
“Con odio y con hambre no hay libertad” fue la consigna protagonista de la novena manifestación del Ni Una Menos que se realizó este lunes 3 de junio en una plaza de los dos Congresos acordonada de policías y gendarmes.
Mónica llegó en transporte público desde el Barrio Fátima, en Villa Soldati, con un contingente de casi cien compañeras. Forman parte de La Poderosa, una organización villera de base que surgió en Buenos Aires hace 14 años pero que ya sembró asambleas populares a lo largo y ancho de la Argentina y en países vecinos como Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Paraguay, Perú y Uruguay. “Vinimos para luchar contra la violencia económica que sentimos. El Gobierno nos violenta cuando no baja los alimentos para nuestros comedores, para nuestras ollas populares. Pero a nosotras, en los barrios, la violencia económica además muchas veces nos obliga en vivir con los violentos… hasta que pasa un femicidio. Las mujeres de los barrios populares, de las villas, estamos atravesadas por la violencia y sin embargo no suele ser noticia, somos invisibilizadas. Nos salva la organización colectiva, que hace que nos juntemos, que nos hermanemos, que nos une para luchar”.

En línea, Lucía Cavallero, socióloga e integrante de Ni Una Menos, hace foco en la idea de que la gestión de Javier Milei instauró la crueldad y el odio como política de Estado, y que la violencia institucional es ahora social, económica y política: “Este 3J ponemos en primer lugar el ensañamiento que están sufriendo las trabajadoras de los comedores y merenderos, que no reciben alimentos. El hambre se está generalizando para las niñeces y para las mujeres, que son las principales afectadas. Y vamos a seguir diciendo que los femicidios crecen mientras se desmantelan las políticas de género y se promueve el odio desde las altas esferas gubernamentales”.
El triple lesbicidio del barrio de Barracas está en el aire. Se gritan los nombres de Pamela Cobbas, Roxana Figueroa, Andrea Amarante y Sofía Castro Riglos, prendidas fuego por su orientación sexual en la habitación del hotel familiar donde convivían.

“Se metieron en nuestras camas”, “Esto no es libertad, es odio”, “Queremos que se rompa el cerco mediático y del silencio”, “Las lesbianas existimos, resistimos y gozamos. Basta de silencio”, “Justicia es que no pase nunca más”, son algunos de los mensajes desde el escenario. Por primera vez, un colectivo de lesbianas inauguró los discursos.
“Es un 3J distinto porque en Argentina no hay ningún registro histórico, ninguno, de una masacre de la magnitud de Barracas. Atacaron a cuatro lesbianas a la vez y las prendieron fuego. Nunca había ocurrido algo semejante en nuestro país. Nosotras las lesbianas solemos estar invisibilizadas, aunque somos una parte fundamental del movimiento feminista. Hemos acompañado y nos solidarizamos con todas las luchas, estamos en todos lados. Y hoy nos toca encabezar por algo súper doloroso, aunque encabezar también es algo que nos merecíamos por nuestra lucha”. La que habla es Luciana Mina, integrante de Autoconvocades Lesbianes por Barracas.
- ¿Sentís miedo?
- Ni bien me enteré del ataque sentí mucho miedo. Sinceramente creo que la situación de peligro, de riesgo existe. Pero la verdad es que nos fortalece la organización, entender que no estamos solas, y el respaldo de una enorme parte de la sociedad. Porque hay que decirlo: no toda la sociedad es la Libertad Avanza. Hay encuestas que destacan la legitimidad altísima que en nuestro país tiene por ejemplo el matrimonio igualitario, la posibilidad de que nosotres adoptemos… Son sectores muy minoritarios los que ahora se sienten envalentonados para agredirnos, pero no es la mayoría de la sociedad argentina esa. Eso nos dio mucha espalda. Igual, tenemos que seguir porque esto puede volver a ocurrir. Por otro lado, la situación habitacional no es menor. O sea, es un momento muy difícil para el conjunto social, con un ajuste que funciona como forma de ejercer violencia, y que sobre las lesbianas impacta todavía más duro.
A media tarde, la columna de colegios secundarios ingresó a la plaza. Son las pibas que hacen más ruido, las que tienen más glitter, las que bailan y cantan más fuerte. Son las adolescentes del feminismo que se niegan a que la juventud quede del lado libertario.

“La clave está en las redes sociales. Me parece que sería bueno intentar circular otros pensamientos en TikTok o Instagram. Y difundir de otra manera también para que llegue a los chicos jóvenes. De una manera por ahí un poco más divertida. Lo tiro como propuesta, tenemos que poder captar la atención desde los feminismos”. Luna tiene 13 años, cursa primer año en el Carlos Pellegrini, y piensa estrategias políticas mientras marcha con sus compañeras.
Ana se suma al diálogo: “Tenemos que encontrar la manera de esparcir nuestras ideas, pero no sólo hacia dentro `del Pelle´. Porque si bien es importante que nosotros nos informemos, tenemos que conseguir que el resto se informe para que no caigan en votar a este presidente”.
Carmela es otra amiga del grupo y cree que todo es “culpa” de la desinformación sobre la política: “Hay un discurso fuerte sobre no hablar de política porque somos muy pibes, que nos vamos a arruinar la vida. Y yo no estoy de acuerdo, porque de la política depende cómo va a estar tu país, tu ciudad, tu familia. De la política dependen las medidas que pueden hacer mejorar a la Argentina y a tus seres queridos. Con la política se puede lograr un cambio”.
A las 17.48, y con un sol que ya se sentía flojito frente al frío exagerado de otoño, la lectura de un documento consensuado en asambleas por organizaciones de distintos colores políticos recordó a Nora Cortiñas —”luchadora incansable y madre de todas las batallas”—, se plantó contra la Ley Bases y el DNU, contra los despidos de trabajadoras y trabajadores estatales, y manifestó una especial preocupación por la derogación de la moratoria previsional: “Sin moratoria, 9 de cada 10 mujeres no van a poder jubilarse”.
Para cerrar, la jornada llamó a redoblar la organización y a seguir tejiendo redes de sostén y contención. Redes feministas.
“Como hace nueve años, cada 3 de junio volvemos a decir ¡NI UNA MENOS! Aquí estaremos hasta que vivamos vidas libres y dignas. ¡Las calles son nuestras!”, cerraba el documento.
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