
Se terminó el último veranito para los granos que se negocian en Chicago, y ahora todo está en manos del clima en Estados Unidos, que por el momento se muestra amigable y sepulta cualquier atisbo de suba para los principales productos operados en este mercado. El miércoles arrancó con nuevas bajas en el nocturno y la semana hasta acá muestra retrocesos de USD 8 para la soja, USD 5 para el maíz y USD 12 para el trigo.
Algún analista había indicado que estaban viviendo de prestado, como consecuencia de un suceso impensado que alteró al mundo en virtud de las noticias que llegaban desde Medio Oriente. La chance de una larga guerra introdujo primas de riesgo que levantaron los precios la última semana. Pero el lunes el mercado se adelantó a la movida de Donald Trump y comenzó un proceso de erosión de las cotizaciones que aún continua, convencido de que el republicano iba a ponerle fin a tamaño peligro para la paz global.
Despejado este factor, la probable evolución de los lotes vuelve a cobrar pleno protagonismo. Coincidentemente con el inicio de la polinización en maíz, los pronósticos hablan de lluvias generalizadas en todo el cinturón maicero-sojero de Estados Unidos. Nebraska, Iowa, Minnesota y Wisconsin podrían registrar las precipitaciones más intensas hacia el final de esta semana. La nueva proyección de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica del Departamento de Comercio de Estados Unidos (NOAA) para los próximos 8 a 14 días indica un clima generalmente húmedo y cálido en una amplia zona de esta región clave.

En otras palabras, el calor que se espera para la región que produce el mayor volumen de maíz del planeta podría aparecer como preocupante si no fuera por las precipitaciones que lo vienen acompañando y que se mantendrán al menos por una semana más. Implica escasos riesgos para los rindes potenciales, y por eso es una mala noticia para los precios del cereal. También para la soja, aunque su periodo crítico está a algo más de un mes de distancia.
El maíz padece además la decisión del farmer de aumentar la superficie sembrada en Estados Unidos. Una cosa y otra han convencido al mercado de que estamos a las puertas de una gran producción en el país del norte. El USDA está pensando en un crecimiento de stocks en torno de los 10 millones de toneladas. La relación stocks/consumo a nivel mundial será la más baja en 12 años, pero en el país de las barras y las estrellas pasará del 10 al 12%, abandonando el umbral que sostiene los precios.
Afortunadamente Brasil se ve asediado por la formidable demanda interna por hacerse de maíz que empujan las cadenas cárnicas y la elaboración de etanol. Es que está recolectando lo que se considera una safrinha récord, para algunos privados arriba de los 120 millones de toneladas. El estimador oficial, la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) se resiste a ir más allá de los 101 millones de toneladas para la segunda cosecha de maíz, aunque ambos cálculos están muy por encima de la campaña previa. El punto es que a pesar de esto, se espera que las exportaciones de maíz de Brasil caigan de 38.5 millones a 34 millones de toneladas.

Los precios de la soja padecen el mismo contratiempo: en Estados Unidos no aparecen amenazas climáticas en el horizonte del cultivo. Su retroceso ha sido menos marcado que en el caso del maíz, porque genera cierto sostén la idea de que terminará gestándose alguna clase de acuerdo que obligue a China a comprar soja estadounidense; hasta acá el gigante asiático no ha anotado compras de este origen para la nueva cosecha, algo totalmente inusual.
El otro soporte deviene de los anuncios de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), en el sentido de aumentar el uso mandatorio de diesel de biomasa y restarle apoyo tanto al biocombustible importado como a las materias primas de ese origen usadas para fabricar biocarburante dentro del país. Esto le devolvió el protagonismo al aceite de soja, que ayer acompañó la baja generalizada y este miércoles está tratando de cerrar en positivo. Los analistas entienden que es el único factor que puede llevar al poroto hacia arriba.
El trigo fue el producto que más impulso recibió a raíz de la lucha entre Israel e Irán y es a la vez el que está siendo más castigado por la acelerada pérdida de ese “beneficio” en las cotizaciones. Es que además se ha normalizado el ritmo de cosecha del duro de invierno estadounidense, y la presión sobre las precios se hace sentir.

Desde luego el primer gran impacto de la noticia del ataque israelí a Irán y la respuesta posterior de la nación de los Ayatolás, lo recibió el petróleo, que en el caso del WTI trepó en pocos días de USD 60 a USD 75. Ahora, tras la intervención del presidente de Estados Unidos va terminando de devolver esas ganancias. Es la nave insignia de los commodities, y este retroceso pesa sobre todos ellos.
El mercado argentino atravesó toda esta historia casi sin enterarse. La única preocupación –muy razonable- se vincula con el final del recorte en los derechos de exportación, una anormalidad propia de nuestro país. Las fábricas se vieron apurando una notable cantidad de DJVE antes de la finalización del mes. La soja termina junio pagándose relativamente lo mismo de siempre, pero no menos cierto es que a partir del comienzo de julio valdrá menos.
En síntesis, el retorno a la aplicación de derechos de exportación más elevados encontrará a los granos de la gruesa insertos en un panorama global más frágil y con precios poco atractivos, incapaces de soportar semejante tributo.
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