
Uno de los hospitales pediátricos de Buenos Aires será el escenario de una experiencia inédita en el país: la plantación del primer microbosque nativo urbano, una iniciativa que busca transformar los espacios de atención médica, mediante la integración de biodiversidad autóctona y el uso del llamado método Miyawaki de reforestación.
El proyecto forma parte del programa Microbosques Nativos y Salud, impulsado por la Fundación Pablo Cassará y la Fundación Club de Roma Argentina, junto con la Subsecretaría de Ambiente, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana de la Ciudad de Buenos Aires, propone un nuevo paradigma para el bienestar en entornos hospitalarios y la restauración ecológica en ciudades densamente pobladas.
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El microbosque, que ocupa 104 metros cuadrados, incorpora más de 360 ejemplares de 30 especies nativas y dispone de un camino sensorial y un área de estar inmersiva, diseñados para fomentar el contacto directo con la naturaleza y convertir patios y pasillos en espacios terapéuticos y educativos.

La jornada de plantación fue programada para mañana, 9 de octubre, a las 10 en el Hospital General de Niños Pedro de Elizalde (Casa Cuna). La Fundación Cassará informó que en el acto contará con la presencia del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, el director del hospital Javier Indart, la subsecretaria de Ambiente Natalia Persini y representantes de las organizaciones involucradas.
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El método Miyawaki y los beneficios ambientales
El método Miyawaki, base de este proyecto, fue desarrollado en la década de 1970 por el botánico japonés Akira Miyawaki. La Global Forest Review informa que esta técnica de restauración de ecosistemas se fundamenta en la imitación de los procesos naturales de sucesión ecológica y en la selección exclusiva de especies autóctonas, adaptadas al clima y al suelo local. El proceso incluye un análisis y enriquecimiento del suelo con materiales orgánicos, la plantación densa y aleatoria de plántulas jóvenes —entre 3 y 5 por metro cuadrado— y un mantenimiento intensivo solo durante los primeros años. Posteriormente, el bosque se vuelve autosuficiente, sin necesidad de insumos químicos ni podas.
Los microbosques creados con esta técnica crecen hasta 10 veces más rápido y alcanzan una densidad 30 veces mayor que los bosques plantados con métodos tradicionales. Además, estos espacios ofrecen una biodiversidad muy superior, ya que albergan una mayor variedad de especies y sirven de refugio para la fauna local. Entre los beneficios ambientales se destacan la mayor captura de dióxido de carbono, la regulación térmica, la reducción de la erosión del suelo y la mitigación del efecto de isla de calor en entornos urbanos. La Fundación Cassará subrayó que, en el contexto hospitalario, estos microbosques contribuyen a la resiliencia y el confort de los espacios sanitarios durante todo el año, además de su función terapéutica.
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Desafíos urbanos y producción de plantas nativas
En el mundo, la deforestación continúa a un ritmo alarmante: la Global Forest Review reportó que en 2022 se perdieron 4,1 millones de hectáreas de bosques tropicales, mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que desde 1990 se han perdido 420 millones de hectáreas por cambios en el uso del suelo.
Según la Fundación Cassará, frente a este panorama, la restauración ecológica en áreas urbanas adquiere un papel clave. La Ciudad de Buenos Aires, a través de su Plan de Acción Climática 2050, apuesta por la conservación y mejora del arbolado urbano, aunque enfrenta el desafío de incrementar la disponibilidad de plantas nativas para cumplir con los objetivos de restauración y conservación. Esta problemática se replica en los municipios del Área Metropolitana de Buenos Aires, donde la cantidad de espacios verdes por habitante se encuentra por debajo de las recomendaciones internacionales.
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La producción de plantas nativas representa un reto adicional, agregó la entidad. Según el informe sobre micropropagación, los métodos convencionales —como la germinación de semillas y técnicas de jardinería tradicionales— resultan insuficientes para satisfacer la demanda creciente, especialmente en el caso de especies en peligro de extinción o con requerimientos especiales. Ante esto es necesario adaptar los espacios de reproducción y recurrir a herramientas biotecnológicas, como la micropropagación in vitro, para multiplicar especies nativas y garantizar la viabilidad de proyectos de restauración urbana a gran escala.
La plantación del microbosque nativo en el Hospital Pedro de Elizalde no solo introduce una solución innovadora para la integración de naturaleza y salud en la ciudad, sino que también se inscribe en una visión más amplia que reconoce la interdependencia entre el bienestar humano, la biodiversidad y los ecosistemas.
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