
Morderse las uñas es uno de los malos hábitos más comunes, y aunque muchas veces se realiza de manera inconsciente, puede tener múltiples consecuencias negativas para la salud. Las consecuencias de esta costumbre abarcan desde efectos físicos y emocionales hasta sociales y, especialmente, repercusiones para la salud bucodental.
Uno de los efectos más graves de morderse las uñas es el desgaste de las piezas dentales, señaló un informe reciente de especialistas odontológicos. Este hábito causa microtraumatismos que desprenden partículas del esmalte, afectando principalmente a los incisivos superiores e inferiores. También puede provocar la fractura de restauraciones dentales y apiñamiento dental debido a la presión ejercida sobre la dentadura.
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6 riesgos de morderse las uñas
Morderse las uñas de forma reiterada, además de los problemas estéticos, puede acarrear varios riesgos para la salud:
- Infecciones: Las heridas en los dedos causadas por el mordisqueo pueden convertirse en puertas de entrada para bacterias y hongos, derivando en infecciones localizadas como la paroniquia.
- Problemas dentales: Morderse las uñas con frecuencia puede causar desgaste en los dientes, fracturas, y alterar la alineación dental, lo que puede requerir tratamiento ortodóntico.
- Digestivos: La introducción constante de uñas y bacterias en la boca aumenta el riesgo de infecciones digestivas, ya que las manos suelen estar en contacto con superficies y objetos contaminados.

- Complicaciones respiratorias: Las bacterias desplazadas de las uñas pueden ingresar al sistema respiratorio, incrementando el riesgo de infecciones como la faringitis o la amigdalitis.
- Impacto psicológico: Este hábito es frecuentemente un mecanismo de afrontamiento ante el estrés y la ansiedad, formando parte de un ciclo que perpetúa el malestar psicológico, aumentando la necesidad de intervención y manejo de la ansiedad.
- Desarrollo de trastornos psicológicos: Morderse las uñas de manera crónica puede estar asociado a trastornos como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y otros trastornos de ansiedad, indicando la necesidad de evaluación y tratamiento profesional.

Problemas en las uñas y la piel
Morderse las uñas no solo afecta la boca y los dientes. Según Lourdes Navarro Campoamor, dermatóloga del Hospital Beata María Ana y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), la onicofagia puede producir cambios en la morfología de la uña. Por ejemplo, uñas de menor tamaño, superficie rugosa, y más delgadas. Además, pueden presentarse alteraciones en la coloración debido a traumatismos repetitivos, inflamaciones en la piel alrededor de la uña, e infecciones secundarias por bacterias, hongos y virus.
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La prevalencia de este hábito varía con la edad. La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) estima que este problema afecta al 30% de los niños de entre siete y diez años y hasta un 45% de los adolescentes. Aunque la onicofagia tiende a disminuir en la adultez, alrededor del 25% de los estudiantes universitarios y aproximadamente un 10% de los adultos mayores de 35 años continúan mordiéndose las uñas de manera compulsiva.
Desde una perspectiva psicológica, la onicofagia puede ser un síntoma de trastornos de comportamiento o trastornos neuropsiquiátricos, como el trastorno obsesivo-compulsivo, fobias o depresión. Un estudio realizado por la Universidad de Montreal en 2015 determinó que este hábito puede ser un síntoma de perfeccionismo y frustración.
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Abandonar la onicofagia es difícil debido a su componente compulsivo y automático. Se han propuesto diversas estrategias, desde productos que provocan mal sabor al contacto con la boca hasta vendajes en los dedos para evitar morderse. En casos graves, se recomienda acudir a tratamientos psicológicos y conductuales.
Repercusiones adicionales en la salud
Las uñas pueden provocar heridas en las encías, originar periodontitis, maloclusión y debilidad en las raíces dentales. También pueden introducir bacterias, que generan enfermedades en las encías como la gingivitis, y en casos graves, osteomielitis o infecciones de la falange distal. Muchas veces, las causas de la onicofagia suelen ser de origen psicológico. Factores como ansiedad, nerviosismo, depresión, y períodos de estrés, como durante exámenes o entrevistas de trabajo, son comunes disparadores.
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