
Jesús Tassarolo no tenía más de 15 años cuando cayó en sus manos Padre Rico, Padre Pobre, de Robert T. Kiyosaki, un libro de finanzas personales. El chico nacido en una humilde casa de campo en Sarandí, una aldea rural de Gualeguaychú, soñaba con ser millonario. Curioso y emprendedor por naturaleza logró a los 19 años crear una empresa de consultoría y marketing digital, llamada TooAudience, que presta servicios a nivel global. Desde hace 3 años, lleva una vida de nómade digital. Su historia la cuenta desde Barcelona, desde donde planea regresar.
Desde que nació hasta los seis años, vivió en una casa a la vera de la ruta. Sus padres vendían chorizos y más comida al paso a camioneros. Jesús conserva pocos recuerdos de esa época, y algunos son para el olvido, como episodios de violencia. Jesús cuenta que en su casa volaban platos y que su padre era impulsivo. Cuando los padres se mudaron a la ciudad de Gualeguaychú, decidieron separarse y Jesús se fue con su mamá.
Jesús siempre fue un alumno sobresaliente y abanderado. Su madre para motivarlo, le regalaba cartas de Dragon Ball por cada 10 que se sacara en los exámenes. Y tuvo toda la colección.

La computadora siempre fue un refugio ante el mal clima que se vivía dentro de su casa. El nuevo novio de su madre era drogadicto y entraban a su casa a robar con mucha frecuencia. Jesús cuenta que llegó a tener un cuchillo en su habitación por si tenía que defenderse. A pesar de los cambios en la vida de su madre, la violencia permaneció. Ella misma le gritaba y propinaba golpes a su hijo por cualquier motivo. Hasta cuando lloraba. “Yo pensaba que era normal que te peguen, te maltraten y te griten. Y me di cuenta que no lo era cuando salí de mi entorno familiar”, explica. “Una vez mi mamá tomó con las manos el cuello y otra vez me pegó dos veces en la nariz y sangré”, recuerda sobre una época que define como rara en su familia. Así fue como encontró refugio en la computadora. Algo que en algún momento se transformó en una adicción, que él mismo advirtió y controló.
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Mientras tanto, en los motores de búsqueda escribía “Cómo ganar dinero en Internet”. A los 12 se convirtió en Youtuber. Contaba cómo jugar juegos. “Tenía un video con 30 mil visitas. Yo quería ser Youtuber. Ese era mi sueño”, cuenta.

Comida no le faltaba, sin embargo, cada tanto les cortaban la luz por boletas impagas. ”No me gusta decir que éramos pobres porque comida teníamos. Y tenía Internet”, dice. Volvieron a mudarse, su madre se separó de la segunda pareja.
“Yo no me sentía bien. Sentía que no tenía amor y mi familia estaba muy ocupada, estresada y yo me escabullía en Internet. Para mí toda esa era mi realidad, pero sabía que algo no estaba bien. Toda la secundaria la hice con la misma remera verde que se iba destiñendo. Y llegué a comprar pantalones usados a mis amigos. En casa se vivía con lo justo y salí a trabajar”, relata.
Como iba a una escuela técnica, ponía en práctica todo lo que aprendía. Hacía changas, vendía cosas, arreglaba bicis, inició un taller de herrería, de motos y trabajó en un complejo turístico de su nuevo padrastro, en el área de mantenimiento. Dice que en su adolescencia había desarrollado la habilidad de ganarse su propio dinero, aun yendo a la escuela en doble turno. Y su padrastro, se convirtió en su figura paterna, un sabio consejero. Recuerda que un día le dijo: “Jesús, si vos estudiás, trabajás con la mente. Si no estudiás, trabajás con la espalda. Claro. Él no había estudiado y trabajaba con la espalda en el campo. Su madre le había dado ese consejo y él me lo dio a mí”, recuerda.
Una noche su madre le preguntó qué estaba leyendo en su teléfono. Y Jesús le dijo: “Padre Rico, Padre Pobre, porque quiero ser millonario”. Su madre, coincidentemente tenía el libro y se lo alcanzó. Por otro libro, que lo marcó, El Secreto, de Rhonda Byrn, imprimió dólares y los pegó por toda la casa, inspirado el la Ley de atracción, temática de la obra.
El marketer asegura haber trabajado de todo. Hice de todo y era muy inteligente porque todo lo que ganaba lo invertía. Él siguió los consejos de su padrastro, que tenía su propio negocio, en lugar de seguir los pasos de su padre, que trabajaba como empleado en una empresa de transporte de larga distancia y no podía estar con él. Y sacó sus conclusiones, sobre qué le convenía. Y soñó con tener su propia empresa.

Quebrado, relata que a los 19 se alejó de su familia. Se fue a vivir a Concepción del Uruguay para estudiar Ingeniería. “Mi mamá súper buena, confiaba en mí, aunque a veces se equivocaba. Ahora hablo poco con ella”, cuenta.
Jesús continuaba, con su curiosidad incansable, viendo cómo hacer negocios en Internet. Y así fue cómo pirateó cursos de marketing digital para crecer en sus emprendimientos. “Me he descargado cursos que costaban 300 euros en España, porque no tenía un peso. Eso me cambió la vida. Un curso de 1000 dólares buscaba cómo descargarlo por 100 pesos. Cuando uno no tiene recursos es capaz de cualquier cosa para sobrevivir. Y yo siempre fui honesto, nunca robé”, confiesa. Y agrega: “Ahora, ni loco descargo algo trucho. Lo pago. Ahora soy un salvaje comprando cursos”, asegura quien dice que le cambió la vida acceder a esos tutoriales en la Web.
En 2019 creó su empresa TooAudience y dejó la carrera de Ingeniería. Claramente le gustaba más ese mundo de negocios: el de hacer crecer el propio y los de otros.
Con sus nuevos conocimientos y facilidad de palabra, empezó a ofrecer sus servicios como consultor de publicidad online y marketing digital. En solo tres meses consiguió 100 clientes, entre ellos, una concesionaria de Chevrolet. Esto lo llevó a contratar un equipo de profesionales: un redactor de anuncios, un editor de videos, un especialista en embudos de venta y publicidad online.

Jesús invirtió en un mentor, que lo ayudó a avanzar hacia sus objetivos y también viajó al exterior, donde reunió más experiencia y amplió sus mercados. A su regreso de México, donde permaneció tres meses trabajando para un cliente que confió en él, fue cuando decidió dejar su carrera universitaria. Ya sabía lo que verdaderamente le interesaba. Su especialidad es ayudar a crecer en Internet a empresas con lanzamientos de productos, asesorías y la creación de embudos de venta automatizada. Los llamados “Funnels evergreen”.
Muchos de sus primeros clientes fueron compañeros de los propios cursos, emprendedores con euros, que sabía captar, porque era muy aplicado y ponía en práctica todo lo que le enseñaban, por lo que se terminaba convirtiendo en un caso de éxito. Su testimonio le servía tanto al emprendedor que daba las clases como a él, para darse a conocer. A los 19, por ejemplo, fue entrevistado por facturar 10 mil dólares al mes. Puede verse más sobre sus logros en su cuenta de Instagram @jesustassarolo.
Le resulta simpático que hace dos años tuvo una reunión en Zoom con un emprendedor a quien le había pirateado un curso cuando no podía pagarlos. Un español a quien admira, José Mark. Y se lo dijo. “Perdoname, te pirateé el curso, pero gracias a eso, hoy soy quien soy, me cambiaste la vida”. A Mark no solo le causó gracia. Dice que lo contrató para aumentar las ventas.
El próximo paso es tener un lugar donde volver en la Argentina, y se imagina dando dando conferencias y charlas. “Me gusta hablar y siempre siento cuando hablo con alguien lo motivo. Porque yo no tuve ventajas. Tengo un mensaje para dar. Y a nivel empresa, quiero crear ese puesto de trabajo en la que que la gente le gustaría trabajar, crear un entorno lindo laboral y poder crear oportunidades”, concluye.
En los últimos 3 años asegura haber facturado aproximadamente 300 mil dólares.
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