
El estrés aparece ante desafíos, exigencias o amenazas percibidas. Una fecha límite, una discusión, una preocupación económica o una situación imprevista pueden activar una respuesta física y mental que prepara al organismo para reaccionar. Sin embargo, la intensidad y la duración de esa reacción no son iguales en todas las personas.
Mientras algunas registran con rapidez la presión de los acontecimientos, otras parecen atravesarlos con menor inquietud. Incluso existe un grupo reducido que declara no haber sentido factores estresantes cotidianos durante varios días seguidos. La ausencia total de estrés no equivale necesariamente a un mayor bienestar ni a una mejor salud cognitiva.
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Esa diferencia es relevante porque obliga a distinguir entre el estrés agudo, que puede movilizar recursos ante un reto puntual, y la activación sostenida que desgasta al organismo. Así lo expuso National Geographic, basada en investigaciones de la psicóloga Susan Charles, de la Universidad de California en Irvine.
Las personas sin estrés pueden tener menos problemas crónicos, pero también dificultades cognitivas
El estrés constituye una reacción natural del cuerpo frente a cambios o desafíos, de acuerdo con Cleveland Clinic. Ante una amenaza percibida, el sistema nervioso autónomo activa la respuesta de lucha o huida, que puede acelerar la frecuencia cardíaca, la respiración y la tensión muscular. Harvard indicó que en ese proceso intervienen la amígdala, el hipotálamo, las glándulas suprarrenales y hormonas como la adrenalina y el cortisol.
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La respuesta puede resultar funcional cuando es breve y está ligada a una demanda concreta. La clínica estadounidense explicó que la tensión aguda puede mantener a una persona alerta y motivada, por ejemplo, ante un examen o una presentación laboral. El problema surge si los factores estresantes se mantienen durante semanas o meses, sin períodos suficientes de recuperación.
En ese contexto, la investigación de Susan Charles examinó datos del estudio longitudinal Midlife in the United States, conocido como MIDUS, que sigue la salud y el bienestar de sus participantes mediante encuestas y registros diarios. Según indicó National Geographic, en cada fase de esa investigación, el 10% de los participantes dijo no haber atravesado ningún factor estresante durante ocho días consecutivos.
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Charles y sus colegas encontraron que esas personas tendían a informar niveles más altos de felicidad y menos problemas de salud crónicos que la población general. Sin embargo, también presentaban señales de deterioro cognitivo: menor atención y concentración, dificultades de memoria a corto y largo plazo, menor capacidad para resolver problemas y problemas para inhibir conductas no deseadas.
El estudio también identificó rasgos comunes en el grupo que no informó estrés. Según recogió la revista, se trataba con mayor frecuencia de hombres mayores, solteros y con menor nivel educativo que quienes sí habían atravesado tensiones diarias. Además, realizaban menos actividades cotidianas vinculadas con el trabajo, el voluntariado o el apoyo emocional a otras personas, y pasaban más tiempo frente al televisor.
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Para la investigadora, ese perfil abre una pregunta sobre el peso de los vínculos sociales. Las relaciones pueden generar fricciones y preocupaciones, pero también funcionan como apoyo frente a la adversidad. Harvard señaló que una red de familiares, amistades, compañeros de trabajo o parejas puede ofrecer contención emocional y ayuda práctica durante situaciones de estrés prolongado.

Las diferencias individuales tampoco dependen de una sola causa. El doctor Redford Williams explicó a ABC News que algunas personas tienen una mayor predisposición a experimentar emociones negativas, como ansiedad, miedo, ira o tristeza, ante situaciones adversas. También indicó que una infancia en un entorno afectuoso y con apoyo positivo puede favorecer una mayor resistencia al estrés, mientras que la exposición a abuso, negligencia o tensiones intensas puede aumentar la sensibilidad en la adultez.
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National Geographic añadió que la genética, el temperamento, las experiencias previas y, de forma todavía preliminar, la diversidad de la microbiota intestinal pueden influir en cómo responde cada organismo.
El manejo del estrés: cómo enfrentarlo
La diferencia central no está en eliminar por completo toda reacción de estrés, sino en evitar que una activación prolongada se transforme en un desgaste físico y emocional. Harvard explicó que el estrés crónico mantiene en funcionamiento los mecanismos hormonales que preparan al cuerpo para responder a una amenaza, aun cuando no existe un peligro inmediato.
Con el tiempo, esa activación sostenida puede afectar distintos sistemas. De acuerdo con la institución educativa, la tensión crónica se asocia con hipertensión, formación de depósitos que obstruyen las arterias y cambios cerebrales vinculados con ansiedad, depresión y adicción. Cleveland Clinic señaló además que puede manifestarse con agotamiento, problemas de sueño, tensión muscular, molestias digestivas, irritabilidad, tristeza o ataques de pánico.
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La entidad sanitaria distinguió tres formas principales: el estrés agudo, que aparece y desaparece rápidamente; el estrés agudo episódico, que se repite con frecuencia; y el estrés crónico, que se prolonga durante semanas o meses. Esta última forma puede estar relacionada con dificultades laborales, económicas, familiares o de pareja.
Frente a ese escenario, la casa de estudios mencionó técnicas que buscan activar la respuesta de relajación, como la respiración abdominal profunda, la concentración en palabras tranquilizadoras, la visualización, la oración repetitiva, el yoga y el tai chi. La universidad aclaró que estas estrategias no representan una solución única para todos los casos, aunque algunas investigaciones han evaluado su utilidad en personas con hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
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Cleveland Clinic incluyó la actividad física, el descanso adecuado, la alimentación, la organización de metas y el contacto con personas de confianza entre las estrategias cotidianas para afrontar la respuesta. También indicó que la consulta con un profesional de la salud o de salud mental puede ser necesaria cuando la sensación de desborde persiste, afecta la salud física o se recurre al alcohol o a otras sustancias para sobrellevarla.
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