
“Welcome a CGA, Sandra”, dice el cartel en el nuevo recinto de Sandra. La espera y el largo camino llegó a su fin y la oranguntana no volverá a estar en cautiverio por el resto de su vida. Luego de 39 días en cuarentena en el zoológico Sedgwick County, Kansas, al que llegó el 27 de septiembre para cumplir con el protocolo sanitario, en las últimas horas llegó al santuario del estado de Florida especializado en el cuidado de grandes primates.
Los expertos que la trataron aseguran que pasó con éxito dos estudios generales y tres que descartaron que tuviera tuberculosis.

Durante el viaje fue acompañada por el médico veterinario David Murphy quien afirmó que Sandra “viajó muy tranquila, pudo comer bien, tomar agua y siempre estuvo interesada en mirar por las ventanas”.

La orangutana logró superar una exhaustiva cuarentena a cargo de las autoridades sanitarias del gobierno de los Estados Unidos en el Sedgwick County Zoo, quienes destacaron el trabajo del área de comportamiento del Ecoparque porteño al afirmar que el animal "en todo momento mostró un carácter dócil, colaborativo y participativo con sus cuidadores y veterinarios”.
La orangutana, de 33 años, ya vive en la reserva Center for Great Apes ubicada en la zona rural de Wauchula -un área boscosa y húmeda- de 40 hectáreas que funciona desde hace 31 años. Allí convivirá con chimpancés y otros orangutanes, especie a la que no veía desde hace dos décadas.
Todos sus nuevos compañeros fueron rescatados de circos y la industria del entretenimiento.

El arribo de Sandra al santuario, finalmente y tras un largo camino, significa el final feliz para quienes hicieron de su libertad una causa.
En 2014, la Sala II de la Cámara de Casación Penal determinó que tenía derechos: tras el recurso de amparo impulsado por la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA), la jueza en lo contencioso administrativo y tributario de la ciudad, Elena Liberatori, exigió al gobierno porteño que le garantizara las condiciones necesarias para vivir y que se la estimulara para preservar las habilidades cognitivas. Y, lo más esperado, que fuera trasladada a un santuario para continuar con su vida en condiciones más acordes con su especie.

Cómo fue la llegada de Sandra al santuario de primates
Sandra dejó el Ecoparque el 26 de septiembre y tomó un vuelo a Dallas que la acercaría a su destino final. Tras 11 horas de viaje sin sedación, arribó al Aeropuerto Internacional Fort Worth y siguió por tierra en un vehículo acondicionado hasta el zoológico de Kansas donde cumplió exitosamente con la cuarentena.
Los nuevos cuidadores que velarán por ella en el Center for Great Apes, en los Estados Unidos, estaban ansiosos por su llegada y reflejaron su emoción cuando avisaron públicamente en su cuenta de Instagram, donde anunciaron: “Nuestro personal y voluntarios están ansiosos por conocer a Sandra, quien es el primer orangután en recibir el estatus legal de 'persona’ en Argentina". Y no son los únicos: su historia fue reflejada en los medios más importantes de España, Chile, Perú.

La llegada de Sandra a Buenos Aires
Sandra nació en un zoológico alemán el 14 de febrero de 1986 y vivió allí 9 años en una jaula de cemento. Paradójicamente, tocó por primera vez la tierra cuando llegó al Zoológico de Buenos Aires en agosto de 1994, donde permaneció en cautiverio 25 años. El animal llegó al parque porteño, entonces administrado por el empresario y conductor televisivo Gerardo Sofovich, en tiempos en los que la especie ya estaba consideraba en peligro de extinción.

Por esos años, la idea de ver animales exóticos entre rejas era algo repudiado por pocos. El ex zoo de la ciudad, al igual de los demás del país, fue considerado un lugar educativo desde sus inicios. Tanto así que allí se realizó la primera fiesta por el Día del animal en Buenos Aires.

En marzo de 2015, la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA) y Andrés Gil Domínguez promovieron una acción de amparo contra el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (GCBA) y el Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires para pedir por los derechos de Sandra y solicitar su liberación y reubicación en un santuario acorde a su especie.
En octubre de ese año se hizo lugar a la acción de amparo, mediante la que fue reconocida como sujeto de derecho, en los términos de la Ley N° 14.346 y el Código Civil y Comercial de la Nación. Se estableció que el GCBA debería garantizar a Sandra “las condiciones adecuadas de hábitat y las actividades necesarias para preservar sus habilidades cognitivas”.
Pasaron 33 años y casi 9 meses desde su nacimiento y más de 1700 días desde aquel fallo a su favor, para que Sandra conociera lo más parecido a la libertad.
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