
Los seres humanos han conservado a lo largo de la evolución ciertos rasgos anatómicos que, aunque parecen haber perdido su función original, aún pueden revelar aspectos inesperados de la biología. Entre ellos, los músculos auriculares, responsables del movimiento de las orejas en muchos mamíferos, han sido considerados vestigiales durante millones de años.
Sin embargo, un estudio reciente publicado en Frontiers in Neuroscience sugiere que estos músculos todavía se activan cuando la concentración va dirigida a sonidos específicos en entornos ruidosos. A pesar de que no se permiten mover las orejas de manera visible, su actividad podría estar relacionada con el esfuerzo auditivo y la capacidad de focalizar la atención en ciertos estímulos sonoros.
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El estudio, dirigido por investigadores de la Universidad de Saarland en Alemania, analizó cómo los músculos auriculares reaccionan cuando una persona intenta escuchar un sonido en condiciones desafiantes. Para ello, los científicos colocaron electrodos en los músculos auriculares de 20 participantes sin problemas auditivos y les pidieron que escucharan un audiolibro mientras se reproducían sonidos distractores en distintos niveles de dificultad.
En los niveles más fáciles, el ruido de fondo era más bajo y tenía características claramente diferentes a la voz de la narración. En los más difíciles, los sonidos distractores eran más fuertes y se asemejaban más a la voz del audiolibro, lo que complicaba la tarea de separar la información relevante del ruido ambiente.
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El equipo de investigación utilizó electromiografía (EMG), una técnica que mide la actividad eléctrica en los músculos, para observar el comportamiento de los músculos auriculares en cada situación. Los resultados mostraron que dos músculos específicos, el superior auricular (SAM) y el posterior auricular (PAM), reaccionaban de manera diferenciada según las condiciones del experimento.
Mientras que el posterior auricular respondía principalmente a la dirección de los sonidos, el otro aumentaba su actividad a medida que la tarea auditiva se volvía más difícil. En otras palabras, el cerebro parece activar estos músculos cuando se necesita esforzarse más para escuchar un sonido en medio del ruido.
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Andreas Schröeer, coautor del estudio, mencionó en diálogo con Popular Science, que “estos músculos, particularmente el superior auricular, exhiben mayor actividad durante tareas auditivas difíciles, lo que sugiere que podrían estar involucrados en un mecanismo de esfuerzo atencional”. En otras palabras, aunque su papel en la audición no sea tan evidente como en otros animales, podrían seguir desempeñando una función sutil en la forma en que procesamos los sonidos.

Desde una perspectiva evolutiva, se estima que los seres humanos perdieron la capacidad de mover sus orejas hace unos 25 millones de años.
En muchos animales, los músculos auriculares permiten orientar las orejas hacia la fuente de un sonido, mejorando la percepción auditiva y facilitando la localización del estímulo. Sin embargo, en los ancestros primates, la evolución favoreció un desarrollo más avanzado de la visión y la comunicación vocal, reduciendo la necesidad de mover las orejas para captar sonidos.
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Como resultado, los músculos auriculares se atrofiaron y su función se volvió prácticamente irrelevante. Aun así, los datos de este estudio sugieren que el sistema auriculomotor humano no ha desaparecido por completo y que todavía responde a estímulos auditivos, aunque de una forma menos evidente.

Para comprobar si la actividad de estos músculos podía servir como un indicador objetivo del esfuerzo auditivo, los investigadores analizaron la relación entre la activación muscular y las respuestas de los participantes en el experimento. Tras cada prueba, se les pidió que calificaran el nivel de esfuerzo que habían experimentado y que indicaran con qué frecuencia habían perdido el hilo de la narración.
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También se les hicieron preguntas sobre el contenido del audiolibro para evaluar su nivel de comprensión. Los resultados mostraron una correlación clara: cuanto más difícil era la tarea auditiva, mayor era la activación del músculo superior auricular, y más probabilidades había de que los participantes reportaran dificultades para seguir la narración
Sin embargo, los investigadores advierten que aún no está claro si esta activación muscular tiene algún impacto real en la percepción del sonido. “Los movimientos del oído que podrían generarse con las señales que hemos registrado son tan minúsculos que probablemente no haya un beneficio perceptible”, explicó Schröeer en declaraciones a Popular Science.
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Aunque la activación del sistema auriculomotor podría representar un intento del cerebro por mejorar la audición, es posible que estos músculos ya no sean lo suficientemente fuertes como para producir cambios significativos en la captación de sonidos.

El estudio también presenta algunas limitaciones. En primer lugar, el tamaño de la muestra fue relativamente pequeño y se limitó a personas jóvenes sin problemas auditivos. Esto significa que los resultados podrían no ser representativos de la población general, especialmente de personas mayores o con pérdida auditiva.
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Además, el experimento se llevó a cabo en un entorno controlado, lo que no refleja completamente las condiciones auditivas del mundo real. Los investigadores señalan que futuros estudios podrían incluir participantes con distintas edades y niveles de audición, así como pruebas en escenarios más complejos y dinámicos
A pesar de estas limitaciones, los hallazgos abren la puerta a nuevas investigaciones sobre la función residual de los músculos auriculares en los humanos. Además, podrían tener aplicaciones en el desarrollo de tecnologías para la evaluación y mejora de la audición. Algunos científicos sugieren que la electromiografía de los músculos auriculares podría utilizarse como una herramienta para medir el esfuerzo auditivo en tiempo real, lo que podría ser útil en la calibración de audífonos y otros dispositivos de asistencia auditiva.
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Si estos músculos están realmente involucrados en la percepción del sonido, entender mejor su función podría ayudar a desarrollar nuevas estrategias para mejorar la audición en personas con dificultades auditivas.
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