
Viajar ya no se trata solo de elegir un destino: se trata de sumergirse en mundos posibles, atravesar historias y habitar espacios capaces de transformar una estadía en un recuerdo imborrable. En un escenario donde el turismo y la hotelería se reinventan sin pausa, cada proyecto busca deslumbrar con propuestas que combinan diseño, imaginación y una cuota necesaria de excentricidad.
Los rankings internacionales lo confirman: hoy destacan aquellos hospedajes que desafían cualquier límite entre realidad y fantasía. Hay alojamientos suspendidos entre montañas, casas flotantes en lagos remotos, habitaciones ocultas en cuevas volcánicas o plataformas transparentes que cuelgan sobre abismos imponentes. La tendencia es clara: cuanto más inmersiva la experiencia, mayor es la fascinación del viajero.
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Y en ese mapa global de maravillas, Argentina comienza a escribir sus propias historias extraordinarias. Una de las más recientes floreció en los bosques patagónicos. Se trata de La casa de chocolate de Hansel y Gretel, una cabaña temática construida sobre el antiguo garaje de una casona de Bariloche, que hoy se presenta como el nuevo imán turístico de la ciudad y uno de los alojamientos más peculiares del país.
Ubicada en un recodo silencioso del kilómetro 6 de la Avenida Bustillo, donde los pinos estrechan el aire y el lago Nahuel Huapi se abre como un espejo inmenso, esta cabaña realizada íntegramente con troncos de cipreses parece respirar la misma magia que los cuentos de hadas alumbran la infancia. No es un espejismo ni un decorado: es un alojamiento inspirado en la famosa novela de los Hermanos Grimm.
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Detrás de esta experiencia inmersiva está la arquitecta María del Valle Cantaluppi Yrigoyen, quien en 2022 ganó USD 100.000 en un concurso llamado OMG Fund, de la plataforma Airbnb, que buscaba fomentar la construcción de cien diseños únicos a nivel mundial, los cuales combinaran simbolismos culturales y naturales con una innovadora estructura.
La invitación a participar del concurso le llegó a través de un correo electrónico que “casi se pierde para siempre en una bandeja de correo no deseado”, recordó María del Valle a Infobae. “El mail anunciaba un concurso internacional para construir alojamientos inmersivos, pero dudé bastante antes de entusiasmarse. Mi sospecha sobre su veracidad me llevó a googlear, contrastar, buscar menciones en medios internacionales, foros, revistas digitales hasta que la evidencia se impuso: el concurso existía, era global y muy competitivo”, admitió.
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La chispa tardó segundos en encenderse. Tenía que presentar una propuesta de hospedaje que fuera una experiencia total, un destino en sí mismo. Para la arquitecta, que había recorrido Bariloche desde la adolescencia, la ecuación apareció sola: bosque + chocolate + cuento. El embrujo estaba servido. Hansel y Gretel asomaban desde las sombras del bosque patagónico.
El proyecto necesitaba levantarse en un escenario que resultara atractivo para el turismo. Meses antes, por un golpe de suerte casi doméstico, María había comprado una vieja casa en Montelindo, un rincón sin salida ni tránsito, donde los árboles forman un muro natural. “Mi mamá vive en Bariloche y uno de mis hijos también. Fuimos por un cumpleaños y el vecino me cuenta que la casa de al lado estaba en venta”, relató. “El terreno tenía un garaje en desuso, vista al lago y esa cuota de aislamiento que exigía el proyecto. Era perfecto”, remarcó.
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Pero había un problema: la escritura no estaba lista. El escribano, incluso, le recomendó desistir del concurso: “Me dijo: ‘No, no te metas. Eso puede ser una estafa’”. Sin embargo, el concurso avanzaba con plazos estrictos y no había tiempo para detenerse. “Presenté una declaración jurada afirmando la titularidad del terreno, como se acostumbra en Estados Unidos, y sorpresivamente fue aceptada”, se entusiasmó.
“Cuando me avisaron que había pasado la primera etapa de la selección, saltaba en una pata”, recordó al abrirse paso entre los miles de postulantes de 23 países. Cada semana, había un nuevo filtro. Y en cada filtro, una nueva prueba: papeles en inglés, presupuestos, videos y fotos con evidencias del avance.
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Cómo es la “casa encantada” por dentro
La obra comenzó sobre el antiguo garaje del fondo, rodeado de arrayanes centenarios y cipreses que parecían custodiar la historia. El proceso fue artesanal, lento y minucioso. Nada se compró al por mayor; cada elemento debía transmitir el espíritu del cuento. “No es que uno va, compra los muebles y los pone. Cada objeto hubo que buscarlo, confeccionarlo, probarlo”, describió la arquitecta.
Mientras el dinero del premio se liberaba por etapas, el trabajo familiar se volvía una columna indispensable. La hija mayor de María del Valle, que también es arquitecta y está radicada en Dinamarca, ayudaba con diseños a distancia; mientras que los otros cuatro hijos y su marido colaboraban con traducciones, fotos, videos y tareas del día a día.
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El resultado fue una cabaña de dos pisos donde la madera domina todo, las ventanas de PVC con doble vidrio garantizan abrigo, y un deck en “L” abre la vista completa al Nahuel Huapi. Los interiores equilibran magia con funcionalidad: calderos antiguos en la cocina, tablillas con recetas secretas, disfraces de brujas para el playroom, y chocolates escondidos por toda la casa como tesoros para los más chicos.
“La casa tiene que ser atractiva en sí misma, que el motivo del viaje sea visitar la casita de Hansel y Gretel y no solo ‘pasar por Bariloche’”, subrayó María del Valle, fiel a la consigna del concurso.
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Por dentro, la construcción dibuja un recorrido casi teatral: se ingresa por el salón de usos múltiples —herencia del garaje original— y desde allí se asciende a diferentes niveles. Un playroom equipado con camas móviles y baúles repletos de disfraces invita a jugar y explorar. Más arriba, una suite luminosa ofrece espacio para una pareja y un niño. En la planta baja, un living comedor integrado con la cocina, y un dormitorio adicional completan la escenografía.
La casa está pensada para ocho huéspedes. “Hay una cuna, pero no la cuento dentro del número”, aclaró la arquitecta. Incluso, instaló un telescopio, “para que no falte magia tampoco”. Y lo más magnífico es el amplio deck trasero con vista al lago.
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Tras casi tres años de obra, La casa de chocolate de Hansel y Gretel ya está disponible para alquilar a través de la plataforma Airbnb. El contrato de exclusividad se extenderá durante un año, y el precio ronda los USD 200 por noche, con descuentos semanales y mensuales.
Hoy, María del Valle se ocupa personalmente de su administración. El entorno, admite ella misma, hace la mitad del trabajo: vegetación nativa, flores silvestres, senderos de piedra pulida y ese azul profundo del Nahuel Huapi que pareciera imantado.

“Ayudó mucho que el lugar ya tuviera magia. Yo solo subrayé la fantasía”, resumió la arquitecta. Lo que sigue será todavía más interesante: ver cómo los huéspedes se apropian de la historia y dejan sus propias huellas en el cuento.
A esta cabaña de Bariloche se suman las inéditas propuestas de los otros ganadores del concurso, en distintas partes del mundo: una casa con forma de maceta gigante en Estados Unidos, un zueco gigante en Holanda, una tetera gigante en el Reino Unido, una casa en forma de botella caída, con piscina “de vino” en Portugal, una palta flotante en Chile y una casa de burbujas con experiencia espacial en España.

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