¿Sigue siendo hoy un ambición para los argentinos el conseguir un trabajo fijo en la administración pública que garantice que nadie nos puede echar y que se cobra un sueldo seguro del 1 a 5 de cada mes?  ¿Vale la pena jugarse por los sueños y la vocación o asegurarse un “puestito” seguro, obra social y aguinaldo fijos?
Éste es el planteo inicial de la comedia italiana “No renuncio” (“Quo vado”, en el original), dirigida por Gennaro Nunziante y escrita por el popular cómico Checcho Zalone que, con prisma peninsular, teje una historia que bien podría haber sido pensada en Buenos Aires, Córdoba o Rosario: ¿qué espera de la vida un empleado público que ve amenazado su puesto fijo?
Nacido en Bari en 1977, el autor, músico y director revolucionó las taquillas de su país convirtiéndose en el realizador más exitoso de la historia. Un empleado público que puede sufrir los recortes de la política italiana se niega a abandonar su trabajo a pesar de los insólitos cambios que sus jefes le imponen en su trabajo como ocuparse de los osos polares en el polo norte o asistir a los refugiados en la Isla de Lampedusa.
El film es desopilante. Magníficamente actuado por Zalone cuenta en tono de comedia el drama de la desocupación, las migraciones que llegan a Europa y, cómo no, el sentido de la vida y la búsqueda de la felicidad.
En diálogo con Infobae TV, Checcho no se privó de elogiar al Papa Francisco, reflexionar sobre la nueva política de los jóvenes europeos y de los populismos. Aquí, parte del diálogo.
-¿Cómo ve la política italiana y europea de estos momentos?
-Parece que hay una nueva energía. Parece que estamos saliendo de lo oscuro. Yo no soy un economista pero el film lo cuenta.  Estamos con deseo de tener una nueva esperanza. Hay que decir  para entender esto que los italianos somos los campeones de tirarnos barro encima. De encontrar el jardín del vecino siempre más verde que el nuestro. Nos encanta decir que los italianos damos asco, verguenza.
-Déjeme decirle que los campeones de eso somos nosotros los argentinos…
-¿Ah,sí?  Me alegro entonces. No estamos solos.   De todas formas aquí hay una energía nueva que algunos califican como populistas. Pero hay miles de jóvenes que se involucran en la política y es una esperanza.
-¿No pensó dedicarse de la polìtica?
-¿Yo? ¿Sos loco? !Yo quiero ganar mucho dinero! (risas). Yo soy un cómico y me aventurás a un discurso que no conozco. Aquí en Italia, hay que decirlo, se respira un cierto terror. Yo, de hecho, no tomo más un avión. Me muevo en auto. Yo soy temeroso, en realidad, un “cagón”. Espero que esto termine. Yo hice 4 films en mi vida. El segundo hablaba de esto. Y no lo haría jamás. Estoy verdaderamente aterrorizado. En tono de comedia yo contaba la historia de una joven que quería hacer volar el Duomo di Milano. Yo me enamoraba de ella. Ahora, con el signo del después, jamás lo haría.
-Hemos escuchado hablar al Papa Francisco que, siendo argentino, para nosotros es muy importante…
-No, el Papa es italiano (risas).
-Es de origen piemontés como mi padre pero es argentino. Pero decía que él habla de una especie de tercera guerra mundial en partes, a pedazos. ¿Comparte esta opinión?
-Sí, claro que la comparto. Hay mucha diferencia económica entre los pueblos. El Papa se ha interesado tanto sobre los inmigrantes. El Papa es una persona llena de energía positiva. Esperemos que pueda interceder ante Dios para que cese todo lo que está sucediendo.
-¿Por qué hay que ver tu película “No renuncio?
-Porque hay una esperanza. Porque se ríe una hora y media sin esforzar tanto el cerebro. Y porque hay un final que a los cínicos no les gustó muchísimo pero que abre el corazón de todos. Además el film no recibió ni un sólo premio y sería un gran premio que en la tierra del Papa Francisco sea un éxito.