
No existe el crimen perfecto y no hay fuga eterna. Todo prófugo comete un error en algún momento, coinciden los especialistas. El paso del tiempo sin ser detenidos los relaja y dan pistas. Ahí es cuando suelen ser detenidos.
Eso fue lo que le ocurrió al represor Jorge Olivera, condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad, que fue detenido este lunes en la casa de su ex esposa en San Isidro después de tres años y medio prófugo.
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Dos escuchas telefónicas insólitas pusieron fin a su fuga. La primera, el viernes pasado, alertó a los investigadores cuando Marta Ravasi buscaba un teléfono inalámbrico. La segunda, este lunes, terminó de convencer a las autoridades de que Olivera se escondía en esa casa, informaron a Infobae fuentes de la investigación.
Olivera, ex teniente de inteligencia, fue condenado el 4 de julio de 2013 por el Tribunal Oral Federal de San Juan a prisión perpetua por los delitos de lesa humanidad cometidos en esa provincia durante la última dictadura militar, entre ellos la desaparición en 1976 de la modelo franco-argentina Marie Anne Erize. También fueron condenados otros seis represores, entre ellos Gustado De Marchi, a 25 años de prisión.
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De Marchi y Olivera fueron autorizados a viajar a Buenos Aires para ser atendidos en el Hospital Militar por dolencias que no podían ser tratadas en la provincia. De ese lugar, ambos se fugaron el 25 de julio de 2013, 21 días después de ser condenados.
Primero fue recapturado De Marchi, quien fue detenido en diciembre pasado en el barrio porteño de Almagro. Faltaba Olivera.
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La búsqueda de los prófugos estuvo a cargo del fiscal federal Franco Picardi, quien tenía intervenidos los teléfonos de nueve familiares y un amigo de Olivera.
La semana pasada los investigadores estaban tras una pista en San Luis. Hasta esa provincia habían llegado los oficiales de la División Operación del Departamento de Seguridad de Estado de la Policía Federal por el vínculo entre Olivera y los integrantes de una iglesia.
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Pero todo cambió el viernes. Ravasi, la ex mujer del represor, tomó su celular y marcó el número de su propia casa. La mujer dijo: "Jorge, ¿viste el teléfono?". Los investigadores creen que buscaba un teléfono inalámbrico. Quienes tienen esa clase de teléfono suelen olvidarse dónde lo dejaron y se llaman para saber dónde está.
Había un detalle: la intervención de un teléfono se activa desde el momento en que se marca y no cuando atiende la otra persona.
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La pregunta que surgió fue quién era ese Jorge. Los investigadores sabían que Olivera no era el único Jorge porque así se llaman uno de sus hijos y un amigo. Pero los homónimos estaban ubicados en otros lugares y no en la casa de la ex mujer del represor.
Ese llamado encendió las alertas. Los oficiales de la Policía Federal que estaban en San Luis recibieron la orden del fiscal de trasladarse a Buenos Aires para hacer tareas de inteligencia sobre el domicilio de San Isidro.
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El lunes hubo otra escucha clave. Y fue la definitiva.
Uno de los hijos llamó a su madre. Le dijo que tenía que ir hasta un country pero que no sabía cómo llegar. "Decile que lo googlee", se escuchó una voz masculina de fondo.
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¿Esa voz era la de Olivera? La sospecha era que sí porque durante el fin de semana la casa estuvo vigilada y no se detectó ningún movimiento extraño.
La situación presentaba dos escenarios, cuentan ahora los investigadores. Allanar la vivienda y que no estuviese Olivera. Eso implica poner en alerta a él y a todo su entorno. El segundo era ingresar al lugar para despejar esa incógnita porque todo hacía suponer que el represor se escondía allí.
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El fiscal Picardi se inclinó por la segunda opción y pidió el allanamiento que fue autorizado por el juez Claudio Bonadio.
Los oficiales ingresaron a la casa y encontraron la cama matrimonial utilizada de ambos lados y ropa de hombre en el lugar. Revisaron toda la vivienda y encontraron a Olivera. Estaba escondido en el baúl del auto en el garaje. Así, terminaban los tres años y medio de prófugo de Olivera.
El represor estaba hasta ayer alojado en la alcaldía del Palacio de Tribunales y fue puesto a disposición del Tribunal Oral de San Juan.
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