
Ayer, como 4 de febrero, se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, una fecha que motiva a la comunidad médica, pacientes y organizaciones a poner el foco en una enfermedad que aún representa una de las principales causas de muerte a nivel global, según la OMS: “En 2020 se atribuyeron a esta enfermedad casi 10 millones de defunciones, es decir, casi una de cada seis de las que se registran”.
En el caso del cáncer de ovario, la falta de síntomas específicos, el diagnóstico tardío y las desigualdades en el acceso a la atención agravan su impacto en la vida de miles de mujeres. En Argentina, constituye uno de los mayores retos dentro del grupo de tumores ginecológicos.
Aunque no encabeza la lista de los más frecuentes, su pronóstico suele ser desfavorable debido a que la mayoría de los diagnósticos se detectan en etapas avanzadas. Las nuevas estrategias médicas y el acompañamiento integral buscan mejorar tanto la sobrevida como la calidad de vida de quienes enfrentan esta patología.
Desafíos en la detección y diagnóstico del cáncer de ovario
El cáncer de ovario se destaca por su carácter silencioso y la dificultad para identificarlo en estadios iniciales. Según la información difundida por el Ministerio de Salud, con datos del Observatorio Global del Cáncer (Globocan), en Argentina se notificaron más de 2000 casos de esta afección en el 2020. Aunque otros tumores ginecológicos como los de mama o útero cuentan con métodos efectivos de detección precoz, el cáncer de ovario carece de una prueba simple y confiable para el diagnóstico temprano a nivel poblacional, según expertos.

La doctora Valeria Cáceres, médica oncóloga y directora del área médica en el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo de la Universidad de Buenos Aires, explicó: “El cáncer de ovario suele diagnosticarse en etapas avanzadas porque es silencioso. Sus síntomas iniciales suelen ser inespecíficos y se confunden fácilmente con molestias digestivas o ginecológicas frecuentes como distensión abdominal persistente, sensación de saciedad precoz, dolor pélvico leve, cambios en el hábito intestinal o cansancio. Son señales que muchas mujeres normalizan o atribuyen al estrés, a la edad o a otros problemas benignos, y que también pueden pasar desapercibidas en la consulta médica inicial”.
La especialista agregó: “Hoy no tenemos una prueba simple, accesible y confiable que permita su detección antes de que dé síntomas claros”. La ubicación de los ovarios en una zona profunda del abdomen también dificulta la aparición de señales evidentes hasta que el proceso tumoral se encuentra avanzado.
Este cáncer puede manifestarse a través de síntomas que resultan poco específicos y suelen confundirse con otras afecciones frecuentes. Entre los signos más habituales se encuentran distensión abdominal persistente, sensación de saciedad rápida al comer, pérdida de peso, dolor pélvico leve, fatiga, y cambios en el hábito intestinal.
La doctora Ana Laura Mendaña, médica oncóloga clínica del Instituto Alexander Fleming, aportó: “Cuando los síntomas se vuelven intensos o persistentes, muchas veces la enfermedad ya está avanzada”. En este contexto, la consulta oportuna y la escucha activa a los síntomas corporales cobran especial relevancia para acortar los tiempos diagnósticos.
Estadísticas, factores de riesgo y tipos de tumores

En Argentina, la mortalidad por cáncer exhibe una tendencia descendente sostenida durante la última década. De acuerdo con datos del Ministerio de Salud de la Nación, el promedio anual de disminución es del 2,3% en varones y del 1,3% en mujeres. Este descenso se observa principalmente en tumores de alta prevalencia como próstata, colon-recto y pulmón en varones, y mama, colon-recto y cuello de útero en mujeres. En 2024, los cánceres de pulmón, colon y recto, mama, páncreas, próstata, estómago y cuello de útero concentraron el 60% de las muertes por esta causa. A pesar de estos avances, el cáncer continúa siendo la primera causa de muerte por enfermedad en personas de entre 5 y 59 años en el país.
En cuanto al cáncer de ovario, suele aparecer en mujeres mayores de 40 años y el riesgo aumenta a medida que pasa el tiempo. Entre los factores que elevan la probabilidad de desarrollar la enfermedad se encuentran ciertas alteraciones genéticas hereditarias, como las mutaciones en los genes BRCA. Estas mutaciones pueden transmitirse de padres a hijos y aumentan el riesgo no solo de cáncer de ovario, sino también de cáncer de mama.
Además, la presencia de sobrepeso, obesidad y antecedentes familiares de cáncer también se consideran factores de riesgo. El déficit de recombinación homóloga es otra alteración genética que puede influir en la aparición del tumor; este déficit significa que las células pierden una de sus formas principales de reparar daños en el ADN, lo que favorece el desarrollo de cáncer.

Desde la perspectiva clínica, existen distintos tipos de tumores ováricos. Los carcinomas epiteliales constituyen el subtipo más frecuente, seguidos por los tumores de células germinales y los estromales. La American Cancer Society describe que los tumores epiteliales se forman en la capa externa de los ovarios y pueden clasificarse en benignos, de bajo potencial maligno o malignos, siendo estos últimos los más letales y con mayor capacidad de diseminación a otros órganos.
El diagnóstico definitivo del cáncer de ovario se logra únicamente a través de una biopsia, como subraya la doctora Cáceres en un documento del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo: “La biopsia es la única forma definitiva de diagnosticar cáncer de ovario”. El tratamiento suele requerir un abordaje multidisciplinario que integra oncología, cirugía, diagnóstico por imágenes y anatomía patológica.
Acceso, innovación y la experiencia de las pacientes
Las desigualdades en el acceso a la atención, la demora en el diagnóstico y la falta de información adecuada generan obstáculos adicionales en el recorrido de las pacientes. El acompañamiento emocional y el apoyo práctico durante y después del tratamiento resultan necesidades críticas para muchas mujeres, que atraviesan cuadros de ansiedad, depresión y pérdida de sueño, aunque solo una minoría accede a apoyo psicológico formal.

María Alejandra Iglesias, presidente de la asociación civil SOSTÉN, subrayó la importancia de considerar la dimensión humana en este contexto: “La experiencia humana del cáncer de ovario implica reconocer las barreras en el camino al diagnóstico, visibilizar las disparidades geográficas y socioeconómicas, y promover enfoques de atención que integren calidad de vida, apoyo psicosocial y continuidad asistencial”.
En materia de tratamiento, la llegada de nuevas terapias para casos avanzados aporta expectativas renovadas. La doctora Ana Laura Mendaña sostuvo que “representa un gran aporte, diferente de las estrategias terapéuticas que teníamos históricamente, y llega tras cerca de una década sin novedades significativas, lo que representa un avance en el manejo de esta enfermedad”.
En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, que se celebró ayer, resulta relevante reforzar la concientización sobre la importancia de la consulta oportuna y el diagnóstico precoz. Frente a la ausencia de métodos efectivos de tamizaje, la escucha activa a los síntomas y el acceso equitativo a la atención médica aparecen como herramientas claves para modificar el pronóstico de la enfermedad.
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