Seis años atrás, la noticia sobre la liberación de una mujer argentina de 54 años, que había sido secuestrada por la organización terrorista ISIS en Siria, acaparó la primera plana de los diarios. En Argentina, la confirmación del hecho se conoció junto al fin de su cautiverio, en diciembre de 2018.
“¡Gracias, chicos, gracias!”, decía la víctima, Nancy Papa, quebrada emocionalmente en un video que difundió por aquel entonces la agencia internacional de noticias AFP. “Muchas gracias a la gente en Siria, a mi país, Argentina, estoy muy agradecida”, agregaba, mezclando palabras en español y otras en un inglés poco preciso. “Estoy muy agradecida al gobierno de Turquía, al consulado argentino y al gobierno de Siria”, finalizaba la mujer antes de volver a Buenos Aires.
En ese momento, los detalles que brindó Cancillería sobre el caso fueron escasos, ya que se trataba de un tema “sensible y delicado”. Ahora, Infobae pudo reconstruir con más precisiones cómo fue que Nancy se convirtió en el blanco de un secuestro y por qué fue liberada, sana y valva, sin que nadie pagara el rescate.
Nancy era una profesora de historia de la zona oeste del conurbano bonaerense. En 2013, cuando tenía 48 años, conoció a un hombre a través de la red social Facebook. A lo largo de tres años de mensajes y charlas virtuales la mujer se enamoró de quien estaba del otro lado del chat: un supuesto policía que decía llamarse Omar Baraga. Se trataba de un moreno y apuesto joven que logró seducirla y convencerla de viajar a Turquía para conocerlo personalmente. Baraga le habla de formalizar la relación y de casamiento. Pero Baraga era en realidad un terrorista.
La mujer finalmente concretó el viaje, abordó un vuelo a Estambul y desde allí viajó a Ankara, donde en un hotel por fin vio con sus propios ojos a Baraga. Días después, este le dijo que tenían que viajar a Siria porque su familia la quería conocer y ahí comenzó su calvario.

Una vez que cruzaron la frontera de forma ilegal, una banda de secuestradores la estaba esperando. La mujer fue encerrada y poco después se contactaron con su hija, Paola Georgina Mostracio, con intenciones de obtener una cifra millonaria a cambio de devolverla con vida. Se trataba de un dinero imposible de reunir para la familia.
El primer contacto que Paola recibió de los secuestradores, que decían ser terroristas de ISIS, se produjo el 13 de enero de 2017, por Whatsapp. Fueron tres audios y un video donde su madre aparecía frente a la cámara rodeada por dos hombres vestidos de negro, con sus fusiles AK-47 en alto. Atrás se observaba la bandera del Estado Islámico.
A Nancy la hicieron hablar en inglés. Se le veía el terror impregnado en sus ojos, acompañada por una actitud de resignación, casi como esperando un milagro.
El milagro que pedía Nancy Papa era que Alfredo Coto -sí, el dueño de los supermercados Coto- le pagara a ISIS un millón de dólares en un plazo máximo de 10 días para obtener su libertad. ¿Pero por qué Coto? Nancy no conocía al empresario, pero había una conexión, ya que su hermano en aquel tiempo se desempeñaba como gerente de la compañía.

Luego, llegó otro mensaje de Whatsapp, donde los captores escribieron: “We only want money and will only kill Nancy” (Sólo queremos dinero y sólo mataremos a Nancy). Desesperada, Paola, que no hablaba inglés, se presentó en una comisaría de Castelar a denunciar lo que estaba ocurriendo.
“¿En qué villa está la calle Siria, señora?”, le preguntó el policía un poco confundido ante su desesperado relato. Luego, el efectivo entendió que Siria era el país y que la mujer estaba cautiva allí. Este diálogo entre Paola y la policía fue reconstruido por el periodista Javier Sinay en su libro “Después de las 09:53. AMIA: cartografía de un atentado”.
Al realizar la denuncia, la joven contó que su mamá había viajado en octubre de 2016 a Turquía para encontrarse con un hombre a quien había conocido en Facebook y de quien se había enamorado. Dijo que su nombre era Baraga o Barack. Contó además que su madre estaba obsesionada con él: se encerraba en su habitación con sus tres teléfonos celulares y con una tablet, y chateaba durante horas.
El caso fue investigado en Argentina por el fiscal Sebastián Basso, quien estaba por entonces a cargo de la Fiscalía de Morón. Durante las pesquisas, el ex marido de Nancy dijo que la mujer tenía un temperamento inestable, que era obsesiva y fóbica. Sostuvo que había estado internada en clínicas psiquiátricas, y que en una oportunidad se puso su uniforme militar -el hombre era veterano de Malvinas- para sacarse selfies y enviárselas a su contacto turco.

El caso que tenía en sus manos el fiscal Basso era realmente complejo. Nancy Papa se había subido a un avión de Turkish Airlines casi sin explicar nada. Por eso, uno de los primeros pasos fue pedir colaboración a la policía de Turquía.
“Estimados colegas, les informamos que hemos enviado vuestro mensaje a las autoridades competentes. Se encuentran trabajando con miras a localizar a la persona mencionada. Les informaremos de inmediato una vez que recibamos respuesta”, contestaron los policías turcos.
Mientras tanto, la hija de Nancy mantenía el contacto con los encapuchados de ISIS para saber si su madre aún seguía con vida: “I am her daughter”. “I dont speak english” (No hablo inglés). “I dont money. Im poor person” (No tengo dinero. Soy una persona pobre). “Please dont hurt my mother” (Por favor, no lastimen a mi mamá).
Las respuestas eran tajantes y cada vez más preocupantes: “If you love your mother, and you want to stay alive and return to Argentina, you should have to pay a million dollars to Nancy back to you safely” (Si amas a tu madre, y quieres que siga con vida y regrese a Argentina deberías pagar un millón de dólares para que Nancy regrese sana y salva), escribieron.

“Alfredo Coto is not my father” (Alfredo Coto no es mi padre), intentó explicarles Paola para ponerle fin a la locura que estaba viviendo. Y pasaron dos largos años que incluyeron negociaciones secretas, trámites con Interpol y numerosos movimientos de inteligencia. Más allá de todo esto, seguramente fue clave que los captores comprendieron que con el secuestro de Papa no obtendrían ningún rédito económico y la terminaron liberando.
La mujer fue entregada el 30 de octubre de 2018 por el “Gobierno de Salvación” -una administración local que controla la localidad siria de Idlib y que está en manos de la organización yihadista Hayat Tahrir al Sham, ligada a Al Qaeda- a la Fundación de Ayuda Humanitaria turca (IHH), en el puesto fronterizo de Bab al Hawa, entre Siria y Turquía. Permaneció poco más de un mes en un campo de refugiados y finalmente quedó libre en diciembre. Por estos días, Nancy Papa permanece internada en un neuropsiquiátrico del conurbano bonaerense, según pudo saber Infobae.
La resolución exitosa del caso le valió al fiscal Basso un ascenso, por lo que fue destinado poco después a hacerse cargo de la Unidad Fiscal para la Investigación de la Causa AMIA (UFI-AMIA).
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