Siempre soñó con ser policía. Desde muy chica se imaginaba ayudando a terceros, sin importar que su vida corriera riesgos. Gisele Vargas hoy tiene 33 años y es oficial mayor de la Policía de Ciudad, donde cumple una tarea muy especial: después de capacitarse en desactivar explosivos se convirtió en la primera agente mujer del escuadrón antibombas del cuerpo que integra.
Nació en la localidad bonaerense de Quilmes, en un barrio que, según ella, era muy inseguro. Hoy afirma que de chica tuvo mucho miedo y que de alguna manera allí nació su vocación por querer cambiar el mundo y hacer de éste un lugar “más seguro y feliz”. Después de muchos años de perfeccionarse, empezó a trabajar en la calle vigilando y reportando acciones sospechosas. Luego pasó al escuadrón antibombas pero solo siendo administrativa. Hasta que un día venció sus miedos y decidió aprender a desactivar un explosivo.
El entrenamiento fue muy arduo, pero después de mucho esfuerzo logró superar sus desafíos. Gisele ya tuvo su prueba de fuego con un sobre bomba que fue hallado en un cesto de residuos y que desactivó sin mayores problemas. Además de ayudar a la comunidad tiene dos hijas a su cargo: Priscila, de 14 y Agustina, de 16. Como si fuera poco, en su tiempo libre va al gimnasio o practica boxeo.

— ¿Cómo llegaste a la policía?
—De chiquita siempre tuve esa idea. Crecí en un barrio muy inseguro y quería aportar mi granito de arena a la seguridad de la sociedad.
— ¿Qué había en tu barrio?
— Había mucha delincuencia, muchos chicos en la calle. Esas son cosas que te incentivan a ayudar. Fui mamá a los 18 y me crié con mi hija, necesitaba darle una protección a ella también y cuando creció pude ingresar y empezar con mi carrera.
— ¿Cómo es la capacitación?
— Nos capacitan con fiscales, jueces y gimnasia. En mis primeras experiencias estuve parada en distintos lugares de la capital. Después pasé al grupo de rescate, eso también fue otra experiencia linda en esta carrera. Y después fui al escuadrón antibombas.
— ¿Cómo es eso de estar en un escuadrón antibombas?
— Empecé como administrativa y veía cómo se capacitaban mis compañeros. Entonces quise pasar a la parte operativa. Era difícil porque no había mujeres. Igualmente mi jefe me dio la posibilidad de capacitarme en la Armada Argentina.
— Tuviste un episodio con un sobre que te iba a explotar, ¿cómo fue eso?
— Sí. Nos desplazaron y cuando llegamos al lugar en un cesto de basura se escuchaba un ruido, y con mis compañeros logramos desactivarla con éxito. Siempre pensamos en lo peor que pueda llegar a pasar, no vamos relajados a una intervención, llegamos al lugar y nos encontramos con eso. Esa fue mi primera intervención, obviamente que los miedos siempre están pero en ese momento hay que tener la cabeza en frío y pensar exclusivamente en ese momento.

— ¿Miedos como cuáles?
— Se me cruza mi familia, mis seres queridos. Pero al momento de llegar a un operativo se piensa solamente en el compañero, en los terceros y en uno mismo, para que la tarea salga bien.
— ¿Cada vez que te vas a tu casa vuelven a aparecer esos miedos o llega un momento que ya desaparecen?
— Obviamente cada vez que salgo de mi casa saludo a mis hijas, siempre prensando en que quizás no vuelva.
— ¿Te costó más por ser mujer?
— No. Por suerte tuve compañeros e instructores que siempre me trataron con igualdad, nunca sentí algo diferente.
— ¿Como es desactivar un explosivo?
— Yo no tenía idea lo que era un explosivo. No tenía idea de nada. Era empezar de cero. Los días de semana, normalmente tenemos muchas salidas así que no tenemos mucho tiempo de capacitación. Pero los fines de semana que estamos más tranquilos hacemos prácticas y ejercicios. A nosotros nos llaman, nos desplazan del lugar, mi jefe del equipo distribuye las tareas, salimos, llegamos al lugar y cada uno hace su trabajo. Cuando llegamos a la base cada uno saca sus propias conclusiones para poder diariamente trabajar mejor.
— ¿El teléfono suena cada cuánto o cada cuánto tenés que estar alerta?
— Normalmente por día tenemos aproximadamente 8 o 9 salidas, muchas amenazas de escuelas.
— ¿Hay también muchas amenazas falsas?
— Sí. Hay muchas.

— ¿Qué pasó con tu familia cuando les dijiste “quiero ser policía”?
— Mi papá está en desacuerdo. No quería. Pero bueno, gracias a ellos hoy estoy acá porque me dieron un gran apoyo.
— ¿Tu papá qué te decía?
— No por el peligro que había en la sociedad, tenía miedo por mi vida.
— ¿Si tu hija te dice “quiero ser policía” le decís “sí, seguí adelante” o no se lo recomendás?
— No, no se lo recomiendo. Necesito protegerla y hoy en día la sociedad no es muy segura y menos para un policía. Estamos en una sociedad donde desde muy baja edad se empieza con la delincuencia. No creo que éste sea un trabajo seguro para mi hija, prefiero que haga otra cosa.
— ¿Sentís que se respeta a los policías o que a veces se los cuestiona?
— En la sociedad tenemos mucha gente que está a favor y mucha gente que está en contra.

— ¿Y a vos te indignan los que están en contra, decís “yo expongo mi vida y tengo a alguien encima que me está diciendo que no está bien”?
— Lamentablemente molesta, molesta, pero bueno, son la mayoría que están a favor a los que están en contra.
— ¿Alguna vez tu vida estuvo en peligro?
— Sí, una vez me quisieron asaltar y tuve un episodio de inseguridad.

— ¿Estabas con uniforme de policía?
— Sí.
— ¿Cómo fue?
— Estaba yendo a trabajar y me quisieron asaltar tres personas armadas. Hoy en día en la sociedad no te matan por ser una persona sino por ser policía.
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