
La posibilidad de que algunas canas recuperen temporalmente su color llamó la atención de quienes investigan la relación entre el cabello y el estrés. Un equipo de la Universidad de Columbia, encabezado por Martin Picard, especialista en psicobiología mitocondrial y profesor de medicina conductual, identificó cabellos que, después de perder pigmento, volvieron a oscurecerse.
El estudio relacionó esos cambios con períodos de tensión y con la forma en que las células producen y utilizan energía. Publicada en 2021 en la revista científica eLife, la investigación no sostiene que las canas puedan desaparecer de forma generalizada. Los autores detectaron que algunos cabellos aislados recuperaban color, pero advirtieron que se trata de un fenómeno limitado, que no revierte el envejecimiento del pelo.
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Picard retomó el tema en una entrevista del programa TED Radio Hour, difundida por NPR. “Las canas son reversibles, al menos temporalmente, lo cual es sorprendente”, afirmó. El investigador contó que el punto de partida fue observar cabellos largos con segmentos de distintos tonos: una parte oscura, otra blanca y, cerca de la raíz, una nueva zona pigmentada.

El estudio examinó 397 cabellos de 14 personas
El equipo recolectó y examinó 397 cabellos de 14 voluntarios, mujeres y hombres de entre 9 y 65 años. Todos tenían canas o pelos de dos colores y no usaban tinturas, decolorantes ni otros tratamientos químicos.
Los científicos desarrollaron una técnica llamada patrones de pigmentación del cabello, que permite registrar pequeñas variaciones de color a lo largo de cada pelo.
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Como el pelo del cuero cabelludo crece cerca de un centímetro por mes, sus segmentos permiten ubicar, de forma aproximada, cuándo se produjeron los cambios. Después compararon esos patrones con los registros de estrés que completaron algunos participantes.

Uno de los casos correspondió a un hombre de 35 años. Los investigadores encontraron cinco cabellos que recuperaron color casi al mismo tiempo. El cambio coincidió con una disminución de la tensión que el participante percibía y con el mes más tranquilo que había registrado durante el último año, después de unas vacaciones de dos semanas.
En otro caso, una mujer de 30 años tenía un cabello con una franja blanca de unos dos centímetros. Según su registro, ese período coincidió con dos meses de estrés intenso, marcados por un conflicto, una separación matrimonial y una mudanza. Más tarde, el pelo volvió a producir pigmento. Ambos casos están descritos en el estudio publicado en eLife.
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El cabello ya formado no cambia de color
La investigación no indica que una persona pueda recuperar de repente el color de toda su cabellera. Tampoco demuestra que el estrés sea la única causa de las canas. La genética y el paso del tiempo siguen siendo factores centrales.
El pelo que ya creció no se vuelve blanco ni recupera su tono. El cambio sucede en el folículo, la estructura de la piel donde nace el cabello, mientras se forma una nueva parte del pelo. Por eso, un mismo pelo puede tener una punta oscura, una sección blanca y una zona pigmentada cerca de la raíz.

“Cuando los pelos todavía están debajo de la piel, en los folículos, están expuestos a las hormonas del estrés y a otras cosas que ocurren en nuestra mente y nuestro cuerpo”, explicó Picard en una comunicación de Columbia University Irving Medical Center. Al salir del cuero cabelludo, el pelo se endurece y conserva el color con el que se formó.
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El equipo estudió el uso de energía en los folículos
El investigador relaciona el encanecimiento (el proceso por el cual el pelo pierde su color y aparecen las canas) con la respuesta del organismo ante el estrés. En la entrevista con NPR explicó que, en esas situaciones, el corazón puede latir más rápido, el cerebro se activa, aumenta la liberación de cortisol, una hormona asociada con el estrés, y los músculos se tensan. Todas esas reacciones consumen energía.
Su hipótesis es que el cuerpo puede destinar recursos a las funciones que considera más urgentes y dejar en segundo plano otras menos necesarias para la supervivencia inmediata, como la producción de color en el pelo. “Tener color en el pelo es bastante prescindible”, sostuvo el investigador.
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El estudio también analizó las proteínas presentes en cabellos blancos y oscuros. Encontró cambios vinculados con la forma en que las células obtienen energía y con las mitocondrias, estructuras que ayudan a transformar los nutrientes y el oxígeno en energía. Picard señaló que esas estructuras también responden a señales hormonales y psicológicas.
Los autores propusieron que cada folículo tiene un límite a partir del cual deja de producir pigmento. El estrés podría acelerar ese cambio en los cabellos que ya están cerca de ese punto. Si la tensión disminuye, algunos folículos podrían retomar la producción de color. Se trata de una explicación posible, que todavía requiere más estudios.
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La recuperación del color fue poco frecuente y temporal
El equipo advirtió que la repigmentación se observó en folículos aislados y que parece más probable al comienzo del encanecimiento. La muestra fue pequeña y los registros de estrés se hicieron a partir de recuerdos de los participantes. Por eso, los investigadores consideran necesarios estudios con más personas y un seguimiento a lo largo del tiempo.
Picard también aclaró que reducir el estrés no hará que el pelo vuelva a oscurecerse en todos los casos. En una comunicación de la Universidad de Columbia, señaló que una persona de 70 años que lleva mucho tiempo con canas no recuperará el color de su cabello solo por atravesar un período de menor tensión.
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El interés del estudio está en que muestra que, en algunos cabellos, la pérdida de pigmento no sigue un camino completamente irreversible. Sin embargo, no existe por ahora un tratamiento probado que permita revertir las canas.
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