
Según un estudio recientemente divulgado, el cerebro no “elimina” el miedo de manera abrupta cuando desaparece una amenaza, sino que ajusta progresivamente su funcionamiento mediante la acción coordinada de distintas neuronas en la amígdala central.
El equipo del Instituto del Cerebro de Tulane dirigido por el neurocientífico Jonathan Fadok describió los mecanismos responsables de este ajuste y su relevancia para el trastorno de estrés postraumático, de acuerdo con el estudio publicado en la revista médica The Journal of Neuroscience. “Esto ha sido increíblemente útil, pero solo abarca una parte del panorama”, afirmó.
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Según su visión, cuando una amenaza desaparece, el cerebro reajusta las respuestas de miedo a través de circuitos neuronales que gradualmente modifican las conductas defensivas, como pasar de una huida a la inmovilidad. Este proceso no borra el miedo por completo, sino que lo reconfigura para adaptarse al nuevo contexto y a las experiencias previas.

El equipo de la Universidad de Tulane empleó modelos experimentales en ratones que permitieron observar en tiempo real la transición entre conductas como la inmovilidad y la huida. The Journal of Neuroscience detalló que estos experimentos confirmaron que el cerebro utiliza múltiples estrategias defensivas, que se ajustan conforme el peligro percibido se reduce.
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El rol del factor liberador de corticotropina en la respuesta al miedo
Los especialistas coinciden en que las neuronas positivas para el factor liberador de corticotropina desempeñan un papel central al activar respuestas defensivas de gran intensidad, como la huida y el salto de escape. De acuerdo con el estudio, la inhibición selectiva de estas neuronas en la amígdala central disminuyó de forma significativa los saltos de escape en ratones durante la fase de extinción del miedo.
Además, indicó que estas neuronas se activan de preferencia ante amenazas inminentes, lo que facilita la aparición de esquemas de conductas como intentar escapar. La regulación de su actividad puede, por tanto, modificar la intensidad de la reacción frente a situaciones peligrosas.
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Un hallazgo relevante es el papel de las neuronas positivas para la somatostatina, que favorecen respuestas defensivas de menor intensidad, como la inmovilidad o movimientos inhibidos.

Según The Journal of Neuroscience, al estimular esta población de neuronas, las conductas de huida fueron sustituidas por inmovilidad, transformando la reacción de los animales frente al estímulo amenazante.
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Los estudios destacaron que la alteración del equilibrio de la somatostatina reduce la frecuencia de conductas de huida rápida. Esto demuestra que el sistema nervioso selecciona entre diferentes estrategias defensivas según el entorno y la amenaza percibida.
Implicaciones para el trastorno de estrés postraumático y futuras terapias
Comprender estos circuitos neuronales resulta fundamental para el desarrollo de futuras terapias destinadas a tratar condiciones como el trastorno de estrés postraumático. También, la persistencia del miedo en este trastorno puede manifestarse de maneras diversas. “Algunas personas permanecen en estado de hipervigilancia, mientras que otras experimentan reacciones más intensas, similares al pánico. Nuestro trabajo apunta a mecanismos cerebrales que podrían contribuir a esas diferentes manifestaciones”, explicó Fadok.
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The Journal of Neuroscience añadió que identificar las rutas neuronales relacionadas con la extinción del miedo abre camino a tratamientos más específicos, orientados a mejorar la capacidad de desplazar respuestas de alta intensidad hacia reacciones más controladas y adaptativas.
“Si la extinción depende de que las respuestas se alejen de los estados de alta intensidad, entonces las alteraciones en estos circuitos podrían ayudar a explicar por qué el miedo sigue siendo tan difícil de regular”, agregó Fadok.
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La comprensión de estos mecanismos permitió identificar cómo surge el miedo, y también entender de qué manera el cerebro decide la forma en que se manifiesta ante el entorno. Este conocimiento amplía las posibilidades de abordar con mayor eficacia las respuestas de miedo persistente y diseñar herramientas terapéuticas que favorezcan una adaptación emocional más saludable.
“No se trata solo de generar miedo. Se trata de ayudar a definir cómo se manifiesta ese miedo”, concluyó Fadok.
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