En el nuevo episodio de La Conversación, el ciclo audiovisual de Infobae, dos referentes de distintas generaciones y estilos se sientan cara a cara para reflexionar —entre risas, ironías y confesiones— sobre los bordes del humor en la Argentina. Roberto Moldavsky, ícono del stand up nacional y figura de la Avenida Corrientes, y Anacleta Chicle, comediante emergente de las redes sociales y el streaming, se encuentran por primera vez para hablar de su oficio, sus contradicciones y las tensiones que surgen cuando hacer reír se vuelve un terreno delicado. La charla, moderada por el periodista Gonzalo Sánchez, ya está disponible en el canal de YouTube de Infobae.
Uno de los momentos más provocadores de la charla ocurre cuando Anacleta Chicle recuerda una noticia cruda y dolorosa: en Salta, hay niños menores de diez años que inhalan nafta. Frente a la brutalidad del dato, su primer reflejo fue lanzar un chiste: “Pásenlos a gasoil”. El comentario, entre el absurdo y el cinismo, despierta una incomodidad inmediata. ¿Se puede hacer humor con algo así? ¿Hay que cancelarla por insensible? ¿Dónde está la línea entre la crítica y la burla?
La reacción abre un dilema que atraviesa a todo el episodio: ¿qué función cumple el humor en un mundo lleno de desigualdades, heridas abiertas y realidades tan duras que cuesta siquiera nombrarlas? ¿Sirve para aliviar, para incomodar, para señalar lo injusto, o solo para disfrazar la violencia con una risa?
“No se trata de reírse de la pobreza”, aclara Moldavsky, con tono sereno pero firme, “sino de usar el humor para decir cosas que de otro modo nadie querría escuchar”. Y ahí aparece una de las claves más potentes del encuentro: el humor como forma de resistencia simbólica, como lenguaje que permite nombrar lo innombrable. Cuando lo real se vuelve insoportable, la risa puede funcionar como válvula, pero también como herramienta política. No para burlarse del vulnerable, sino para exponer el cinismo estructural de una sociedad que convive con esa realidad sin hacer nada.
¿De qué se ríe cada generación?
Desde el comienzo, el intercambio entre Moldavsky y Anacleta expone una brecha tan divertida como reveladora. Facebook, Instagram, Twitter: cada red aparece como territorio de una edad, una clase social y un tipo de humor. “Facebook es como Termas de Río Hondo”, bromea Moldavsky, mientras Anacleta responde que ella es una “nativa de redes” que nació en Twitter e hizo del stream su escenario.
¿El humor cambia con el tiempo? ¿O cambia solo el envoltorio? Ambos coinciden en que el disparador casi siempre es la experiencia personal: lo cotidiano, lo absurdo, lo compartido. “Si el chiste nace de una experiencia, con algo me voy a identificar”, dice Anacleta. Y lo ejemplifica con una situación típica: padres que, sin entender del todo cómo funciona, reenvían códigos de Mercado Pago y caen, una y otra vez, en la misma estafa. Al final, son esas escenas simples y cercanas las que más nos hacen reír, porque todos nos vemos reflejados de algún modo.
¿El humor puede sobrevivir a las redes?
En un mundo hiperconectado, los comediantes no sólo hacen reír: también navegan la exposición, el hate, la corrección política y el juicio inmediato. “Los buenos no escriben, los que te putean sí”, dice Moldavsky. Y Anacleta lo confirma: “A veces tiro algo que sé que va a enojar, porque sé que igual va a generar algo. Es parte del juego”.
¿Nos ofendemos más que antes? ¿O simplemente ahora todo queda registrado? Para Moldavsky, “el humor está más vigilado que nunca”. No importa si se trata de un chiste sobre el mate o sobre la inflación: siempre hay alguien dispuesto a escandalizarse, muchas veces desde el anonimato. Pero también hay otra parte —menos ruidosa, más valiosa— que agradece la risa como una forma de alivio y de comprensión compartida.
Ambos coinciden en que vivimos tiempos de etiquetas rápidas: “Kuka” o “gorila”, “correcto” o “cancelado”. “Si te putean de los dos lados, vas bien”, recordaba Enrique Pinti, y tanto Moldavsky como Anacleta lo toman como mantra. Porque clasificar parece más urgente que entender, pero el humor siempre exige lo contrario: detenerse, mirar de nuevo, incomodarse un poco.
Entre risas, el episodio deja en claro que el humor no sólo sobrevive: se transforma, se adapta y resiste. El humor, dicen, no tiene por qué caer bien: tiene que hacer algo. En tiempos de etiquetas rápidas y ofensas inmediatas, esta conversación invita a recuperar el valor de la risa como espacio de encuentro, crítica y humanidad.
Este episodio de La Conversación ya está disponible en el canal de YouTube de Infobae. Nuevos episodios todos los jueves.
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