
No hay dudas de que dormir pocas horas o, incluso, demasiado tiempo está relacionado con una vida menos saludable, advierten recientes investigaciones científicas. Asimismo, las consecuencias son variadas y van desde enfermedades cardiovasculares hasta un mayor riesgo de diabetes, en algunos casos. En ese sentido, un estudio científico realizado por expertos de Universidad Médica de Guangzhou y de la Universidad China de Hong Kong encontró que la actividad física puede contrarrestar aquellos efectos negativos en la los adultos mayores.
Los investigadores examinaron cómo el deporte influye en el impacto del sueño y en la mortalidad. Bajo estos preceptos, en primer lugar, analizaron el volumen de actividad y, posteriormente, la actividad física de moderada a vigorosa. Este análisis -publicado en una revista de la Sociedad Europea de Cardiología- se ajustó por factores como la edad, el sexo, el origen étnico, las privaciones, el nivel educativo, la medición de la estación del sueño, el índice de masa corporal, la dieta, el tabaquismo, el consumo de alcohol y el trabajo por turnos.
“El estudio mostró que el aumento de los niveles de actividad física debilitó los riesgos de mortalidad asociados con la duración del sueño de corta o larga duración. En un escenario ideal, las personas siempre obtendrían cantidades saludables de sueño y actividad física. Sin embargo, nuestra investigación indica que hacer suficiente ejercicio puede compensar parcialmente el impacto perjudicial de perder una buena noche de sueño”, dijo el doctor Jihui Zhang, uno de los autores del trabajo.
En segundo término, Zhang apuntó: “Nuestros hallazgos sugieren que los esfuerzos de promoción de la salud dirigidos tanto a la actividad física como a la duración del sueño pueden ser más efectivos para prevenir o retrasar la muerte prematura en personas de mediana edad y en adultos mayores que centrarse en un solo comportamiento”.

Para llegar a estas conclusiones, los expertos analizaron la relación conjunta de la actividad física y la duración del sueño sobre el riesgo de mortalidad. Estos parámetros fueron medidos con un acelerómetro, un aparto que registra el gasto energético y la intensidad del movimiento, entre otros aspectos.
Este procedimiento incluyó a 92.221 adultos de 40 a 73 años de edad del Reino Unido que usaron una pulsera con acelerómetro durante una semana entre 2013 y 2015. La edad promedio de los participantes fue de 62 años y el 56% eran mujeres. Durante una mediana de seguimiento de siete años, 3.080 participantes murieron: 1.074 por enfermedad cardiovascular y 1.871 por cáncer.
De acuerdo a los expertos, tanto el ejercicio como el sueño saludable contribuyen a prolongar la esperanza de vida. Sin embargo, no estaba claro cómo la actividad física podía interactuar con la duración del sueño para promover la salud. En ese tono, la principal limitación de los estudios previos fue el uso de la actividad física y el sueño autoinformados, que es subjetivo y puede ser inexacto. Por el contrario, un dispositivo acelerómetro registra el movimiento para llegar a estimaciones objetivas y más fiables.

La duración del sueño por noche se clasificó como corta (menos de 6 horas), normal (de 6 a 8 horas) o larga (más de 8 horas). El volumen total de actividad física se dividió en terciles (bajo, intermedio, alto). La actividad física se clasificó según las pautas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda “al menos 150 minutos de actividad física de intensidad moderada, o al menos 75 minutos de actividad física de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente por semana”.
En los participantes con cantidades bajas de ejercicio, el sueño corto y largo se asoció con un 16% y un 37% de riesgo elevado de muerte por todas las causas, respectivamente. En las personas con registros intermedios de ejercicio solo el sueño breve apareció como perjudicial, con un aumento del 41% en la probabilidad de muerte por todas las causas. En tercer lugar, en aquellos con una gran cantidad de ejercicio, la duración del sueño no se vinculó con el riesgo de muerte.
Para la muerte cardiovascular, quienes dormían poco y realizaban un bajo volumen de ejercicio tenían un riesgo elevado del 69%, un indicador que desaparecía cuando el ejercicio aumentaba a cantidades moderadas o altas. Para los fallecimientos por cáncer, las personas que dormían mucho tiempo con poca cantidad de ejercicio tenían un riesgo elevado del 21%, que desaparecía con volúmenes moderados o altos de deporte.

Los investigadores hallaron resultados similares para la actividad física de moderada a vigorosa En los participantes que no cumplían con las recomendaciones de la OMS, el sueño breve y prolongado se asoció con un 31% y un 20% más de riesgo de muerte por todas las causas, respectivamente. Estos riesgos desaparecieron en aquellos que cumplieron con el consejo de la OMS.
En tanto, para la muerte cardiovascular, quienes no cumplían con los consejos sobre la intensidad del ejercicio tenían un riesgo elevado del 52%, que desaparecía en los que cumplían las recomendaciones de la OMS.
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