
Un simple gesto puede transformar una conversación, sellar una alianza, disuadir un conflicto o revelar un secreto sin palabras. Desde la sonrisa más leve hasta la mueca más efímera, las expresiones faciales constituyen el lenguaje universal con el que los seres humanos y los primates transmiten emociones, jerarquías e intenciones.
Pero, ¿cómo logra el cerebro orquestar esta sinfonía de músculos y emociones en fracciones de segundo? Por primera vez, la ciencia revela que la respuesta está en una red cerebral más compleja y coordinada de lo que se pensaba.
Un cambio de paradigma en la neurociencia facial
Investigadores identificaron una red cortical esencial para la producción de gestos faciales y demostraron que distintas regiones cerebrales actúan de manera coordinada en la codificación de señales emocionales. Este hallazgo redefine la comprensión del control facial y sienta las bases para nuevas tecnologías de comunicación asistida. Es decir, que lograron identificar cuáles son los mecanismos que sirven para que los humanos puedan hacer gestos con la cara y expresar emociones.

Según estudios de Rockefeller University publicados en la revista Science, las expresiones faciales no dependen de áreas cerebrales aisladas, sino de una red distribuida que integra múltiples regiones. Este avance desafía el modelo clásico, que atribuía funciones independientes a cada zona, y aporta una visión más unificada para entender tanto la comunicación social como el desarrollo de interfaces cerebro-máquina.
Las expresiones faciales resultan esenciales para transmitir emociones, intenciones y jerarquías en humanos y primates. De acuerdo con la Universidad Rockefeller, estos gestos constituyen señales que facilitan la comprensión mutua y la construcción de relaciones complejas.
La arquitectura cerebral de la expresión
El estudio, dirigido por Winrich Freiwald, marca un cambio de paradigma. Mientras la percepción facial se asociaba a rutas cerebrales especializadas, el origen y control de los gestos faciales permanecía poco claro. Freiwald explicó que se ha alcanzado una comprensión más profunda sobre el control neuronal de estos gestos.

Durante años se sostuvo que los gestos voluntarios, como masticar, dependían de la corteza frontal lateral, y los gestos emocionales, como sonreír espontáneamente, de la medial. El nuevo trabajo, según Science, demuestra que este esquema es insuficiente. Varias áreas cerebrales conforman una red distribuida que participa en conjunto en todos los tipos de gestos, tanto emocionales como voluntarios.
El equipo utilizó imágenes por resonancia magnética funcional y registros directos de actividad cerebral en macacos para identificar las regiones implicadas. Detectaron la corteza motora primaria, la corteza premotora ventral, la corteza cingulada motora y la corteza somatosensorial primaria como partes clave de esta red, según la Universidad Rockefeller.
Dinámica y precisión en la gestualidad
Al analizar la dinámica neuronal, los investigadores observaron que cada zona cerebral opera a distintas velocidades y con diferentes grados de estabilidad. Geena Ianni, coautora del estudio, detalló que las regiones laterales, como la corteza motora primaria, presentan códigos neuronales veloces y cambiantes, mientras que áreas mediales, como la corteza cingulada motora, muestran patrones estables y prolongados.

Science describe que esta jerarquía temporal permite que los gestos faciales sean precisos y adaptables al contexto, ya que los códigos neuronales anticipan y ajustan la ejecución según la situación. Así, la producción de gestos resulta flexible y dinámica, alejándose de la idea de rutas cerradas e independientes.
El trabajo incluyó tres clases de gestos: movimientos amenazantes, besuqueo de labios y masticar. Los dos primeros son relevantes en la vida social y emocional de los primates, mientras que el último corresponde a una acción voluntaria sin carga social. Según la Universidad Rockefeller, en todos los casos, las regiones cerebrales actuaron de forma colectiva, aunque cada una empleó estrategias temporales propias.
De la ciencia básica a la innovación tecnológica
Los resultados implican una ruptura con las teorías tradicionales del control motor facial. “Las regiones motoras faciales del córtex participaron ampliamente y por igual en todos los tipos de gestos, lo que contradice la visión clásica”, señala el artículo en Science.

Estas conclusiones tienen aplicaciones directas en el diseño de interfaces cerebro-máquina capaces de traducir señales cerebrales en movimientos o expresiones artificiales. Freiwald destacó el potencial de estas tecnologías para restaurar la comunicación en personas con daño cerebral y subrayó que decodificar las señales faciales representa un reto mayor que controlar extremidades artificiales.
El equipo plantea nuevas líneas de investigación para estudiar la percepción y la expresión facial de manera simultánea. Comprender el vínculo entre emociones y señales motoras permitirá desarrollar terapias y dispositivos orientados a lograr una comunicación artificial más cercana a la natural.
Cada avance en la neurociencia de la comunicación facial constituye una oportunidad para devolver autonomía comunicativa a pacientes con lesiones cerebrales.
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