José Luis Martínez integra una lista muy especial: la de los genios. El joven nacido en el barrio porteño de Nueva Pompeya hace 32 años está dentro del 2% de las personas más inteligente a nivel global. Tiene un coeficiente intelectual de 161 (escala gatel) cuando el común de la gente tiene 100. Es consultor en Inteligencia de Negocios y su tiempo libre lo reparte entre la música y la escritura. Además, es presidente de Mensa Argentina, un club internacional de superdotados que en el país tiene 350 miembros de 16 a 78 años.

José Luis viene de una familia muy humilde y es el mayor de cuatro hermanos. De niño siempre se sintió raro, distinto. Se aburría con facilidad, todo le parecía sencillo y se rebelaba contra la autoridad (profesores, jefes): "Sentía que era más inteligente que ellos. Tenía un ego indomable”, confiesa. A los 20 años decidió hacerse el test de Mensa y confirmó lo que muchos pensaban: era superdotado.

Son muy pocas las personas en el mundo que tienen el coeficiente intelectual tan alto. Solo lo alcanza 1 de cada 50 personas. Albert Einstein tenía un IQ superior a 160, emparejado por Stephen Hawking y Bill Gates. Actualmente, el IQ más alto del mundo es de 228 y pertenece a la escritora norteamericana Marilyn Vos Savant. Nicole Kidman, Madonna, Shakira, Ashton Kucher y Matt Damon son solo algunos de los famosos que pertenecen a Mensa.

Jose Martinez disfrutando su pasion por la musica
Jose Martinez disfrutando su pasion por la musica

— ¿Qué es ser un superdotado?

— Convengamos que tener alto coeficiente intelectual no te hace más inteligente que el resto, lo que te da es una habilidad para incorporar mucha más información mucho más rápido. Como en todos los casos cuando vos tenés mucho en un área empezás a flaquear en otras. Algo muy común en gente con superdotación es una falta de habilidades interpersonales, sociales o emocionales.

— ¿Es hereditario?

— No se sabe bien. La verdad es que es algo que todavía se está estudiando.

"Y en la facultad jamás estudié para un final. Con lo que voy aprendiendo en clase y lo que leo doy el final. Y terminé con un promedio 8, 9, salvo algunas materias que siempre me costaron como matemáticas, que esa es otra cosa"

— ¿Cómo funciona tu mente?

— Por ejemplo, en la facultad jamás estudié para un final. Con lo que voy aprendiendo en clase y lo que leo doy el final. Y terminé con un promedio 8, 9, salvo algunas materias que siempre me costaron como matemáticas, que esa es otra cosa. La gente piensa que por tener alto coeficiente intelectual soy un genio en matemática y yo, por ejemplo, soy un desastre.

— ¿Te aburrís fácil?

— Todo el tiempo. Sin ir más lejos, me llevé materias en 7mo grado porque no copiaba, estaba todo el tiempo en cualquiera. Y como tenía la facilidad de hacer las cosas sin estudiar era aburrido. Además, como estás a otra velocidad que los demás tenés menos paciencia.

— ¿Cómo eras en el colegio?

— Yo descubrí que tenía alto coeficiente intelectual de grande. Cuando mis amigos a los 15 estaban desesperados por ir a bailar y salir yo me quedaba en casa jugando a los jueguitos, tranqui, o andaba en skate. O escuchaba metal mientras ellos escuchaban cumbia. Era como que siempre era el distinto. Y cuando sos pibe esa divergencia se nota un montón. Me di cuenta de que me sucedía en todas las áreas, en todos los ambientes, entonces empecé a dudar y dije “es raro esto”. Y así llegué al coeficiente intelectual, empecé a investigar y llegué a Mensa. Di el examen en Mensa en el 2014 y me dio alto coeficiente intelectual, dentro del 2 por ciento del mundo.

— Estar dentro del 2% más inteligente a nivel global. ¿No te impacta?

— Ahora ya estoy un poco más acostumbrado a eso. Cuando me dieron el número y lo entendí fue muy fuerte.

"Di el examen en Mensa en el 2014 y me dio alto coeficiente intelectual, dentro del 2 por ciento del mundo ¿Si me impactó? Ahora ya estoy un poco más acostumbrado, pero cuando me dieron el número y lo entendí fue muy fuerte" (Foto: Santiago Saferstein)

— ¿En el trabajo te exigen más?

—Intento evitarlo. Pero es algo que pasa más por el lado de la broma, de “che, vos que sos tan inteligente por qué no hacés esto, o por qué tardaste tanto” y demás. Queda en uno saber marcar esos límites. Si yo cobro lo mismo que otro ¿por qué voy a hacer más trabajo? Si querés que haga más trabajo y querés aprovechar esa capacidad, pagame más y yo lo hago, no tengo problema.

— ¿En dónde te sentías diferente al resto?

—En el hecho de sentirte raro en todos lados. El hecho de aburrirte todo el tiempo. El hecho de tener como un interés intelectual notable en absolutamente todos los temas que existen y como no poder enfocarte en uno solo. Yo hago Inteligencia de Negocios, es mi laburo, pero todos los días leo un blog que es de biomedicina. No tiene nada que ver con lo que hago, nunca voy a trabajar de eso, pero son temas que me interesan como por ejemplo los fenómenos astronómicos.

— ¿Qué pasa con las relaciones emocionales?

— Durante muchos años tuve que trabajar en mi personalidad porque al no saber qué era lo que me hacía distinto estaba todo el tiempo a la defensiva, medio perseguido, con el ego muy muy alto, insoportable. Y con los años lo fui trabajando. Ahora soy una persona mucho más moderada.

— ¿Te enojabas si alguien te decía “no entiendo esto”?

— No me bancaba el “entiendo que tenés razón pero necesito que me lo expliques y no lo voy a implementar hasta que yo pueda entender que tenés razón”. Me volvía loco. Así me fue con un montón de trabajos, con un montón de profesores.

— ¿Te enfrentabas con la autoridad?

— Sí, todo el tiempo. Y eso es algo muy típico de las personas con el coeficiente intelectual alto, una rebeldía constante. Por eso está bueno que la gente sepa cuando tiene IQ alto y se empiece a formar una personalidad en base a eso. Porque es necesario domar ese ego, esa rebeldía, y entender que por más que uno sea más inteligente o tenga una mayor velocidad hay gente que tiene más autoridad y punto.

"De chico me aburría con facilidad, era rebelde, me costaba aceptar la autoridad"

— ¿Qué te da orgullo de tu vida?

— La presidencia de Mensa es algo que me da mucho orgullo porque me eligieron compitiendo con gente muy capaz y muy apta. Además, este año nos dieron un premio al ser la Mensa que más creció en el mundo, y también gracias a eso hace un mes me dieron un premio de la Cámara Junior Internacional (JCI), que es una organización bancada por la ONU, como liderazgo moral de 2019 en Capital Federal. Yo vengo de un lugar muy pobre, nací en Pompeya, de una familia muy humilde, fui a un colegio de la media para abajo, no tengo título universitario... y trabajo para una multinacional, soy el presidente de Mensa y los medios me consultan cuando sale algo sobre coeficiente intelectual.

"Puedo estar ocupado con varias cosas a la vez. Cuando me concentro con algo no me sacás absolutamente más hasta que lo resuelvo, no hay otra opción"

— ¿Pensás muchas cosas a la vez? ¿Las pensás más rápido?

— Puedo estar ocupado con varias cosas a la vez. Cuando me concentro con algo no me sacás absolutamente más hasta que lo resuelvo, no hay otra opción. Cuando me meto en un problema del trabajo que me gusta estoy horas y no me doy cuenta. A mí me cuesta estar concentrado mucho tiempo en algo pero con la PlayStation puedo estar 14, 16, 18, 20 horas, no me levanto para ir al baño, no tomo, no hago nada, estoy ahí y absolutamente mi cerebro funciona pensando en eso. En general soy más de estar ocupado en varias cosas.

— ¿Qué pasa con la voluntad? Supongo que al no costarte realizar muchas cosas no te preocupás por desarrollarlas.

— La gente superdotada se frustra muy rápido porque “cómo un genio se va a equivocar en esto”. También está la presión social que a uno a veces lo afecta... es como que algunos necesitan ser excelentes todo el tiempo y eso es imposible. Entonces alguien con el coeficiente intelectual promedio puede intentar lo mismo cinco veces hasta que le sale y alguien con alta capacidad intelectual no puede, se frustra tanto que necesita abandonar urgente. Sin ir más lejos tenemos muchos miembros, incluido yo, que no pueden terminar una carrera.

— ¿No podés terminar la carrera universitaria?

— En realidad, yo elijo no terminarla. ¿Sabés por qué? Porque para ser ingeniero en sistemas necesitás seis, siete años trabajando, es una carrera bastante exigente, y aprendés un montón de cosas que para lo que yo hago, que es inteligencia de negocios, no me sirven. Entonces a mí me conviene, en vez de dedicarle siete años a la facultad aprendiendo cosas que no voy a usar, hacer cursos y cosas muy específicas que me llevan a un lugar de privilegio laboral, porque tengo un edge, tengo un filo que no tienen otros consultores que son ingenieros.

SEGUÍ LEYENDO: