Zinc o vitamina C para las defensas: qué dice la ciencia sobre cada nutriente

Especialistas explican las diferencias entre ambos micronutrientes, las fuentes alimentarias disponibles y las precauciones necesarias antes de recurrir a suplementos

Ilustración en acuarela con mariscos, frutos secos y la palabra zinc al lado izquierdo, y pimientos, cítricos y el texto vitamina C al derecho.
El zinc y la vitamina C cumplen funciones diferentes en las defensas y deben obtenerse, principalmente, mediante una alimentación variada. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El zinc y la vitamina C cumplen tareas diferentes en las defensas del organismo y ninguno sustituye al otro para apoyar la función inmunitaria. La prioridad, según especialistas en nutrición, es alcanzar las cantidades necesarias de ambos dentro de una alimentación variada, antes de recurrir a suplementos.

El zinc participa en las células que responden a infecciones

El zinc es un mineral esencial presente en las células del cuerpo. Interviene en el metabolismo celular, la síntesis de proteínas y ADN, cicatrización y señalización celular. También resulta necesario para el funcionamiento de la inmunidad innata y adaptativa, de acuerdo con la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud.

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La falta de zinc puede alterar la formación, activación y maduración de ciertos linfocitos, células involucradas en la respuesta inmunitaria. La nutricionista Lauren Manaker, citada por EatingWell, explicó que el nutriente ayuda a que las células inmunitarias crezcan y cumplan su función frente a virus y bacterias, además de colaborar con la cicatrización. Entre las fuentes alimentarias se encuentran:

  • Mariscos, carnes, aves y lácteos
  • Legumbres, frutos secos, cereales integrales y avena
  • Semillas de calabaza y cereales fortificados
Infografía con texto explicativo, ilustraciones de alimentos, piel, células inmunitarias, un estómago y límites de consumo de nutrientes.
Una alimentación variada ayuda a cubrir las necesidades de ambos micronutrientes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nutricionista Natalie Rizzo, también consultada por el medio especializado en alimentación, señaló que los alimentos de origen vegetal aportan zinc, aunque los fitatos que contienen algunos de ellos pueden disminuir su absorción. Por esa razón, las personas vegetarianas o veganas pueden requerir una evaluación profesional de su ingesta.

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Respecto del resfriado común, la investigación no respalda promesas de prevención. La Oficina de Suplementos Dietéticos indica que el zinc administrado poco después del inicio de los síntomas, en pastillas para chupar o jarabe, puede acortar su duración.

Aunque sus efectos sobre la intensidad de los síntomas siguen sin estar claros. Una revisión sistemática de Cochrane publicada en 2024, citada por la institución, estimó una reducción aproximada de dos días en quienes ya estaban resfriados, pero no encontró una diferencia relevante en la prevención de nuevos episodios.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El zinc participa en el funcionamiento de la inmunidad innata y adaptativa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La vitamina C protege células y contribuye las barreras físicas

La vitamina C, o ácido ascórbico, es hidrosoluble y el organismo no la produce. Por eso debe obtenerse regularmente a través de la dieta. Actúa como antioxidante, apoya la actividad de los glóbulos blancos y participa en la producción de colágeno, una proteína necesaria para la piel y cicatrización.

Los adultos requieren entre 75 y 90 mg diarios de vitamina C, según sexo, y durante el embarazo y la lactancia las necesidades son mayores. Quienes fuman necesitan 35 mg adicionales al día, según la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud.

Frasco gotero transparente con etiqueta "Vitamina C" sobre un plato blanco, junto a rodajas de naranja, pomelo y limón, sobre una superficie blanca.
La vitamina C contribuye a proteger las células frente al daño oxidativo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pimientos rojos, cítricos, kiwi, brócoli, tomates y otras frutas y verduras aportan este micronutriente. Manaker indicó a EatingWell que la vitamina C protege las células del daño cotidiano y contribuye a mantener una piel saludable.

La evidencia disponible muestra que tomar vitamina C de forma regular no reduce el riesgo de resfriado en la población general. Sin embargo, puede acortar modestamente su duración y aliviar los síntomas.

El efecto preventivo podría ser mayor en personas sometidas a ejercicio físico extremo, expuestas a ambientes muy fríos o con ingesta insuficiente del nutriente. Iniciar un suplemento una vez que comenzaron los síntomas no ha demostrado un beneficio consistente.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los cítricos, los pimientos, el kiwi y el brócoli contienen vitamina C. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una dieta diversa es la recomendación de base

Para la dietista Edwina Clark, el zinc parece contar con mejores resultados para reducir la duración de síntomas como tos y congestión. Mientras que la vitamina C se ha estudiado sobre todo por su posible impacto en la duración y el alivio del resfriado. La comparación, sin embargo, no define una prioridad nutricional: cada nutriente actúa por vías distintas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una dieta basada en una variedad de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes magras de proteína. Para los mayores de 10 años, su guía propone consumir al menos 400 gramos diarios en conjunto de los dos primeros grupos y subraya que la diversidad alimentaria facilita cubrir los requerimientos de vitaminas y minerales.

Vista aérea de cinco científicos en batas blancas y gafas de seguridad trabajando en un laboratorio con tubos de ensayo, frascos etiquetados y equipos.
Las dosis elevadas de vitamina C pueden provocar diarrea, náuseas y cólicos abdominales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los suplementos requieren cautela. Para adultos, el límite máximo tolerable de zinc es de 40 mg al día; superar esa cantidad durante semanas puede interferir con la absorción de cobre y perjudicar la función inmunitaria.

El límite superior de vitamina C es de 2.000 mg diarios y los excesos pueden provocar diarrea, náuseas o cólicos abdominales. Ante dudas sobre deficiencias, medicamentos o suplementos, la recomendación es consultar al equipo de salud.

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