
El reparenting emerge como método para sanar un trauma infantil en adultos a través de prácticas somáticas que permiten modificar viejos automatismos y favorecen la creación de vínculos más sólidos y seguros. Muchas personas adultas se preguntan por qué permanecen en patrones emocionales y físicos dolorosos que parecen imposibles de romper, incluso cuando han logrado éxito y autoentendimiento.
La doctora Nicole LePera, psicóloga clínica por la Universidad de Cornell y The New School for Social Research, y autora bestseller del New York Times “Cómo ser el amor que buscas”, sostiene que la clave está en reparar la infancia interna: un proceso que, más allá del análisis racional, requiere prácticas de autocuidado y una nueva relación con el propio cuerpo.
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El reparenting o reparación de la infancia interna es un método para sanar el trauma infantil y modificar respuestas automáticas inscritas en el sistema nervioso. Consiste en atender las señales del cuerpo, cultivar el autocuidado diario y transformar el vínculo con uno mismo para romper los ciclos aprendidos en la niñez.
Muchas personas encuentran frustrante saber de dónde vienen sus problemas y, aun así, no logran un cambio profundo. A veces comprenden sus propios patrones, pero su cuerpo sigue actuando según heridas pasadas. Aunque entiendan el origen de sus reacciones, continúan experimentando ansiedad, tensión o miedo en situaciones simples como responder un correo.
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Este sufrimiento que se arrastra desde la infancia suele integrarse de forma inconsciente, generando estrategias de adaptación que, si bien ayudaron a sobrevivir en ambientes inseguros, pueden llevar en la adultez a respuestas automáticas: complacer a otros, evitar el conflicto o temer al rechazo, incluso cuando no existe una amenaza real.

El sistema nervioso y la raíz física del sufrimiento
LePera explica que muchos problemas emocionales y físicos no son solo el resultado de pensamientos negativos, sino de memorias almacenadas en el cuerpo. “Si no tuvimos seguridad en la infancia, nuestro sistema nervioso quedó programado para la alerta e, incluso si las circunstancias mejoraron, la sensación de peligro sigue activa en el cuerpo”. Reconocer el propio estado físico es el primer paso: notar el pecho cerrado, la respiración superficial o los músculos tensos puede indicar que el cuerpo está en estado de defensa.
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Advierte que la tensión crónica se normaliza al punto de pasar desapercibida. “Solo notamos la diferencia cuando, por fin, nos relajamos”, señala. Por eso, recomienda ejercicios sencillos: relajar los hombros, observar la respiración, alargar la exhalación y prestar atención a cómo responde el cuerpo. El impacto de estas prácticas depende de la constancia. “La constancia es crucial; hacerlo una vez no cambia nada, pero con repetición sí se producen transformaciones profundas”, enfatiza.
LePera comparte que el proceso es difícil incluso para quienes tienen experiencia en el ámbito psicológico. “Tengo 43 años, y todavía no sé siempre qué necesito cuando atravieso emociones intensas”, confiesa. Según su criterio, lo importante no es eliminar las reacciones, sino aprender a relacionarse con ellas y crear espacios de seguridad interna: “El pasado sigue vivo en el presente a través del cuerpo”.
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“Reparenting”: fundamentos y pasos prácticos
La reparación de la infancia interna comienza con la observación compasiva de las propias reacciones. “El reparenting comienza por identificar y honrar las señales del cuerpo sin culpa ni vergüenza”. Reconocer el miedo a decir “no”, el deseo de agradar o la dificultad para establecer límites permite entender cómo estas conductas surgen de adaptaciones pasadas.
El siguiente paso es el autocuidado cotidiano. “Tenemos que hacer elecciones nuevas de manera consistente para crear ese cambio”, indica la psicóloga. Sugiere dedicar momentos del día a registrar emociones y sensaciones corporales, practicar respiraciones profundas, relajar los músculos y experimentar pequeñas modificaciones de hábitos. El progreso es paulatino y requiere paciencia: “La constancia, los límites sanos y la reconexión emocional son ejes de la reparación”.
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El método incluye también la capacidad de expresar emociones y cuestionar los roles asumidos en la infancia. “La mayoría aprendimos a encajar en un papel: el complaciente, el exitoso, el independiente. Recorrer este camino implica preguntar si esos modos aún nos sirven”.

Terapia somática y neuroplasticidad relacional
LePera destaca que la terapia somática, un enfoque psicológico contemporáneo centrado en el cuerpo, ofrece una vía particular porque trabaja sobre el cuerpo y la regulación del sistema nervioso, no solo sobre el pensamiento: “La terapia somática parte del principio de que el cambio nace del movimiento físico o ajustes en el cuerpo”. El objetivo es restablecer el equilibrio, calmando la hiperactividad o superando bloqueos emocionales.
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Frente a la idea de que las personas no pueden cambiar, LePera menciona la neuroplasticidad relacional: “La realidad es que podemos cambiar. Solo necesitamos hacer elecciones nuevas y consistentes, y eso produce cambios reales a nivel cerebral”.
Subraya que contar con relaciones seguras y apoyo genuino resulta fundamental para acelerar estas transformaciones: “El cableado de nuestro cerebro se formó en relación con otros. Los cambios más profundos también ocurren cuando nos rodeamos de relaciones que nos permiten sentirnos seguros y comprendidos”.
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LePera sostiene que el proceso de reparación trasciende lo individual: fortalecer el vínculo interno facilita, a su vez, relaciones más saludables. El autoconocimiento y el cuidado propio se convierten en la base para construir nuevas formas de conexión y bienestar.
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