cultura, fue el contexto perfecto”, explica.

Ese reencuentro dio origen a uno de los proyectos más personales de su carrera: un chamamé dedicado a la Virgen de Itatí, patrona de Corrientes y del Nordeste Argentino. “Fue como unir dos amores: la música popular y la fe. Es una canción que hice con muchísimo amor”, afirma. Para Athenas, esa obra no solo representó un regreso al género con el que creció, sino también una forma de volver a sus raíces familiares y culturales desde la música que siente que más la identifica.

Athenas Vénica
Athenas canta desde el corazón y sostiene que esa es su manera de conectar con Dios

Cantaniño y la irrupción de la exposición

Haciendo una línea de tiempo imaginaria sobre su vida, Athenas cuenta que a los diez años ingresó al reality musical Cantaniño, de Telefé, un programa que reunía a chicos de todo el país y que fue el punto de quiebre entre la vida cotidiana y la exposición pública. Pronto se formó un grupo infantil con el que recorrió escenarios de Argentina y Uruguay. Desde allí entendió de qué se trata ser una estrella pop, con apenas once años. “El primer evento que hicimos fue en La Rural, frente a doce mil personas. Pasamos de cero a cien en un instante”, cuenta. Ensayos, grabaciones, televisión y shows multitudinarios se volvieron parte de su día a día.

La rutina del grupo era intensa: los chicos ensayaban varias veces por semana, grababan discos, participaban de programas de televisión y viajaban a distintas provincias. “Recuerdo que lo primero que me llamó la atención fue la energía de los ensayos, el esfuerzo colectivo y la pasión de todos los chicos por la música”, relata. La exposición trajo reconocimiento, pero también una dinámica difícil de asimilar a esa edad. “Fue fuerte, no te lo voy a negar, pero la familia estaba muy presente. Las familias estaban super presentes. Mi familia, absolutamente. Creo que uno a esa edad no llega a tomar conciencia de todo. Yo tenía mis amigas y seguí viéndolas. Hice el colegio normal, pero afuera de todo eso no había mucho tiempo”, reconoce.

Athenas Vénica
En 2013, en la emotiva Jornada Mundial de la Juventud en Brasil

El grupo fue nominado a premios como los premios Martín Fierro y Gardel, y durante un tiempo, la fama fue parte de lo cotidiano. “Esas experiencias duran un tiempo y después rápidamente se apagan, y volvés casi a la normalidad. Como mucho, años después, algún comentario: ‘Vos eras la de Cantaniño, la de KtrasK’... El tiempo fuerte de mucha fama no fue tan largo tampoco. Se dio con naturalidad”, admite. Para ella, la experiencia fue una escuela de vida: aprendió a trabajar en equipo, a enfrentar el escenario y a manejar la presión de los grandes eventos desde muy pequeña.

Con el paso de los años, la vida del grupo fue perdiendo intensidad. No hubo un final brusco, sino un proceso gradual en el que cada uno fue tomando su propio rumbo.

“La exposición se fue apagando de a poco, no fue algo traumático. Cada uno siguió su camino, algunos en la música, otros no. Pero todos nos llevamos recuerdos muy fuertes y un aprendizaje enorme”, afirma. Con el tiempo, el silencio reemplazó a las luces del escenario y, en ese espacio, surgió la oportunidad de descubrir otras facetas de la música y de la vida.

Athenas interpreta "Regalo del Cielo. Música para bodas" junto a su esposo Tobías Buteler

El silencio elegido y la reconstrucción

A los quince años, Athenas sintió la necesidad de poner una pausa a la exposición y al ritmo que había marcado su infancia y preadolescencia. No fue una decisión motivada por el rechazo, sino por el deseo de experimentar una adolescencia diferente, lejos de los escenarios y las cámaras. “Dije: no quiero hacer nada por uno, dos, tres años. Tenía ganas de vivir mi adolescencia con mis amigos, salir, disfrutar de la vida cotidiana sin cámaras ni giras”, explica. Ese período funcionó como un descanso necesario, una oportunidad de reencontrarse con la música desde otro lugar.

Durante ese tiempo, la música siguió estando presente, pero de manera menos pública. Poco a poco, el deseo de explorar nuevos géneros y aprender más sobre su instrumento la llevó al Conservatorio Julián Aguirre, donde se acercó a la formación clásica y se animó a probar diferentes estilos e instrumentos, incluso la batería. “No era lo mío, pero fue divertido. La música ya no era solo escenario, era proceso”, relata. Participó en bandas de tango, de rock y de folclore, volviendo sobre las raíces que había cultivado en su casa y en su infancia.

Athenas canta "Alma Misionera": el video fue filmado en la catedral de San Isidro y dio nombre al álbum nominado a los Latin Grammy

A la par de la búsqueda musical, apareció un movimiento personal y espiritual que cambiaría el sentido de su vocación. “Empecé un proceso de fe y espiritualidad en el movimiento de la Palabra de Dios, que es una experiencia muy linda para los jóvenes”, cuenta. Fue allí donde descubrió, por primera vez, que la música podía ser un medio de conexión con Dios y no solo de expresión artística. “Nunca había utilizado la música como un medio para conectarme con mi fe, con mi espiritualidad. Y ahí por primera vez lo descubrí... La música te conmueve, te emociona, te ayuda a ir más allá de lo racional”, asegura emocionada.

Ese descubrimiento reorganizó su manera de cantar, componer y pensar el arte. El deseo de compartir lo que vivía en lo personal se volvió motor para integrar la música y la fe en un mismo proyecto vital. “Descubrí que la música podía ser mucho más que expresión artística; por primera vez la sentí como un medio para conectarme con Dios y con mi fe. Esa experiencia fue tan profunda que quise compartirla, y pensé que, si yo estaba viviendo algo así a través de mi voz, también podía ayudar a otros a experimentar lo mismo”, revive. Así empezó a sumarse a grupos de música católica contemporánea, a escribir canciones y a buscar nuevas formas de llegar a quienes también buscaban una experiencia transformadora.

Athenas Vénica
En la alfombra roja de los premios latinos mas importantes

La música como misión, el amor y el escenario

Con esa nueva perspectiva, Athenas decidió profesionalizar su camino en la música católica. Jonatan Narvaez fue el productor que la invitó a grabar y, sin saber que ese paso marcaría un antes y un después, aceptó el desafío. “Me dijo: ‘Si hacés esto es para tomártelo en serio, puede ser que tengas que viajar’. Yo tenía entre diecinueve y veinte años, y era justo lo que estaba buscando”, cuenta. Los primeros videos, grabados en un entorno sencillo y familiar, pronto alcanzaron una gran repercusión digital. “Subimos esos videos a una plataforma que entonces era nueva, YouTube, y rápidamente se volvieron virales. Llegó al millón de reproducciones. En ese momento llegar al millón era una locura, porque recién comenzaba YouTube”, recuerda.

Esa masividad inesperada abrió nuevas puertas: invitaciones a eventos, viajes a otros países y la oportunidad de compartir su música en escenarios internacionales. Uno de los momentos más impactantes llegó en la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil, en 2013, donde cantó ante millones de jóvenes y el Papa Francisco.

“Por una ‘diocidencia’ —una combinación entre Dios y coincidencia—, como me gusta decir, me invitaron a cantar en el escenario principal, donde estaba el Papa. Todavía no había terminado de lanzar mi primer disco y ya estaba ahí, ¡frente a millones de personas! Era una emoción gigante, no lo podíamos creer”, revive.

Athenas Vénica
Athenas Vénica, junto a su familia, en la gala de los Grammy latinos

En ese contexto religioso, en 2014, conoció a Tobías, su esposo y compañero musical. Pianista, compositor y con una formación académica sólida, compartía la visión de la música como vocación de servicio. “Nos conocimos en un encuentro musical católico y fue muy natural empezar a trabajar juntos. Los dos queríamos que nuestro primer amor fuera Dios”, resume el eje de la relación que también nació como un designio.

“Realmente nos conocimos gracias a una especie de ‘señal’. Tobías me contó que, mientras rezaba el rosario con su papá en el auto, sintió en el corazón que debía invitarme a salir. No es que estuviera interesado de antes ni nada parecido, simplemente tuvo esa intuición. Le pidió a un amigo, Maxi Largie —que también canta música católica—, que nos presentara. Maxi organizó una grabación y, con la excusa de que yo fuera a hacer coros para un video, logró que coincidamos. Fue ahí donde empezamos a hablar, y poco después comenzamos a salir y nos pusimos de novios”, resume. Desde entonces, componen y producen juntos, e hicieron de la música y la fe un proyecto compartido. La maternidad y la vida familiar también se integraron a ese viaje, aportando nuevas dimensiones a su arte y a su misión.

Athenas Vénica
“Cuando cantamos, tenemos que desaparecer. Somos un medio para que la experiencia de fe y la música lleguen a los demás", asegura

A lo largo de los años, Athenas lanzó varios discos, oraciones grabadas, salmos cantados y colaboraciones con otros músicos. En 2022, su álbum “Alfa y Omega” fue nominado al Latin Grammy como Mejor Álbum Cristiano. “Fue tremendo. Uno cuando se dedica a la música cristiana piensa que ciertas cosas no le van a pasar, pero que haya pasado es un reconocimiento al esfuerzo y también una oportunidad para que la música católica se conozca más”, explica y agradece a Dios —lo hace en todo momento— por ser ella ese nexo que un día supo en su interior que debía ser.

En el escenario, Athenas conserva la costumbre de cantar con los ojos cerrados, no como una pose, sino como un gesto de interioridad y conexión. Y dice que es inevitable. “Cuando cantamos, tenemos que desaparecer. Somos un medio para que la experiencia de fe y la música lleguen a los demás. El centro no soy yo, es la posibilidad de encuentro entre el público y Dios. Yo hasta desaparezco físicamente porque me arrodillo en el escenario”, afirma. Esa búsqueda de trascender lo individual y habilitar una experiencia colectiva es, en definitiva, el hilo que une toda su historia. “Mi misión es hacer música para que la gente pueda conectarse con su fe y que pueda conectarse con Dios”, finaliza.

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