
Un estudio interdisciplinario realizado por especialistas de Singapur, Moscú y EEUU analizó marcadores sanguíneos que revelaron una perdida progresiva de resiliencia en el organismo humano, que les permite predecir el límite de la esperanza de vida, que ubicaron en 150 años.
Lo que pretenden estimar esos investigadores es la duración máxima de la vida, es decir la edad más avanzada que podría alcanzar un ser humano. Algunos estudios han situado este límite cerca de los 140 años. Sin embargo, el trabajo mencionado, que es el más reciente, propone que una duración de la vida humana se acerca más a los 150 años.
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Mientras en la actualidad la esperanza de vida ronda los 80 años, especialmente en los países de mayores recursos, hay casos de personas en sitios como Okinawa, en Japón o Cerdenia, Italia, donde hay personas que han superado los 100 años.
Hasta la actualidad la persona más longeva de la historia ha sido una mujer francesa llamada Jeanne Calment que vivió hasta los 122. Lo curioso del caso es, además de su larga vida, que cuando nació, en 1875, la esperanza media de vida era de unos 43 años.
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Los científicos evalúan desde hace mucho tiempo cuánto tiempo puede vivir realmente un ser humano. El método más antiguo y aún utilizado para calcular la esperanza de vida, y por lo tanto, su duración, utiliza la ecuación de Gompertz. Se denomina así a la observación, hecha en el siglo XIX, que indica que la tasa de mortalidad humana por enfermedad aumenta de manera exponencial con el tiempo. Básicamente, esto significa que la probabilidad de morir por ejemplo de cáncer, de una cardiopatía o de infecciones, se multiplica aproximadamente por dos cada ocho o nueve años.

Los factores incluidos para esas estimaciones son, entre otros, el sexo o las enfermedades, si la persona es casada o soltera o si la persona fuma. Los cálculos de Gompertz se utilizan incluso para calcular las seguros de vida porque permite calcular si la persona vivirá más o menos tiempo.
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Otro método para calcular cuánto se puede vivir es observar cómo se deterioran nuestros órganos con el tiempo, y comparar el ritmo de deterioro con la edad a la que dejan de funcionar. Por ejemplo, la función ocular y la cantidad de oxígeno que consumimos al hacer ejercicio muestran un patrón general de declive a medida que se envejece.
La mayoría de los cálculos realizados hasta aquí indicaron que los órganos solo funcionarán hasta que una persona media tenga alrededor de 120 años.
Actualmente, varios investigadores de Singapur, Rusia y Estados Unidos han adoptado otro procedimiento de cálculo de la duración máxima de la vida humana. Utilizando un modelo informático, llegan a la conclusión de que el límite de lo que puede durar la vida son unos 150 años.
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Existe un parámetro que mide la capacidad de mantener la homeostasis ‒el equilibrio biológico normal‒ y se conoce como resiliencia. De hecho, el envejecimiento se puede definir como la pérdida de capacidad de mantener la homeostasis. Normalmente, cuanto más joven es una persona, más capaz es de recuperarse rápidamente de una enfermedad.
Para llevar a cabo la modelización, los investigadores tomaron muestras de sangre de más de 70.000 participantes de hasta 85 años y observaron los cambios a corto plazo en su cantidad de células sanguíneas. El número de glóbulos blancos que tiene una persona puede indicar el nivel de inflamación (enfermedad) de su cuerpo, mientras que el volumen de glóbulos rojos puede ser un indicador del riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca, un accidente cerebrovascular o un deterioro cognitivo, como la pérdida de memoria. A continuación, los científicos simplificaron estos datos en un solo parámetro al que llamaron “indicador dinámico del estado de los organismos” (DOSI son sus siglas en inglés).
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Los cambios en los valores del DOSI de los participantes predijeron quiénes iban a contraer enfermedades relacionadas con la edad y cómo variaba esto de persona a persona, y modelizaron la pérdida de resiliencia con el tiempo. Estos cálculos permitieron pronosticar que en todos los casos ‒más allá de la salud o la genética‒ la resiliencia dejaba de funcionar por completo a los 150 años, lo cual ponía un límite teórico a la duración de la vida humana.
Pero la investigación no involucra posibilidades a futuro como el avance de la ciencia para combatir enfermedades comunes que beneficiarán a algunas personas más que a otras.
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Un niño que nazca por estos días podría confiar en unos 85 años de avances médicos para mejorar su esperanza de vida, mientras que una persona que actualmente tenga 85 años está limitada por las tecnologías médicas actuales.

En consecuencia los cálculos de los investigadores serán precisos, o relativamente, para las personas mayores, pero lo será cada vez menos cuanto más joven sea la persona objeto de estudio.
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El límite DOSI para la duración máxima de la vida es alrededor de un 25% más largo que el tiempo que vivió Jeanne Calment.
Además, entre las variables que existen entre personas para la longevidad también se cuenta la carga genética, la dieta y un plan de ejercicio que podría sumar hasta 15 años a la esperanza de vida.
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“En la actualidad, añadir más de un 15% o un 20% a la duración de una vida saludable en mamíferos normales es extremadamente difícil, en parte debido a que nuestro conocimiento de la biología del envejecimiento sigue siendo incompleto. Pero es posible aumentar la de organismos mucho más simples, como las lombrices intestinales, hasta 10 veces”, dijo Richard Faragher, profesor de Biogerontología de la Universidad de Brighton.
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