Máscaras, barbijos, guantes, camisolines, pinzas y jeringas. Todo tiene el mismo destino: un horno con vapor a altas temperaturas en el que material será tratado para, luego, seguir el camino de cualquier residuo. Este es el proceso esencial que deben seguir los desechos hospitalarios. Y, más aún, en tiempos donde reina el Covid-19.

En la Argentina se generan, por mes, 4000 toneladas de residuos patogénicos, entre los que se encuentran los hospitalarios y, la capacidad instalada alcanza duplica esa cantidad. Sin embargo, la pandemia de coronavirus podría generar un crecimiento exponencial de residuos hospitalarios en los centros de salud ya que, se estima, que sólo en las unidades de terapia intensiva, los protocolos de seguridad exigen que el recambio de materiales y de ropas de médicos y enfermeras, multiplica por 10 los descartes, en comparación de lo que ocurre normalmente.

“Aún no observamos ese incremento de volumen de residuos patogénicos ya que hay una disminución en la atención de otras enfermedades, pero en otros países, donde fue muy potente la pandemia, estos problemas aparecen en gran magnitud. Por ejemplo, en España sólo en los primeros 15 días de marzo se produjo la misma cantidad de residuos hospitalarios que en todo 2019”, explicó a Infobae Sergio Federovisky, secretario de Control y Monitoreo Ambiental de la Nación, que encabeza un comité de crisis para monitorear la situación.

Según datos de la OMS, se calcula que de todos los residuos generados por las actividades de atención sanitaria, aproximadamente un 85% son desechos comunes.Tal es el caso de platos, servilletas o cubiertos por ejemplo. El 15% restante se considera material peligroso que puede ser infeccioso, tóxico o radiactivo y es por eso, que antes de ser enterrado como cualquier otro desecho debe pasar por un tratamiento especial. En general, en los centros de salud hay bolsas diferenciadas y lo que se considera peligroso va en una bolsa roja. Como para darse una idea, según las estimaciones, se administran cada año en el mundo 16.000 millones de inyecciones y no siempre las jeringas y agujas se tiran donde corresponde.

Respecto de la Argentina, casi todas las provincias tienen instalaciones preparadas para tratar este tipo de residuos, excepto la Ciudad de Buenos Aires, en donde la actividad está prohibida por ley; Chaco y La Pampa.

“Lo primero que hicimos fue un relevamiento nacional para ver dónde estábamos. La buena noticia es que, en las jurisdicciones donde se pueden hacer los tratamientos hay más de 50% de capacidad ociosa. Estamos en contacto con las provincias para monitorear día a día el eventual crecimiento de residuos patogénicos provenientes de hospitales y qué lugar tiene la capacidad para tratarlos; no estamos en alerta pero nos preparamos para cualquier eventualidad", destacó el funcionario.

El plan también contempla la posibilidad de “mover los residuos patogénicos de una jurisdicción a otra, porque un distrito podría verse colapsado ante el aumento de la demanda. Queremos que ninguna provincia quede sin la atención de residuos. La prioridad es que todos tengan el tratamiento correspondiente y, por ser materiales de descarte con el virus del Covid-19 el tratamiento debe ser impecable”, agregó Federovisky.

El funcionario detalló además: “Estamos acordando con la Cámara Argentina de Tratadores de Residuos Patogénicos un plan de contingencia con el fin de utilizar los centros de tratamiento de residuos industriales, los cuales no tendrán el uso habitual porque la industria está virtualmente paralizada”.

Las acciones que se tomaron desde el área de Control y Monitoreo Ambiental fueron acordadas en el seno del Consejo Federal del Medio Ambiente (Cofema), compuesto por todos los representantes ambientales de las provincias argentinas. “Las acciones son de implementación inmediata. Del mismo modo que nos adelantamos con las medidas para frenar la pandemia, queremos estar con condiciones de prevenir cualquier situación de emergencia en materia de tratamiento de residuos”, indicó Federovisky.

La ONG internacional Salud sin Daño, que tiene un capítulo argentino, está en constante contacto con centros hospitalarios del país y de América latina. “Cuando empezó la pandemia pasó algo en varios países y en Argentina también es que se empezó a pensar que hay que incinerar los residuos. La OMS dijo rápidamente que no es necesario. El tratamiento de residuos que se hace hoy es completamente seguro y que este virus no requiere ningún cambio en ese proceso. Hemos conformado una red de intercambio bastante importante ya que, como sucede en otros ámbitos, van surgiendo dudas a medida que conocemos más sobre la enfermedad”, indicó a Infobae Antonella Risso, coordinadora de proyectos de la entidad para América Latina.

En un paper, elaborado por la ONG con las indicaciones de la OMS se detalla: “Los sistemas de segregación deberían seguir funcionando de la misma manera. No es necesario tratar estos residuos con desinfectantes. En concreto, los residuos asociados con la COVID-19 no se gestionan de manera diferente a otros residuos infecciosos”.

En el documento, además de dar recomendaciones para los hospitales, también se ofrece información para las personas, que, por ejemplo, transitan la infección de coronavirus aislados en sus casas.

“El virus es susceptible a la mayoría de desinfectantes normales. La OMS recomienda el alcohol etílico al 70% para desinfectar equipos reutilizables (por ejemplo, termómetros) luego de cada uso, e hipoclorito de sodio (lavandina) al 0,5% (equivalente a 5.000 partes por millón) para la desinfección de superficies que se tocan con frecuencia en hogares o establecimientos de salud. Asegúrese de que la superficie o el equipo sean compatibles con el producto de limpieza utilizado. El agua y el jabón también son importantes. Todo aquello que se encuentre visiblemente sucio debe ser lavado con agua y jabón. Como la suciedad o la materia orgánica pueden inactivar los desinfectantes al reaccionar con ellos, la regla general es primero limpiar y luego desinfectar”, indica.

Siempre para las personas que hayan dado positivo en el examen y hayan pasado la enfermedad en sus hogares, es decir, fuera del entorno del hospital, las mascarillas, los pañuelos descartables y otros residuos no biodegradables relacionados con coronavirus deben recolectarse por separado, depositarse dentro de bolsa doble y rotular con la fecha. Y destacan que no es necesario tratar previamente estos materiales con desinfectantes. La agencia de Salud Pública de Inglaterra (Public Health England) sugiere que deben permanecer por 72 horas antes de ser enviados para su disposición final como residuos sólidos urbanos.

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