
“Dios puso en mi camino a Julieta, el gran amor de mi vida”, reconoce Hugo Pisana. Tenía fecha para su boda este 2 de agosto, pero la pandemia puso en pausa los planes de casamiento.
Rosarino, residente en la Ciudad de Buenos Aires, Hugo (53) fue sacerdote durante casi veinte años, “no cura”, aclara. Conocer a Julieta lo llevó a cambiar radicalmente su vida.
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Esta vez, Hugo, será quien esté del otro lado del altar. “Fui testigo de tantas uniones como sacerdote y dentro de muy poco me toca a mí”.
Los novios tenían fecha para el civil este 30 de julio, habían reservado el salón para los 80 invitados, los trajes de novios y las alianzas para casarse en la Parroquia Jesús de la Buena Esperanza en Villa Devoto. “No es la primera vez que posponemos. Ya va llegar nuestro momento, la determinación está, y no hay nada que lo contradiga”, dice seguro.
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Desde chico, Hugo supo que quería entrar en el seminario. “A los doce había tomado la determinación, sentí la vocación de ayuda al prójimo. Se lo comuniqué a mi familia, padres y hermana. No fue fácil porque tuvieron miedo y cierto dolor. Sabían que no nos veríamos como antes, y que además el proyecto de formar una familia no existiría. Les costó entender, aunque finalmente me alentaron”, cuenta.
-¿De dónde surgió una vocación tan marcada a tan temprana edad?
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-Me sentía identificado con el trabajo del párroco de Santa Isabel de Hungría en un barrio humilde de Nueva Alvear, en Rosario. Lo recuerdo como alegre y generoso. Tomé la catequesis de dos años y comencé a participar en la comunidad. Sentí que ese era mi camino”.
Fue así que motivado por la asistencia social y la necesidad de servir a Dios, se formó hasta sus 19 años. Entonces optó por ser parte de la Congregación de la Compañía de Jesús. Luego vino el noviciado, los dos años de estudio de Filosofía y finalmente en 1997 se ordenó como sacerdote.
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Durante años estuvo destinado a distintas misiones por el país, y también internacionales: pasó por Guayaquil y Roma, donde estudió Teología.
Conoció a Julieta, también religiosa de la congregación de hermanas, mientras coincidían en la Capilla de San Miguel (provincia de Buenos Aires). Todavía no era sacerdote y el vínculo que entablaron fue por la cercanía de las tareas compartidas. Lejos estaba la idea del amor.
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" Sé que Dios la puso en mi camino. Ella supo antes que yo que no quería seguir como religiosa, de cierta forma fue más valiente y fuerte que yo”.
Para Hugo, la idea de abandonar los hábitos no sucedió de un día para el otro. Fue un largo proceso, meditado y cauteloso. ”Tuve mucho miedo, y le di entidad a ese temor, pero hacía tiempo que había perdido la motivación y sentía que mi tarea ya no la hacía con alegría”.
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Recién en 2008, Hugo le pudo transmitir a Julieta -quien ya había dejado los hábitos- el proceso que estaba transitando. “Ella me ayudó a entender que no iba a estar solo en el mundo, su amor no solo fue un apoyo sino una señal de Dios”.

Dos años más tarde, con la decisión tomada, Hugo se lo comunicó a su congregación. “Primero a mi superior y después a los otros sacerdotes. Todos me escucharon y reaccionaron resaltando mi valentía”.
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El paso siguiente fue compartir la noticia con la familia. Así como cuando era apenas un pre adolescente la determinación de entrar al seminario los había impactado, este nuevo rumbo también. “Viajé a Rosario y emocionados me dieron su bendición en este proyecto de vida en pareja. Los buenos amigos nos han animado. A mi madre le costó un poco comprender, pero ahora está ansiosa por la boda”.
-¿Qué te enamoró de Julieta?
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-Su belleza y su carácter decidido, alegre, fuerte, y dulce. Es comprensiva, tierna y tiene un corazón generoso y grande.
Un noviazgo camino al altar
Julieta y Hugo pasaron a la convivencia rápidamente, lo que unió aún más el vínculo establecido hace años. Todo era nuevo para ambos. “La idea de compartir y pensar en un hogar de a dos son parte del aprendizaje de esta nueva vida, ya que siempre viví en comunidad. También la importancia de la comunicación entre ambos”.

Juntos -durante la pre pandemia- disfrutaban de ir al cine, al teatro, tener salidas a restaurantes del barrio de Devoto, a caminatas y paseos a la plaza y viajes por el interior de la provincia.. “Seguimos yendo a misa todos los domingos, y tenemos presencia activa en la parroquia Jesús de la Buena Esperanza, que hace un gran trabajo comunitario”.
Los desafíos de volver a empezar
Hugo tiene 53 años y jamas tuvo un trabajo formal, con lo cual insertarse en el ámbito laboral es un obstáculo que intenta sortear. Con una gran formación humana, intelectual y espiritual con especialidad en teología, filosofía y latin, no consigue un empleo estable. “A pesar de tener gran conocimiento no tengo experiencia, algo que parece indispensable. entonces es difícil conseguir algo. Actualmente doy clases de apoyo en un colegio, pero necesito algo mas”.
Este hombre pudo escuchar su corazón y sincerarse. Y con su ejemplo y sus palabras busca dejar un mensaje inspirador para todos aquellos que anhelan un cambio. “Les diría que se enfoquen en lo positivo, la alegría, esperanza y serenidad; y no en lo que ya no se quiere vivir, la tristeza, el temor y el
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