
En un avance que podría cambiar el abordaje del cáncer de páncreas, científicos del Salk Institute y el Dana-Farber Cancer Institute identificaron una posible forma de debilitar parte de la resistencia natural de este tumor.
El trabajo, publicado en la revista Nature Cancer, mostró que combinar paricalcitol —un compuesto derivado de la vitamina D— con quimioterapia convencional modificó el entorno que rodea a las células malignas, facilitando tanto la llegada de los fármacos como el acceso del sistema inmunitario.
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“Este estudio adopta un enfoque novedoso para intentar romper la resistencia terapéutica en el cáncer de páncreas”, señaló Ronald Evans, profesor y presidente de Biología Molecular y del Desarrollo en el Salk Institute. “Al utilizar análogos de vitamina D para activar los mecanismos naturales del organismo que reducen las respuestas fibróticas e inflamatorias, podemos permitir que otras terapias hagan mejor su trabajo”.

Los resultados también sugieren que algunas personas podrían beneficiarse especialmente de esta estrategia según la cantidad de receptores de vitamina D presentes en sus células. Según los investigadores, el paricalcitol no equivale a consumir suplementos comunes de vitamina D, sino que se trata de un fármaco diseñado específicamente para actuar sobre este receptor celular.
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El hallazgo cobra relevancia porque el cáncer de páncreas es una de las enfermedades oncológicas más difíciles de tratar. Muchas veces, la quimioterapia no falla porque los medicamentos sean ineficaces, sino porque directamente no consiguen penetrar adecuadamente en el tejido tumoral.
Aunque representa alrededor del 3% de todos los diagnósticos oncológicos, concentra cerca del 8% de las muertes por cáncer, según datos de la American Cancer Society. Su agresividad y la dificultad para detectarlo en etapas tempranas explican por qué mantiene uno de los peores pronósticos entre los grandes tumores.
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Muchos pacientes reciben el diagnóstico cuando la enfermedad ya se encuentra avanzada y las opciones terapéuticas son limitadas, lo que ayuda a explicar por qué sigue siendo uno de los cánceres más letales. A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se registran más de 510.000 nuevos casos y casi 470.000 fallecimientos asociados a esta enfermedad.
En ese contexto, cualquier estrategia capaz de mejorar la eficacia de los tratamientos actuales despierta gran interés entre los investigadores.
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El microambiente tumoral como obstáculo terapéutico
Uno de los rasgos más complejos de esta enfermedad es que suele desarrollarse dentro de una estructura extremadamente densa compuesta por tejido conectivo y fibroblastos, células encargadas de producir soporte alrededor de la masa tumoral.
Ese entorno funciona como una barrera física y química que dificulta el ingreso de medicamentos y limita la acción de las defensas naturales del organismo.
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Se puede imaginar el tumor como una fortaleza rodeada de muros gruesos. Aunque los medicamentos circulen por el organismo, muchas veces no logran atravesar esa barrera ni llegar a las células cancerosas en cantidades suficientes. Según los investigadores, el paricalcitol ayudaría a volver ese entorno menos compacto y más accesible para los tratamientos y las células inmunitarias.
Qué observaron en los pacientes
La investigación incluyó a 36 personas con enfermedad metastásica que todavía no habían recibido terapia previa. Los participantes fueron tratados con gemcitabina y nab-paclitaxel —dos medicamentos utilizados habitualmente para frenar el crecimiento y la división de células cancerosas— junto con placebo, paricalcitol intravenoso o paricalcitol oral.
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El objetivo principal era evaluar la seguridad de la combinación. En general, el perfil de tolerancia fue aceptable, aunque algunos participantes que recibieron la formulación oral desarrollaron hipercalcemia leve, un aumento de calcio en sangre que pudo corregirse ajustando la dosis.

Pero además de estudiar seguridad, los investigadores querían entender qué cambios ocurrían dentro del tejido afectado.
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Para eso realizaron biopsias antes y después del tratamiento y analizaron modificaciones celulares mediante técnicas avanzadas de imagen y transcriptómica espacial, una herramienta que permite detectar qué genes permanecen activos en distintas regiones del tejido.
Reducción de fibroblastos y mayor infiltración de células T
El análisis reveló que el derivado de vitamina D disminuía la activación de fibroblastos vinculados con la progresión tumoral. Esto resulta relevante porque esas células ayudan a construir el entorno protector que favorece la resistencia terapéutica.
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Además, los científicos detectaron un mayor ingreso de células T —fundamentales para la respuesta inmunitaria— en zonas que normalmente permanecían prácticamente inaccesibles.

Los resultados validaron la posibilidad de utilizar paricalcitol como una terapia capaz de remodelar el microambiente tumoral. En términos simples, el 42% de los pacientes que recibieron el derivado de vitamina D respondió mejor a la quimioterapia, frente al 9% de quienes recibieron placebo.
Después de un año, cinco pacientes tratados con paricalcitol seguían sin progresión de la enfermedad. En el grupo control, ninguno alcanzó ese resultado.
El papel del receptor de vitamina D
La investigación se apoya en años de trabajo liderados por Evans y su equipo sobre los llamados receptores nucleares, proteínas capaces de regular la actividad genética y controlar procesos vinculados con inflamación, fibrosis y comportamiento celular.
Entre ellos aparece el receptor de vitamina D, asociado con la actividad de los fibroblastos que rodean las lesiones pancreáticas. Experimentos previos en animales ya habían mostrado que activar este receptor podía “reprogramar” esas células y transformar un entorno hostil en uno más vulnerable a la acción terapéutica.

El nuevo ensayo aporta ahora evidencia en humanos de que esa estrategia también podría tener utilidad clínica. Los investigadores observaron además que los pacientes con mayores niveles del receptor de vitamina D mostraron mejores respuestas a la quimioterapia y una supervivencia más prolongada.
Hacia terapias más personalizadas
Los autores creen que uno de los próximos pasos será confirmar si el nivel del receptor de vitamina D puede utilizarse como biomarcador para identificar qué personas responderían mejor a este enfoque.
Eso permitiría avanzar hacia tratamientos más personalizados para una enfermedad que todavía presenta tasas de supervivencia muy bajas.
Aunque remarcan que aún se necesitan estudios más amplios, los hallazgos abren una nueva vía para enfrentar uno de los mayores obstáculos del cáncer de páncreas: su extraordinaria capacidad para bloquear la acción terapéutica.

“Este estudio representa un paso importante para el uso de análogos de vitamina D como terapia de remodelación del estroma capaz de superar la resistencia terapéutica”, afirmó Kimberly Perez, investigadora del Dana-Farber Cancer Institute.
Según explicó, los resultados “validan hallazgos preclínicos en pacientes y ofrecen una hoja de ruta para futuras investigaciones que podrían establecer un nuevo estándar de tratamiento”. Más que destruir directamente las células malignas, la estrategia apunta a modificar el terreno que las protege.
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