
El proceso de beatificación y canonización del coronel Argentino Del Valle Larrabure ya tiene un conjunto de pruebas que serán presentadas en El Vaticano. El militar, ya considerado Siervo de Dios por la Iglesia, fue secuestrado y asesinado por el ERP en agosto de 1975. Con un acto en el Circulo Militar de la Ciudad de Buenos Aires, el historiador Sebastián Miranda presentó ayer su texto “Argentino Del Valle Larrabure: mártir de Dios y de la Patria”.
Del evento participó, el ministro de Defensa, Luis Petri. “Vengo a pedir perdón por el olvido de la democracia con este héroe. Algunos dirigentes demonizaron a las Fuerzas Armadas que actuaron en la década del 70″, sostuvo el funcionario.
“Sentí la necesidad de estar acá para homenajear a Larrabure que como buen soldado dio la vida por su Patria - afirmó Petri-. Hay un hilo entre el combate al terrorismo del pasado y la necesidad actuar en Rosario”. En ese sentido, el ministro reafirmó que las Fuerzas Armadas van a actuar en esa ciudad santafesina.

Vocación militar y religiosa
“Ya en su infancia se veía la vocación de este hombre. De niño jugaba con soldaditos de plomo y solía seguir a la guardia que custodiaba la Casa de Tucumán en su provincia natal”, explicó el historiador ante un auditorio repleto en el Círculo Militar porteño,
Desde su nacimiento, con su bautismo, estuvo marcado quizás las claves de su vida. Miranda cuenta que su madre lo llamó Argentino porque iba a servir a la patria y Del Valle, porque lo iba a proteger la Virgen del Valle de Catamarca. Su familia estaba sensibilizada porque se les había muerto un hijo de 18 meses unos meses antes de su nacimiento.
Larrabure se forma en un colegio salesiano en Tucumán y allí nace su vocación religiosa, que luego expresará en el peor momento de su vida. En los 372 días que estuvo secuestrado por el ERP encerrado en una jaula diminuta bajo tierra.

Larrabure, ejemplo
En tanto, el general de brigada (r), José Luis Figueroa, sostuvo que “Larrabure vivió 372 días en un pozo miserable y logró imponerse al odio y la tortura al que fue sometido por sus captores. Es un reflejo cabal de lo que debe ser un soldado argentino”.
Figueroa resaltó la presencia en la presentación de la familia de Larrabure. “Están sus hijos Arturo y Susana. Sus nietos en gran unión. Están también sus compañeros de la promoción 1982. De los 220, quedan con vida 23 que siempre están para acompañar al ‘vasco’, como dicen ellos”.
Por su parte, el obispo castrense, Santiago Olivera, explicó que “el martirio de Larrabure en sus 372 días de secuestro es la mayor expresión de amor. Porque es un amor sin límites a lo que lo torturaban y lo tenían en cautiverio en un pozo oscuro”.

Olivera, además, resalta las cartas del militar a su familia en la que les pedía a sus hijos y a su esposa que “no deben odiar a nadie. Así se convierte en un faro de luz en el camino de Jesús en tiempos de oscuridad y violencia”.
Según la investigación de Miranda, Larrabure fue maltratado tratado por los guerrilleros que lo mantuvieron cautivo durante 372 días. Los datos de la autopsia indica que pesaba unos 40 kilos menos que en el momento de su secuestro en la Fábrica Militar de Villa María. “Además, tenía signos de haber sido picaneado con ferocidad en sus genitales”, revela el autor del libro sobre el militar.
El análisis del cuerpo del militar indica que no se suicidó (el ERP había informado que se había quitado la vida). “Tenía una alta graduación alcohólica en sangre lo que indica que fue adormecido. Sus muñecas tenían signos de haber estado atadas durante largo tiempo. Además, le dieron un golpe muy fuerte en la cabeza y luego lo ahorcaron. Esto queda demostrado con la herida profunda que tenía en su cuello. No hay ninguna chance de que Larrabure haya podido colgarse porque estaba muy débil y por su vocación religiosa”, sostiene Miranda.
Pedido por sus captores
El militar vivió con un total espíritu religioso su cautiverio de más de un año en una jaula bajo tierra. Desde allí, pedía que recen por él y por sus captores para que sean perdonados por los tormentos a lo que lo sometían. “Creo que la canonización de Larrabure sería muy importante porque es un símbolo de unidad y reconciliación entre los argentinos.

Hay 8 cartas que, junto a el diario y testimonios, forman el corpus para probar su martirio y pedir su beatificación y luego su canonización. Dentro de su pozo oscuro, Larrabure le escribe a su familia y trata de dejarlos tranquilos. Sabía que se acercaba la muerte, pero aún así, busca dar un mensaje de paz.
“Físicamente estoy bien, de mi asma mejor, dispongo de todos los remedios y soy bien tratado (…) A todos los extraño muchísimo, de noche, antes de dormirme hablo con todos Uds”.
El militar pide más papel y le acercan hojas con las siglas del ERP y una imagen del Che Guevara. “Y a mis hijos y mis ahijados especialmente, que no olviden mi mensaje: ‘Aún suceda lo peor, no deben odiar a nadie, y devolver la bofetada poniendo la otra mejilla’. La cartita de mamá muy linda, plena de esperanza, muy alentadora. El domingo fue el día de la madre. (…) Que los chicos no dejen de estudiar”. Firmado: Vasco
Cómo fue el secuestro
Eldomingo, 11 de agosto de 1974 un conscripto infiltrado del ERP cortó el alambrado que rodeaba a la Fábrica Militar de Villa María, Córdoba. Por allí, entraron alrededor de 70 guerrilleros del ERP. Había una fiesta en el casino de oficiales. Allí irrumpieron los atacantes. Larrabure se interpone, se da a conocer y se entrega para evitar heridos entre los civiles presentes en la reunión.

El jefe del lugar no estaba presente. Entonces, los guerrilleros decidieron llevarse al segundo al mando, el mayor Argentino del Valle Larrabure y al capitán García, ambos ingenieros químicos. Este último, al intentar huir, fue alcanzado por una ráfaga de ametralladora.
Los miembros del ERP escaparon con 120 fusiles FAL, municiones y Larrabure como rehén. El militar fue encerrado en una “cárcel del pueblo” ubicada en la calle Garay 3254 del barrio Bella Vista, en Rosario. El pozo quedaba debajo de una mercería y se accedía desde el interior de un placard con una escalera muy angosta.
El 19 de agosto de 1975, tras 372 días de cautiverio, lo mataron y arrojaron su cuerpo, envuelto en un plástico, a una zanja en Rosario. Tenía 43 años, estaba casado con María Susana de San Martín (a quien llamaba Marisú y falleció el 4 de septiembre de 2001) y tenía dos hijos: María Susana, de 17 años, y Arturo, de 16, en ese momento.
Dos empresarios compartieron parte del cautiverio con el militar. No pudieron verlo pero lo escuchaban rezar, cantar el himno y pedir a Dios por el perdón de sus captores durante todo el día. Así, este militar sin darte cuenta estaba dando un ejemplo de amor extremo. Con su martirio de 372 días es que la Iglesia Argentina busca que sea reconocido como santo por El Vaticano.
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