
La creatividad, especialmente a través de la improvisación musical, revela un funcionamiento cerebral mucho más dinámico y flexible de lo que se pensaba. Un estudio difundido por Muy Interesante logró observar en tiempo real cómo las redes neuronales se reorganizan según el grado de libertad creativa que tiene una persona.
Utilizando como laboratorio la música interpretada por pianistas de jazz durante sesiones controladas de improvisación, la investigación demuestra que crear implica la coordinación simultánea de múltiples procesos mentales, alejándose de la idea de una única “área creativa” en el cerebro. El estudio fue publicado en la revista Annals of the New York Academy of Sciences.
Creatividad en acción: el laboratorio del jazz
Analizar la creatividad es uno de los grandes desafíos para la ciencia. No responde a órdenes ni sigue patrones fijos: surge cuando pensamos, sentimos, decidimos y actuamos a la vez. Tradicionalmente, los experimentos se basaron en tareas simples, como resolver acertijos, que solo reflejan parcialmente la creatividad real. Por eso, sigue siendo difícil determinar cuándo y cómo se activa este proceso en el cerebro.

El jazz fue elegido como campo de estudio por su equilibrio entre estructura y libertad. Este género musical impone reglas armónicas, pero invita a cada intérprete a tomar decisiones únicas e inesperadas en cada momento. Así, la creatividad puede observarse como un proceso dinámico, en desarrollo constante.
16 pianistas de jazz experimentados participaron en el estudio. Cada uno interpretó el estándar “Days of Wine and Roses” de tres maneras: de memoria, improvisando sobre la melodía y, finalmente, improvisando libremente sobre la base de acordes.
Durante estas tareas, se registró la actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional, permitiendo identificar no solo qué áreas se activaban, sino cómo funcionaban como redes dinámicas en tiempo real. Además, se analizaron parámetros musicales objetivos: cantidad de notas, variedad y previsibilidad de las interpretaciones.

Los resultados musicales fueron claros: quienes improvisaron libremente generaron líneas más densas y diversas, con mayor número de notas y menor previsibilidad. Esto mostró que el cerebro explora más alternativas musicales en poco tiempo, aportando mayor sorpresa y riqueza sonora. Las repeticiones automáticas y los patrones fijos disminuyeron, reflejando un aumento en la exploración creativa y la capacidad de combinar ideas novedosas.
Para ilustrarlo, los investigadores explican que, durante una improvisación libre, un pianista puede decidir en fracciones de segundo cambiar el ritmo, alterar una nota esperada o introducir una variación armónica inesperada. En ese instante, el cerebro no sigue una secuencia predefinida, sino que evalúa múltiples opciones posibles y selecciona una en tiempo real, reorganizando sus redes neuronales mientras la música avanza.
Reorganización cerebral: la clave de la creatividad
Desde el punto de vista neurológico, el estudio concluye que no existe una sola “red creativa” fija. En función de la tarea, el cerebro alterna entre diferentes patrones de activación. Durante la interpretación memorizada, predominan los circuitos de placer y recompensa, lo que explica por qué tocar música resulta tan motivador.
Al pasar a la improvisación, se activan regiones relacionadas con la audición, el movimiento y una atención flexible, estableciendo un “modo improvisación” donde la percepción y la ejecución se enlazan de manera directa.

En las sesiones de improvisación totalmente libre, algunas redes vinculadas al control consciente y la reflexión disminuyeron su actividad. Esto indica que, en contextos de máxima creatividad, el cerebro favorece una respuesta fluida y adaptable, reduciendo la supervisión constante para permitir decisiones más rápidas y eficaces.
Estos hallazgos muestran que la creatividad no depende de una región cerebral específica, sino de la capacidad de reorganizar dinámicamente distintos sistemas neuronales según las exigencias del entorno. El acto creativo es, en esencia, el paso flexible entre modos de funcionamiento cerebral, priorizando a veces la acción espontánea sobre el control consciente.
Aunque el estudio se centró en músicos, Muy Interesante subraya que estos mecanismos pueden aplicarse a otros ámbitos creativos, como la resolución de problemas, la escritura o situaciones cotidianas que requieren respuestas innovadoras. Así, la improvisación musical se convierte en una vía privilegiada para comprender los principios neurobiológicos de la creatividad y entender cómo el cerebro genera soluciones originales tanto en contextos excepcionales como rutinarios.
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