
¿Cómo logra el cerebro que miles de millones de células se conecten con exactitud, sin errores de “cableado”, para que podamos pensar, movernos y percibir el mundo? Un equipo de la Ohio State University acaba de identificar un mecanismo molecular clave que explica cómo dos tipos específicos de neuronas establecen contactos precisos entre sí.
El hallazgo, publicado en la revista The Journal of Neuroscience, abre nuevas oportunidades para comprender trastornos neurológicos y psiquiátricos asociados a fallas en la conectividad cerebral.
En términos simples, los investigadores describen un sistema comparable a un “apretón de manos” molecular, una especie de contraseña biológica que permite que una célula reconozca exactamente a la otra antes de conectarse.

Cuando ese reconocimiento funciona correctamente, los circuitos cerebrales se organizan de manera ordenada; cuando falla, el equilibrio del sistema puede alterarse.
El “apretón de manos” molecular que regula los circuitos cerebrales
El estudio se centra en la interacción entre proteínas que posibilitan la formación de sinapsis, es decir, los puntos de contacto entre neuronas. Según Yasufumi Hayano, autor principal de la investigación, “estas interneuronas inhibitorias dan forma y equilibran la actividad del circuito local; son moduladores y coordinadores, los directores de orquesta”.
Las protagonistas del hallazgo son las llamadas células chandelier, un tipo especial de interneuronas inhibitorias. Aunque son pocas en número, cumplen un rol decisivo: controlan la actividad de las neuronas piramidales, que son las encargadas de transmitir señales excitatorias y funcionan como una de las principales vías de salida de la información en el cerebro.

Una manera sencilla de imaginarlo es pensar en una ciudad: las neuronas piramidales serían las grandes avenidas por donde circula el tránsito principal, mientras que las células chandelier actuarían como los semáforos que regulan el flujo para evitar choques y tráfico. Sin ese control fino, el sistema pierde estabilidad.
El avance central del equipo de Ohio State University fue identificar cómo las células chandelier logran conectarse siempre en un punto muy preciso de las neuronas piramidales: el segmento inicial del axón, una región clave para decidir si la neurona se activa o no.
Este contacto se produce gracias a la acción conjunta de tres proteínas que operan como un sistema de “llave y cerradura”. La gliomedina, presente en las células chandelier, envía la señal correcta; CNTNAP4, en la superficie celular, la reconoce; y la Neurofascina-186, ubicada en el axón, indica el lugar preciso donde debe concretarse el encuentro. Solo cuando estas tres piezas encajan, la conexión se forma de manera estable.

En los experimentos realizados con ratones, los científicos observaron que, al eliminar el gen de la gliomedina, las células chandelier pierden la capacidad de formar conexiones eficientes con las neuronas piramidales.
Es como si una de las partes del “apretón de manos” desapareciera: la identificación falla y la conexión no se concreta correctamente. La universidad remarcó que el reconocimiento mutuo entre estas tres moléculas resulta indispensable para que los circuitos neuronales inhibitorios se desarrollen de manera adecuada.
Implicaciones en trastornos neurológicos y potencial terapéutico
Uno de los aspectos más llamativos es la influencia desproporcionada que ejercen las células chandelier. Aunque son pocas, actúan como verdaderos reguladores del tráfico cerebral: ajustan cuándo y cómo se activan las neuronas piramidales, mantienen el equilibrio entre excitación e inhibición y previenen desajustes que podrían afectar el funcionamiento normal del cerebro.
Cuando ese equilibrio se rompe, pueden aparecer distintos trastornos. Según Ohio State University, alteraciones en este “apretón de manos” molecular se vincularon con epilepsia, autismo, esquizofrenia y depresión. En todos estos casos, la pérdida de coordinación entre interneuronas inhibitorias y neuronas piramidales aparece como un factor común.

Comprender con mayor detalle cómo funciona este mecanismo permite investigar no solo qué falla en estos cuadros, sino también dónde podría intervenirse. Hiroki Taniguchi, investigador sénior del estudio, destacó el potencial terapéutico del descubrimiento. Para el especialista, conocer cómo se forman estos contactos específicos puede facilitar el desarrollo de tratamientos dirigidos a restaurar circuitos cerebrales alterados.
Los resultados refuerzan la importancia de las proteínas gliomedina, CNTNAP4 y Neurofascina-186 en la construcción de conexiones precisas dentro del cerebro. A partir de estos hallazgos, el equipo considera posible que futuras investigaciones identifiquen nuevos blancos terapéuticos para patologías neurológicas complejas.
Entender cómo el cerebro establece este tipo de “acuerdos” moleculares es un primer paso para diseñar estrategias que permitan corregir fallas en la conectividad, un aspecto central en numerosas enfermedades que afectan la función cerebral.
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