
Nuevas investigaciones exploran la compleja relación entre microorganismos, células inmunitarias y la respuesta a los tratamientos en oncología. Un reciente hallazgo de Cleveland Clinic revela que una abundante presencia de bacterias en los tumores de cáncer de cabeza y cuello actúa como una barrera para el éxito de la inmunoterapia.
Esta observación modifica la visión actual sobre las causas de la resistencia al tratamiento y abre la puerta a terapias más personalizadas.
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Para entender este fenómeno, es útil imaginar el tumor como un vecindario en el que, además de las células cancerígenas, viven bacterias. Así como ciertos vecinos ruidosos pueden alterar la convivencia y dificultar el trabajo de la policía local, la presencia de estos microorganismos “perturba” el ambiente y dificulta la acción de las células inmunitarias encargadas de eliminar el tumor.
Estudios simultáneos confirman el vínculo entre bacterias y resistencia a la inmunoterapia
En dos investigaciones publicadas a la vez en Nature Cancer, el equipo de Cleveland Clinic dirigido por Timothy Chan, junto con Daniel McGrail y Natalie Silver, en colaboración con Renata Ferrarotto del MD Anderson Cancer Center, demostró que los tumores con altos niveles de bacterias se resisten más a la inmunoterapia.
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El mecanismo es similar a cuando una multitud impide el paso a los bomberos que intentan apagar un incendio. En este caso, los tumores con una gran carga bacteriana atraen neutrófilos, células inmunitarias que, en lugar de ayudar, terminan bloqueando la acción de otras células responsables de atacar el tumor. Así, la respuesta inmunitaria adaptativa —clave para la eficacia de la inmunoterapia— queda limitada.
Chan explicó que este descubrimiento desplaza la atención de los factores genéticos, tradicionalmente estudiados, hacia el microbioma tumoral: “Estamos abriendo la puerta a nuevas estrategias para la selección de pacientes y terapias antibióticas dirigidas”.
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Validación experimental en modelos preclínicos y ensayos clínicos
Para asegurar que este fenómeno no depende solo del tipo de bacteria, McGrail analizó muestras tumorales de distintos pacientes y observó que, sin importar la cepa bacteriana, cuando la cantidad de bacterias era alta, la respuesta inmunitaria se debilitaba.
Por su parte, Silver comprobó en modelos experimentales que el uso de antibióticos reducía el tamaño del tumor y mejoraba la respuesta inmune, mientras que, al añadir bacterias, los tumores volvían a ser resistentes a la inmunoterapia. En colaboración con Ferrarotto, también analizaron muestras de ensayos clínicos en pacientes: aquellos con mayor carga bacteriana obtenían peores resultados al recibir inmunoterapia.
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Un dato relevante surge del estudio Javelin HN100, un ensayo fase III que investigó qué ocurría al añadir inmunoterapia anti-PDL1 a la quimiorradioterapia estándar (un tratamiento que reactiva al sistema inmunológico para que pueda reconocer y atacar al tumor). El resultado fue claro: los pacientes con mucha carga bacteriana tuvieron menos éxito con la inmunoterapia que quienes recibieron solamente el tratamiento convencional.
Implicancias clínicas: combinar antibióticos e inmunoterapia
Las consecuencias clínicas de estos hallazgos son significativas. Así como en un jardín plagado de maleza primero hay que limpiar para que las plantas crezcan, estos resultados sugieren que combinar antibióticos con inmunoterapia podría mejorar la eficacia del tratamiento.
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“Nuestro estudio examina cómo las bacterias influyen en el fracaso del tratamiento. Esto puede ayudar a identificar a los pacientes más propensos a beneficiarse de la inmunoterapia, con el objetivo de evitar riesgos y exposición innecesarios”, explicó Silver.

Al mismo tiempo, McGrail investiga por qué algunos tumores acumulan más bacterias y cómo estas influyen en el desarrollo del cáncer. Chan estudia si las bacterias pueden favorecer mutaciones en el ADN tumoral. Desde Cleveland Clinic se destaca la importancia de comprender y modificar la presencia bacteriana en los tumores para lograr mejores resultados terapéuticos.
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Al profundizar en el papel del microbioma tumoral en la resistencia a la inmunoterapia, estos estudios, según McGrail, representan “un paso significativo hacia adelante en la comprensión de las complejas interacciones entre el cáncer y el sistema inmune”.
Esta línea de investigación impulsada por Cleveland Clinic amplía las opciones en el tratamiento del cáncer de cabeza y cuello y establece un fundamento para el desarrollo futuro de intervenciones más adaptadas a las necesidades individuales de los pacientes.
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