
La Copa del Mundo 2026 ya está en marcha, y con ella vuelven los golazos, entre ellos los tiros que parecen cambiar de dirección después de salir del pie. Detrás de ese fenómeno hay una razón precisa: la interacción entre la pelota, el giro que le imprime el jugador y el aire que la rodea, una combinación que, según la revista Wired, explica por qué un tiro puede curvarse, desviarse y engañar al arquero.
Lionel Messi, como demostró en el debut de Argentina ante Argelia, es uno de los jugadores que mejor domina ese recurso: sus remates desde fuera del área combinan potencia con una trayectoria que parece cambiar de rumbo en pleno vuelo.
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La clave no está solo en la potencia. Un profesional puede impulsar la pelota a 130 km/h, y a esa velocidad la resistencia del aire deja de ser un factor secundario: si la velocidad se duplica, la fuerza de arrastre se cuadruplica, lo que modifica la trayectoria mucho más de lo que sugiere la intuición.
La explicación pertenece al terreno de la dinámica de fluidos, la rama de la física que estudia cómo se comportan los objetos dentro de un fluido. El aire cuenta como uno de ellos, porque fluye y ejerce fuerzas sobre la pelota durante su recorrido.
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Sin aire, la pelota no se curva: solo sigue la gravedad
Para entender qué ocurre en un tiro con efecto, el articulo parte de un caso extremo: un partido en el espacio, sin aire ni gravedad. En ese escenario, el pie solo actúa mientras toca la pelota, un contacto que dura cerca de una centésima de segundo. Cuando la pelota pierde contacto con el pie, deja de recibir empuje. Desde ese momento, seguiría moviéndose en línea recta y a velocidad constante indefinidamente, una aplicación directa de la primera ley de Newton.
Si se traslada el experimento a una Tierra sin atmósfera, aparece una segunda fuerza: la gravedad. Su valor se expresa como Fg = m × g, donde m es la masa de la pelota y g equivale a 9,8 m/s², la aceleración gravitatoria terrestre. Esa fuerza actúa de forma continua después del remate.
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Por eso, si la pelota sale con un ángulo ascendente, su velocidad vertical disminuye, se anula en el punto más alto y luego se invierte, mientras la velocidad horizontal se mantiene constante porque no hay una fuerza que la frene.
El resultado es la trayectoria parabólica de cualquier proyectil sin propulsión. Ese principio explica por qué una pelota, una bala de cañón o una pelota de básquet comparten el mismo esquema básico de movimiento cuando la única fuerza relevante es la gravedad, detalló la revista.

El aire frena la pelota y el efecto cambia su dirección
En la Tierra real, el aire altera por completo esa imagen ideal. A medida que la pelota avanza, choca con una gran cantidad de moléculas y cada impacto añade una pequeña fuerza en sentido contrario al movimiento; la suma de todas produce la resistencia del aire.
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Ese arrastre aumenta con el tamaño del objeto y con su velocidad. Por eso, en un saque suave desde la banda puede ser casi irrelevante, pero en un remate fuerte se vuelve decisivo, hasta el punto de acortar el alcance del tiro frente al que tendría en ausencia de atmósfera.
La explicación de por qué un tiro imposible se dobla está en el efecto que el jugador le imprime a la pelota, cuyo giro modifica la forma en que el aire circula a su alrededor. Ese fenómeno se conoce como fuerza de Magnus: cuando la pelota gira, parte del aire cercano a su superficie es arrastrado en la dirección de la rotación, lo que altera el flujo en un lado y en el otro, y esa diferencia produce una fuerza neta.
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Si el remate sale descentrado, la pelota rota sobre un eje y esa fuerza actúa de manera lateral o vertical, capaz de cambiar su ruta en pleno vuelo.
Cuando el jugador le imprime a la pelota un giro hacia atrás respecto a su dirección de avance, la fuerza de Magnus empuja hacia arriba y compensa parcialmente la gravedad. Según la revista, en ese caso la pelota llega más lejos porque cae más tarde de lo que haría sin ese giro. Para curvar un tiro hacia un costado, el principio es el mismo, pero el eje de giro cambia: en lugar de ser horizontal, pasa a ser vertical.
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La intensidad de este efecto depende de varios factores: el tamaño de la pelota, la textura de su superficie, su velocidad de rotación y la velocidad de traslación.

Gravedad, arrastre y giro: tres recorridos
Para ilustrar la diferencia entre cada escenario, el autor del artículo explicó que programó un modelo en Python con tres pelotas lanzadas con el mismo ángulo y la misma velocidad inicial. La primera, en color rojo, solo estaba sometida a la gravedad; la segunda, en azul, a la gravedad más la resistencia del aire; y la tercera, en magenta, a ambas fuerzas junto con el giro.
En esa comparación, la pelota roja seguía la parábola clásica. La azul caía antes porque el arrastre reducía su velocidad horizontal, mientras que la magenta añadía la desviación producida por la fuerza de Magnus, la base física del efecto lateral.
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De acuerdo con la revista, eso es lo que permite golpearla con la violencia y la desviación que se asocian a Lionel Messi. La jugada que parece un truco es, en realidad, el resultado combinado de la gravedad, la resistencia del aire y una pelota golpeada fuera de su centro.
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