Un estudio identificó que pequeñas moléculas naturales podrían ayudar a frenar el crecimiento del cáncer de páncreas

Investigadores de la Universidad de Texas observaron en cultivos celulares un mecanismo que redujo la proliferación tumoral y plantea una posible línea para futuras terapias

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El análisis de registros clínicos asoció una mayor presencia de miR-15a y miR-16 en los tumores con mejores resultados de supervivencia en los pacientes (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un equipo de la Universidad de Texas A&M identificó que dos moléculas presentes de forma natural en el organismo, los microARN miR-15a y miR-16, pueden reducir la producción de proteínas y frenar la multiplicación de células de cáncer de páncreas cultivadas en laboratorio.

El hallazgo ofrece una hipótesis para futuras terapias, aunque todavía está lejos de convertirse en un tratamiento disponible para pacientes.

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La investigación se centró en el adenocarcinoma ductal pancreático, la forma más frecuente de esta enfermedad. Los autores también analizaron datos clínicos públicos y observaron que los pacientes cuyos tumores tenían mayor expresión de esos microARN presentaban mejores resultados de supervivencia. Se trata de una asociación, no de una prueba de que las moléculas hayan mejorado la evolución de los pacientes.

El trabajo, elaborado por un equipo de la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas de la Universidad de Texas A&M, fue publicado en la revista Physiological Reports.

El cáncer de páncreas tiene una de las tasas de supervivencia más bajas

El cáncer de páncreas figura entre los tumores de pronóstico más desfavorable. De acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), ocupó el puesto 12 entre los diagnósticos oncológicos a nivel mundial en 2024, pero fue la sexta causa de muerte por cáncer, con más de 490.000 fallecimientos.

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Infografía con título, modelo tridimensional de ADN con una célula y seis recuadros con texto explicativo e ilustraciones esquemáticas.
La investigación de la Universidad de Texas A&M en Estados Unidos describe la función de dos moléculas que reducen el crecimiento de células de cáncer de páncreas (Imagen Ilustrativa Infobae)

La diferencia refleja, en parte, que suele detectarse en etapas avanzadas, cuando las alternativas de tratamiento son más limitadas.

El desafío no se limita al diagnóstico tardío. El páncreas está ubicado en una zona profunda del abdomen, detrás del estómago y cerca de vasos sanguíneos relevantes, lo que puede dificultar las cirugías.

Además, los tumores pancreáticos suelen estar rodeados por un tejido denso llamado estroma, que puede actuar como una barrera e impedir que los medicamentos lleguen con eficacia a las células malignas. Estas características ayudan a explicar la resistencia de la enfermedad a varios tratamientos disponibles.

En ese marco, los microARN son fragmentos cortos de material genético que regulan cuáles proteínas fabrica una célula. No contienen las instrucciones para producir proteínas, pero pueden unirse a los mensajes genéticos que las transportan e impedir que se traduzcan. Por ese mecanismo, intervienen en numerosos procesos celulares.

Aumentar dos microARN redujo la proliferación de células tumorales

Dos hombres con batas de laboratorio frente a una computadora con una pantalla que muestra partículas tridimensionales
Dos investigadores con batas de laboratorio observan una proyección celular tridimensional en la pantalla de una computadora. (Universidad de Texas A&M)

El equipo elevó los niveles de miR-15a y miR-16 en células de adenocarcinoma ductal pancreático cultivadas. Con esa intervención, disminuyeron la síntesis de proteínas y la proliferación celular, dos mecanismos vinculados al crecimiento tumoral.

“Las células cancerosas proliferan continuamente, es decir, crecen y se dividen. Para ello, las células necesitan aumentar procesos como la síntesis de proteínas, que les proporcionan lo necesario para crecer. Si se interrumpe esa síntesis de proteínas, se puede ralentizar el ritmo de crecimiento de esas células”, explicó James Fluckey, vicedecano de Investigación y profesor del Departamento de Kinesiología y Gestión Deportiva, además de investigador principal del estudio, según el comunicado de la universidad.

Los científicos detectaron que ambos microARN se encontraban en menor cantidad en tumores pancreáticos que en tejido sano.

También hallaron niveles reducidos en muestras de pacientes con pancreatitis, una inflamación del páncreas. Mediante análisis computacionales, el grupo vinculó estas moléculas con genes y circuitos celulares relacionados con el cáncer, el metabolismo de las proteínas y la adhesión de las células.

Peter Nghiem, profesor asociado del Departamento de Biociencias Veterinarias, comparó la función de los microARN con los frenos de un automóvil. “Su expresión puede evitar que ocurra algo muy malo, como acelerar hasta el punto de estrellarse o desarrollar cáncer”, sostuvo.

Los datos de pacientes muestran una asociación, pero no prueban un beneficio terapéutico

Tras los experimentos en cultivos celulares, el grupo examinó bases de datos de pacientes. Allí observó que una mayor expresión de miR-15a y miR-16 en el tumor se asociaba con una supervivencia más favorable.

La distinción es central: el estudio no administró los microARN a personas ni evaluó su seguridad, dosis o eficacia clínica. Los resultados en células y el análisis retrospectivo de registros de pacientes permiten fundamentar investigaciones posteriores, pero no autorizan a considerar la estrategia como una cura ni como una alternativa a los tratamientos indicados.

“Nos encantaría encontrar la solución definitiva para determinar la molécula causante del cáncer, pero no podemos”, afirmó Fluckey. “Lo que sí podemos afirmar es que estos microARN parecen desempeñar un papel fundamental en el equilibrio proteico de la célula. Cuando se encuentran en abundancia, podemos ralentizar drásticamente la progresión del cáncer”.

El principal desafío será llevar las moléculas solo a las células cancerosas

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El cáncer de páncreas causó más de 490.000 fallecimientos a nivel mundial en 2024 y se posicionó como la sexta causa de muerte por tumores según la IARC. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La siguiente etapa consistirá en desarrollar un sistema que pueda restituir miR-15a y miR-16 en las células tumorales sin alterar a las sanas. Esa precisión es necesaria porque los microARN cumplen funciones reguladoras en todo el organismo.

“Cada vez tenemos más confianza en que las intervenciones con miR-15a y miR-16 realmente tengan potencial terapéutico. Ahora solo tenemos que averiguar cómo hacerlas llegar a las células de manera que solo tratemos las células cancerosas”, dijo Fluckey.

Los autores consideran improbable que la restauración de estos microARN se convierta por sí sola en un tratamiento curativo. Podría integrar, si los próximos estudios lo confirman, una combinación de estrategias dirigidas a distintos mecanismos de la enfermedad.

“No se trata de un solo tratamiento para la enfermedad”, advirtió Nghiem. “Los microARN-15a y 16 pueden ser una parte importante de un régimen de tratamiento. A medida que avancemos en la investigación, encontraremos todos los elementos que, en conjunto, permitirán tratar eficazmente y, con suerte, curar a los pacientes con estas enfermedades devastadoras”.

Los tratamientos recientes que mostraron resultados en cáncer de páncreas metastásico

El avance más reciente con resultados clínicos corresponde a daraxonrasib, un fármaco aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para pacientes con cáncer de páncreas metastásico que ya habían recibido quimioterapia. En el ensayo global de fase 3 RASolute 302, la mediana de supervivencia fue de 13,2 meses entre quienes recibieron el medicamento, frente a 6,7 meses en el grupo tratado con quimioterapia estándar.

El compuesto inhibe la señalización de varias mutaciones de la familia RAS, entre ellas las de KRAS, presentes en hasta el 95 % de los tumores de páncreas. Su indicación actual corresponde a enfermedad avanzada y previamente tratada; estudios de fase 3 evalúan si podría tener un beneficio cuando se administra en etapas más tempranas del tratamiento.

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