El padre Lorenzo "Toto" de Vedia, de la Villa 21-24 de Barracas, dice: "La gente más pobre es la más castigada. No hay conciencia en los que gobiernan que el rumbo debe cambiar".

El sacerdote, durante la entrevista que Infobae le fue a realizar a la parroquia de Caacupé, reconoció que los dos flagelos más grandes en la barrio son "el consumo de drogas y la pobreza estructural", pero aclaró que "los que se enriquecen por la droga no son los de la villa, los que más se enriquecen están en otro lado"

El párroco, que recibió la distinción de Ciudadano Ilustre por la Ciudad de Buenos Aires, sostuvo que la oposición política que tiene que "crear las condiciones para que se encuentre un buen líder, con un criterio de unidad donde se dejen de lado las mezquindades y el egoísmo".

-¿Cómo está viviendo el barrio la situación en la que está el país?

-La Villa 21-24 en Barracas tiene gente muy acostumbrada a la crisis porque vive en crisis. Se está sintiendo más esta crisis porque a la gente que soñaba con un progreso, una mejoría, de golpe eso se le cortó… Hay mucha falta de dinero, de poder adquisitivo, la plata no alcanza. Más algunos problemas estructurales como la falta de vacantes en el jardín de infantes. La convivencia entre vecinos y el tejido social al interior de las familias se resquebraja como consecuencias de las dificultades económicas.

-¿Se nota en el barrio el cambio de conducta?

-Tal vez no es totalmente abrupto. Yo me imagino que en la clase media se nota más el contraste de los cambios, acá se nota más paulatino. El que vivía de changas quizás tenga menos, porque la clase media recorta lo que es un arreglo en la casa o la empleada doméstica… y hay mucha gente desempleada.

-¿Hubo en estos días saqueos dentro del barrio?

-Sé que hubo algunos intentos de movimientos en algunos mercaditos del barrio, pero no alcanzaron a prosperar. Tal vez porque este barrio está socialmente más organizado que otros del conurbano o de otros lugares. La Villa 21 tiene mucha historia de trabajo de organizaciones sociales. La misma parroquia acompaña más socialmente al barrio, entonces tal vez hay menos margen para eso, por lo menos ahora.

-¿Usted cree que tiene que ver con una operación de desestabilización o tiene que ver con el hambre en la gente?

-No tengo los elementos para analizar esa cuestión. Sí sé que hay mucha más gente que necesita comida. A nosotros en los comedores se nos incrementó la cantidad de gente que viene. Y también es un poco menos lo que llega, porque la misma crisis hace que lo que te daban vaga más, entonces te entregan menos. No digo que haya un plan macabro de dar menos alimento, pero te los bajan porque alcanza para menos.

-Decías que la gente viene a la parroquia a pedir comida.

-Sí, viene mucho a la parroquia, a los comedores que tenemos. Nosotros tenemos ocho comedores y además vínculos con otros y con merenderos del barrio. Piden alimento, remedios, porque lo que gastarían para comprar eso lo tienen que usar para otras cosas.

-¿Qué otras cosas necesitan?

-La parroquia, de alguna manera, es caja de resonancia de lo que pasa en el barrio, desde un incendio, problemas de salud, vacantes en las escuelas. Después cuestiones habitacionales… gente que ya no puede pagar el alquiler…

-Los alquileres son muy caros.

-Y el programa de subsidio habitacional tiene sus límites que no siempre responden a todas las necesidades de la gente. Hay personas con problemas de invalidez que tienen que sacarle un subsidio porque no reúne las condiciones, o no tienen la cantidad de años viviendo en el país. A lo mejor gente que antes no lo pedía ahora lo pide.

-¿Cómo está el tema de la seguridad en el barrio?

-Históricamente nuestro gran reclamo era la ausencia del Estado. Hace 15 años, un poco más un poco menos, empezó a haber más presencia en las villas. Hoy está pero falta ordenarla y optimizarla. Si no está bien organizada la presencia de la seguridad en el barrio, no sirve que tengas policía patrullando en un lugar y mañana no estén, porque el pibe que va a hacer algo también ve esa jugada. No hay una presencia ordenada de las fuerzas de seguridad.

-La gente del barrio me contaba que sufre mucho las detenciones arbitrarias por parte de la Prefectura.

-Claro, pasa eso también, porque en vez de combatir el delito, de tener esa presencia que de por sí es prevención y evita que haya un delito, actúan pegándole a los pibes que están en situación de calle y no pueden robarte ni un centavo. Les pegan a veces, cometen excesos a veces, entonces en algunos casos cuando uno les habla dicen: "Y sí, pero cuando actuamos porque actuamos, cuando no actuamos porque no actuamos". Y no, cuando actúan mal te tengo que marcar. Entonces sí, hay a veces excesos.

-A mí lo que me planteaba el otro día la gente del barrio es que salen de su casa para ir a trabajar o para ir a la facultad sabiendo que, a lo mejor, en el trayecto o los detienen o les pegan solo por ser del barrio.

-Sí, pasa eso. Y pasa también que, al no haber una presencia buena de las fuerzas de seguridad, los que andan robando también le roban a cualquiera. Se actúa en lo que no se tiene que actuar, y en lo que se tiene que actuar no se actúa. El vecino de la villa tiene portación de cara de villero, de documentos de villero, entonces es más fácil que lo detengan, que lo tomen de sospechoso, que no le tomen en un trabajo. Ahora lo que estamos viendo es que a los extranjeros los atienden pero no les hacen los estudios en los hospitales porque son extranjeros. Yo creo que está mal eso.

-¿Y acá en el barrio cómo es la asistencia de salud?

-Si vos me preguntás la persona de los que vienen a atender son buenísimos, pero el sistema de salud no alcanza para todos los casos. La gente tiene que hacer cola toda la noche en el Hospital Penna para pedir un turno, hay muchas deficiencias pero no porque las personas que están atendiendo sean malas sino porque tienen poca capacidad. Y ni hablar de los pibes que están más en situación de calle o de consumo que a veces son como expulsados.

-Si vos tuvieras que decir cuál es el flagelo más grande que tiene el barrio, ¿cuál dirías que es la situación más preocupante a la que habría que atender?

-La pobreza estructural y el problema de las drogas también.

-¿Por qué las drogas?

-Por el consumo, por supuesto. Obviamente que los que se enriquecen por la droga no son los de la villa, los que más se enriquecen están en otro lado.

-Pero está el estereotipo social de decir que en las villas se vende.

-Pero es por una cuestión de la ilegalidad de las tierras, y un montón de otras cuestiones, no porque el villero sea delincuente. La base de fondo es el estereotipo:"En la villa pasa eso, en la villa son todos chorros, vagos".

-¿Se estigmatiza y se generaliza?

-¡Tal cual! Y se aumentan los prejuicios. Los pibes de las villas que van a la escuela y que comparten con vecinos de otros barrios, porque no alcanzan los colegios secundarios adentro, por ahí son abanderados, y la gente en la villa trabaja de manera ejemplar en muchos sectores.

-En términos más generales, ¿cómo se imagina este último trimestre del año?

-La esperanza me quiere decir que esto tiene que mejorar. Pero, a juzgar por lo que se ve y por la reacción de la gente del mismo Gobierno, me da miedo porque no se nota una conciencia de que hay que cambiar el rumbo económico.

-Por su propia experiencia de vida, ¿esta película ya la vio o es una película nueva?

-Algunas cosas ya se vieron, que la gente empieza a perder trabajo, poder adquisitivo… Lo que para mí es nuevo es la terquedad de no dar señales de que hay que cambiar eso. Esto no quita que no haya en la Ciudad de Buenos Aires un montón de acciones de ayuda social, etcétera. Pero lo que no vi otras veces es esa terquedad de persistir en algo que es evidente que no funciona.