
Durante el día, el cuerpo procesa los alimentos, regula la glucosa y gestiona la energía siguiendo ritmos biológicos bastante precisos. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que esas funciones no se mantienen estables a lo largo de las 24 horas.
Investigadores de la Universidad de Oxford demostraron que la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés) presenta un patrón diario definido, con un deterioro del funcionamiento metabólico y un aumento de la acumulación de grasa en el hígado durante la noche.
Este trastorno, antes conocido como hígado graso no alcohólico, es actualmente la afección hepática más común en el mundo y se vincula estrechamente con el exceso de peso y la resistencia a la insulina, una situación en la que el organismo no utiliza correctamente esta hormona encargada de regular el azúcar en sangre.

En sus formas avanzadas, puede derivar en cicatrices permanentes del hígado (cirrosis), insuficiencia del órgano, cáncer hepático y un mayor riesgo cardiovascular, lo que refuerza la importancia de comprender cómo progresa.
Ritmos biológicos y procesamiento de nutrientes
La investigación, publicada en la revista Cell Metabolism y dirigida por el doctor Thomas Marjot, analizó el funcionamiento del metabolismo en distintos momentos del día y la noche en personas con y sin MASLD.
Para ello, el equipo utilizó biopsias, análisis de sangre y pruebas especiales que permiten evaluar cuán eficazmente responde el cuerpo a la insulina y cómo se transforma la energía proveniente de los alimentos.

Los datos mostraron que, en el período nocturno, el hígado incrementa la producción de grasa, mientras que la capacidad del organismo para manejar el azúcar se reduce no solo en ese órgano, sino también en los músculos y en el tejido adiposo del abdomen. Además, se detectaron niveles más bajos de insulina circulante, lo que facilita que los lípidos se acumulen con mayor rapidez.
Este comportamiento está relacionado con el ritmo circadiano, el reloj interno que regula funciones como el sueño, la temperatura corporal y el uso de la energía. Cuando estos ciclos se alteran o no coinciden con los hábitos de alimentación, pueden aparecer desajustes metabólicos.
El horario de las comidas, un factor clave
Otro punto relevante fue la distribución diaria de las calorías. El estudio registró que muchas personas con MASLD consumen una parte significativa de su energía al final del día, especialmente en la cena. En promedio, más del 40% de las calorías se ingiere en ese tramo horario, justo cuando el organismo tiene menor capacidad para procesar grasas y azúcares.
Esta coincidencia genera una especie de “doble impacto”: se recibe una carga elevada de nutrientes en el momento en que los mecanismos de regulación están menos activos. Según los autores, esta combinación podría acelerar el avance de la enfermedad.

Por este motivo, los investigadores sugieren que las estrategias de tratamiento podrían considerar no solo qué se come, sino también cuándo. Entre las propuestas se incluyen reducir el tamaño de las comidas nocturnas, ajustar el horario del ejercicio y evaluar el momento óptimo para la administración de ciertos medicamentos.
Alteraciones que persisten pese a la pérdida de peso
Un hallazgo que llamó la atención del equipo fue que los cambios metabólicos nocturnos no desaparecieron por completo incluso después de que los participantes redujeran su peso y la cantidad de grasa en el hígado. Tras programas de adelgazamiento de 12 semanas, algunos indicadores mejoraron, pero la desregulación durante la noche continuó presente.

Esto sugiere que estos desajustes podrían aparecer en etapas tempranas y no ser solo una consecuencia del exceso de grasa hepática. En otras palabras, el problema nocturno podría formar parte del origen del trastorno y no limitarse a sus fases avanzadas.
Marjot indicó que este comportamiento persistente refuerza la idea de que los ritmos metabólicos juegan un papel central en el desarrollo de la enfermedad, más allá de los cambios en el peso corporal.
Implicancias para la prevención y el tratamiento
El trabajo advierte que uno de los hábitos más perjudiciales en personas con MASLD es consumir grandes cantidades de alimentos poco antes de acostarse. En ese momento, el cuerpo tiene menor capacidad para procesar nutrientes, lo que favorece la acumulación de grasa.
Un participante del estudio, Rowan Waller, relató que tras detectar valores elevados en análisis hepáticos comenzó a prestar mayor atención a sus rutinas. Luego de completar el programa de descenso de peso, afirmó que modificó especialmente sus horarios de comida y redujo el consumo nocturno de alimentos ricos en grasa.

Desde el ámbito académico, la profesora Rachel Upthegrove, del NIHR Oxford Health BRC, destacó que este tipo de estudios en humanos permite comprender mejor cómo los ritmos biológicos influyen en el daño metabólico y pueden orientar nuevas estrategias terapéuticas no solo para la MASLD, sino también para afecciones como obesidad, resistencia a la insulina y diabetes.
Según la Universidad de Oxford, estos resultados refuerzan la idea de que los trastornos metabólicos no dependen únicamente de la cantidad de comida o del peso corporal, sino también de la sincronización entre los hábitos diarios y el funcionamiento interno del organismo.
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