En el sur de Islandia, a pocos kilómetros del pequeño pueblo de Vík í Mýrdal, se extiende Reynisfjara, una de las playas más peligrosas e impresionantes del mundo. Su arena negra de origen volcánico, sus formaciones rocosas hexagonales y las imponentes columnas de basalto que emergen del mar la convierten en un destino que turístico imperdible.
Sin embargo, su belleza esconde un peligro latente: las llamadas “sneaker waves”, olas durmientes e impredecibles que avanzan de forma inesperada y fueron responsables de numerosos accidentes, algunos con desenlaces fatales.
“Hubo gente que se mató por sacarse una selfie”, aseguró María Jimena Martínez, una argentina de 32 años que vive en la capital islandesa, Reikiavik, desde 2020.
“Se la considera la playa más llamativa y famosa de Islandia”, remarcó la argentina, a pesar de que no es muy común que los locales la frecuenten. “Si algún islandés pasa por la zona, quizás la visita, pero es un lugar más bien de turismo”, aclaró.

“La primera impresión al llegar es impactante”, describió Jimena, quien desde sus redes sociales @unaargentinaensilandia muestra las bellezas naturales del país europeo y narra algunas de sus experiencias.
La joven contó que el contraste entre la arena oscura y el mar embravecido, junto con el sonido del viento y las gaviotas que anidan en los acantilados, crean una atmósfera única. “Alrededor, se pueden ver a turistas de todas partes del mundo, la mayoría con una cámara en la mano, tratando de capturar la majestuosidad del paisaje”, graficó.
La atracción principal es una serie de piedras que se eleva cerca de la orilla, donde muchos intentan escalar para sacarse fotos. Mientras unos buscan la mejor pose, otros se concentran en el horizonte, fascinados por el poder del océano.

Su proximidad a la ciudad de Vik la hace accesible para quienes organizan excursiones de un día, aunque el clima impredecible y la falta de control sobre el comportamiento de los visitantes pueden convertir el paseo en un riesgo.
A pesar de las advertencias visibles en los carteles al ingreso de la playa, donde se recomienda mantenerse alejado del agua, muchos visitantes se acercan demasiado a la orilla. Algunos lo hacen sin darse cuenta del peligro, mientras que otros parecen buscar la emoción de esquivar las olas.
“En el ingreso a la playa hay un semáforo, cuyos colores (verde, amarilla y roja) indican el nivel de peligro. Cuando la luz está verde hay menos marea y menos chance de que te agarren las olas. En amarillo, no podés pasarte de cierta distancia de la orilla. Y la roja es que prácticamente ni tenés que entrar”, especificó.

Sin embargo, advierte, “la realidad es que muchos turistas desoyen estas alertas y te la pasás viendo a los guías retando a la gente, pero ellos hacen oídos sordos porque quieren sacarse sí o sí la foto con las olas gigantes de fondo”.
Jimena explicó que en este lugar la lógica que se aplica en otras playas islandesas no funciona. En la mayoría de los casos, la arena seca marca el límite hasta donde llegan las olas con regularidad. Sin embargo, en Reynisfjara, ese límite no significa nada, ya que en cualquier momento una “sneaker wave” puede avanzar varios metros más allá de lo esperado.
“Pueden parecer inofensivas hasta que, de repente, avanzan varios metros en la arena con una fuerza que no deja margen para reaccionar. Te arrastran y te chupan”, detalló Jimena sobre el fenómeno.
El fin de semana pasado, por ejemplo, la joven contó que el nivel del agua alcanzó niveles inusuales: “La marea estuvo tan alta que no solo cubrió toda la playa, sino que también inundó el estacionamiento”.
Reynisfjara no cuenta con servicio de guardavidas. La fuerza del agua es tal que, si una persona es arrastrada, no hay posibilidad de rescate inmediato. Por eso, Jimena aconseja a los visitantes permanecer en un terreno más alto en la playa, donde el paisaje sigue siendo magnífico; pero desde una distancia segura.
Los nuevos carteles de ingreso a la playa que colocaron las autoridades islandesas, combinados con mapas y mensajes en tres idiomas, no detienen a nadie que intente bajar a la orilla o al mar. Queda a conciencia de cada turista.
“Si cuando llegás la luz del semáforo está en amarilla y empieza a titilar, eso indica que la marea está subiendo y que es peligroso acercarse a ciertas áreas, como las cuevas que se forman en la base de los acantilados”, aclaró Jimena. En esos espacios, si una ola avanza con fuerza, no hay forma de escapar.

El clima en Islandia es otro factor que añade imprevisibilidad a la experiencia. En cuestión de minutos, el cielo puede pasar de despejado a cubierto, la temperatura puede descender abruptamente y el viento puede alcanzar velocidades huracanadas. Durante la visita, de repente comienza a granizar con tal intensidad que resulta difícil mantenerse en pie. Cinco minutos después, la tormenta cesa y el sol vuelve a brillar como si nada hubiera ocurrido.
Más allá de su peligrosidad, la playa sigue siendo un espectáculo natural impresionante. Además del color de su arena, Reynisfjara destaca por sus formaciones geológicas. “Las columnas de basalto que se forman en esas cuevas inspiraron el diseño de las columnas que se construyeron en la iglesia grande de Reikiavik“, contó. Otro de sus distintivos son los macizos rocosos que emergen del mar: “Su forma curiosa también atrae a los turistas”.
En esta playa es normal observar un recambio turístico cada 15 minutos, que es el tiempo que suelen aguantar las personas tras mojarse la ropa con esas aguas gélidas.

“Recomiendo visitar esta playa en verano. Primero, porque no hay hielo. Y segundo, porque tenés más horas de luz”, especificó. “En invierno, la luz solar en Islandia puede reducirse a apenas cuatro horas diarias, lo que limita el tiempo para recorrer la zona con seguridad. Si vas en invierno, vas muy a las corridas porque se te va la luz”, agregó
En contraste, durante el verano, los días son largos y permiten visitar la playa en horarios más tranquilos: “Tenés luz natural las 2 de la mañana y las 11 de la noche. Entonces, podés ir bien temprano o bien tarde, cuando no hay tanta gente”, aconsejó Jimena.
A diferencia de otros destinos costeros, Islandia no es un país donde la gente acude a las playas para nadar o tomar sol. “No es como Mar del Plata. “Eso acá no existe”, afirmó Jimena.

Si bien hay algunas áreas donde se permite el windsurf o el kayak, el clima frío y el mar agitado hacen que bañarse sea poco común. “El concepto de una playa recreativa con reposeras y sombrillas simplemente no aplica en Islandia. Podés ir a tomar unos mates en la orilla, pero de ahí a estar con la malla y meterte, es otra historia”, concluyó la argentina.
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